Mi vida Después

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Vuelve a escena una obra que desde su estreno no deja de recorrer el mundo sorprendiendo con su propuesta. Este domingo, 25 de julio, vuelve a la escena porteña una obra que desde su estreno no deja de recorrer el mundo sorprendiéndolo con su propuesta. Mi vida Después fue estrenada en el Teatro Sarmiento en marzo del 2009 y actualmente se presenta los sábados a las 21hs en ?La Carpintería?, sala recientemente inaugurada.

Quizás sirva para orientarnos saber que este espectáculo trabaja con la premisa del teatro documental, reconstruyendo la juventud de los padres de seis actores, (Blas Arresse Igor, Liza Casullo, Carla Crespo, Vanina Falco, Pablo Lugones y Mariano Speratti) nacidos entre las décadas del ?70 y ?80, a partir de fotos, cintas, ropa usada, cartas, relatos y recuerdos borrados. Vivi Tellas es la precursora de este género en la Argentina y de un Ciclo llamado Biodrama en el Teatro Sarmiento producto del cual surgió esta obra. La directora y dramaturga del proyecto, Lola Arias, ya desde trabajos anteriores muestra su interés por explorar las fronteras entre la ficción y lo real, cuestionando también las categorías de personaje y abriendo la mirada hacia lo performático. Para ello utiliza distintos recursos tanto sonoros como visuales que colman la escena de imágenes muy potentes y diversas que se mantienen de principio a fin.

Comienza la obra, ropa de diferentes colores y texturas cayendo al centro del fondo del escenario, desde allí sale caminando la actriz y músico, Liza Casullo, con un jean sobre sus piernas se para frente al micrófono y empieza a hablar al público, en primera persona, de ella y de su madre. Luego la misma actriz toca la guitarra y canta en vivo; en otro momento, se coloca la ropa que podría haber sido de su madre, quien fuera periodista y conductora de un noticiero, y lee las noticias de la época como si fuera ella, mientras se proyecta sobre una pantalla una fotografía en donde su madre realiza esa acción.

Los actores se colocan la ropa que fue o podría haber sido de sus padres, un mameluco, una sotana, un traje, así como también colaboran en la re-escenificación o remake (como lo define la directora) de las escenas de vida de los padres de los otros actores. ¿Dónde nos paramos para mirar a estos seres que accionan en escena, a estos actores que se exponen ante nosotros? Para Mi vida Después, Lola Arias trabajó con la historia personal de cada actor, con hechos reales de la juventud de sus padres y el vínculo con la Historia Argentina de la décadas del ?70 y ?80. Esta obra es producto de un trabajo sobre el material que los propios actores aportaron y algunas preguntas que dieron un marco a esta búsqueda: ¿Quiénes eran mis padres cuando yo nací? o ¿Cuántas versiones existen sobre lo que pasó cuando aun no existía o era tan chico que ni recuerdo? Ese proceso no finaliza una vez comenzadas las funciones, hay datos, sucesos que se van actualizando: como cuando Vanina Falco explica que no puede saltar porque se lesionó en una función. En ese contacto, entre el aquí y ahora y el flujo con el pasado, reside su esencia: ser algo dinámico y cambiante.

Liza toma el rol de ?directora de cine? y dice algo así como: ?Mi película: El Exilio?; mientras detalla un guión técnico, otros dos actores (Blas Arrese Igor y Carla Crespo) toman el lugar de su madre y su padre y se colocan frente a la cámara siguiendo las instrucciones de ella. Mientras tanto, esto mismo se proyecta simultáneamente sobre una pantalla más pequeña sostenida por Pablo Lugones.

Lola Arias juega componiendo imágenes sonoras y visuales, generadas a partir de la utilización de diferentes recursos como: la música en vivo, coreografías y recursos multimediáticos como el video y la pantalla. Se permite desde incluir en escena la participación de un niño, (como ya hizo en otras obras) hasta poner a decidir a una tortuga sobre el futuro. Enviste a los objetos con un rol importante en todo la obra, funcionando a veces como documentos históricos, hilos conductores de las microhistorias o disparadores del recuerdo. Cuando se proyectan en la pantalla estos objetos personales o fotos familiares, cada uno narra algo de su padre o madre; algo similar ocurre cuando se colocan la vestimenta de sus padres o hacen las remakes a modo de coreografías, cada actor tiene su momento.

A partir de estas remakes y de otros recursos, como las líneas de tiempo (ellos se colocan frente a su año de nacimiento y luego cuando pronostican la fecha y la situación de su muerte), la obra se permite dialogar no solo con el pasado sino también con el futuro. Quizás habilitando la idea de teatro como un espacio de reflexión, nosotros nos podemos permite reflexionar sobre un momento crítico en la historia de nuestro país, sobre algunos de sus protagonistas, gracias a que la obra no impone una lectura preconcebida sobre los acontecimientos, desde la acción de los performers y desde la dramaturgia no se apela a lo sentimental o sentencioso. También podemos pensar que al indagar sobre la vida de sus padres a partir de recuerdos y objetos, al prestarles sus cuerpos, los actores o performers también se permiten reflexionar sobre ese pasado que los constituye y sobre el futuro que pueden construir.

Creo que uno de los atractivos de la obra es ese permiso que se toma de tocar un tema controversial, delicado y hacerlo hablar desde otra mirada completamente distinta a la que hicieron otros, no sé si mejor o peor, pero si distinta, arriesgada. Insertando esto en una propuesta novedosa, atractiva, heterogénea, que hace ruido y explota en color y texturas.

Publicado en Leedor el 24-07-2010