El espectador emancipado

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La sentencia “Aquel que ve no sabe ver” marca, desde la contratatapa de este libro, el camino hacia el pensar y repensar la relación entre el espectador y la imagen. Apenas 2 años después de ser publicado en su original, El espectador emancipado de Jacques Rancière se edita en Argentina a través de Editorial Manantial. Un libro que se vislumbra como imprescindible para entender una nueva mirada no sólo sobre el acto de mirar sino sobre las imágenes mismas: qué son y qué producen.

El filósofo francés describe un hecho que está dado como innegable y que es el lugar de independencia del espectador con respecto a la obra de arte. En ese caso, para él, producir una obra no es producir su efecto. Ni siquiera pensar su efecto. Hay un espectador, dice Rancière que está emancipado con respecto a esa relacion.

Fundamentalmente, su mirada recae sobre aquellas imágenes que puedan llegar a ser ?intolerables?. (Capítulo especial para explicar todo aquello que vuelve intolerable una imagen). Los ejemplos ilustran, complejizan, son suficientemente claros para abrir el juego: ?Bringing de war home: ballons?, fotografia de Martha Rosler las series de fotografias de Rineke Dijkstra, ?Portrait on Lewis Payne? de 1865, de Alexander Gardner, y más. Todas suficientemente analizadas en sus formas significantes y de significación.

¿Cómo una imagen se transforma en algo tan intolerablemente real como para ser una verdad sórdida, dice Rancière, que no muchos están dispuestos a ver? En todo caso, ¿cual es el efecto que produce esa intolerabilidad en el espectador, en términos políticos?¿apartar la mirada?, ¿cerrar los ojos?, ¿ser conscientes y producir un cambio?.

Es ahí cuando lo politico se torna en central en su discurso y cuando apela necesariamente a Guy Debord: ?En el espectáculo una parte del mundo se representa ante ante el mundo y le es superior. El espectáculo es simplemente el lenguaje común de esta separación. El espectáculo reúne lo separado pero lo reúne de forma separada? (La sociedad del espectáculo, Guy Debord, 1963)

La representación no es el acto de producir una forma visible, es el acto de dar un equivalente, cosa que la palabra hace tanto como la fotografía. La imagen no es el doble de una cosa. Es un juego complejo de relación entre lo visible y lo invisible. Lo invisible y la palabra, lo dicho y lo no dicho. No es la simple reproducción de lo que ha estado delante del fotógrafo o del cineasta es siempre una alteración que toma lugar en una cadaa de imágenes que a su vez la altera.

La complicidad del espectador con respecto a esa imagen ?como espectáculo? se da en el sólo hecho de mirar esa imagen. Cuando hay culpabilidad, dice Rancière, hay posibilidad de producir un cambio político.

Si en la imagen intolerable recurre al creador del situacionismo, en el capítulo dedicado a la imagen pensativa recurre a Roland Barthes y la lógica representativa del punctum y el Studium y a Hegel en Lecciones sobre la estética.

La representación no es el acto de producir una forma visible, es el acto de dar un equivalente, cosa que la palabra hace tanto como la fotografía. La imagen no es el doble de una cosa. Es un juego complejo de relación entre lo visible y lo invisible. Lo invisible y la palabra, lo dicho y lo no dicho. No es la simple reproducción de lo que ha estado delante del fotógrafo o del cineasta es siempre una alteración que toma lugar en una cadaa de imágenes que a su vez la altera.

Dentro de las teorías de la estética de la recepción este libro de Ranciere viene a confirmar muchos de sus conceptos, y en el contexto de esta primera década del siglo XXI que termina la lectura parece alcanzar una doble significación: puee haber una salida política en la mirada sobre la imagen. Riquísimo, por donde se lo mire, su alcance es inagotable y su lectura requerirá varios intentos,

Publicado en Leedor el 21-07-2010