Pirañas

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Una versión de la obra de David Mamet en una puesta enérgica cuyos actores juegan con oficio en el mundo de los trepadores.
La historia de los trepadores es tan antigua como la de la humanidad. Muchas ficciones se valen del conflicto del ascenso económico como disparador de reflexiones de más compromiso. Hombres y mujeres devienen de este modo en avaros capaces de ascender un escalón más o lograr una larga y acomodada vida en medio de subterfugios, conspiraciones o engaños.

De esto se trata Pirañas que, originalmente escrita por David Mamet y titulada Speed the plow, en EEUU cosechó mucho éxito y fue interpretada por Madonna, Kevin Spacey y Jeff Goldblum. La historia parece sencilla, Charlie Fox, encarnado por José María Muscari, es un discípulo muy bien aprendido del exitoso productor Daniel Gold, en la piel de Gerardo Romano. Charlie irrumpe en las oficinas de su mentor trayendo el negocio del año, tal vez de la década, puede conseguir al actor más taquillero del negocio del cine. Como en todo ejercicio que esconde ?el retorno? no lo hace por amor al séptimo arte sino por dinero. Pero como siempre aparece una mujer para desbaratarlo todo: la bella Karen, una secretaria temporal en la piel de Carolina Papaleo que, como caída del cielo, llega para hacer tambalear los sueños de Charlie. ¿Y entonces? La respuesta no se encuentra en esta nota.

La irrupción de ?lo femenino? en Pirañas, parece a priori la secuencia lógica de la vampirización de la mujer que en estos tiempos de cosificación, manipulación y siliconas ronda lo que algunos llaman farándula y que no es otra cosa que la microsociedad que re-presenta la vida. Si el productor y el director juegan uno de los juegos más fructíferos del planeta, es decir, hacer cine o cualquier otro espectáculo taquillero en una plaza que deja dinero, la lógica de éste se impone pero no como sueñan las miles de mujeres que se presentan a castings o rondan las oficinas y despachos de productores del show business. Si hay algo que Pirañas deja en claro es que al cruzar un río atestado de voraces predadores, el verdadero negocio es no ser engullido, no comerse al otro, pero ¿qué posibilidad queda si todos están ávidos? La lógica del más alto, del mejor, del más astuto. La lógica del de arriba.

Los tres actores juegan con gran oficio sus roles. Gerardo Romano es un aplomado Daniel Gold al que el traje y el papel le quedan pintados. Carolina Papaleo de gran química con el anterior, juega con sutileza su personaje y aporta la dosis exacta de femineidad sin caer es estereotipos de ningún orden. ?Su? Karen es orgánicamente sensual y su escena más jugada en torno del cuerpo, es agradecida por quienes se ven invadidos a diario por la oleada de centímetros cúbicos en que muchos quieren convertir a la mujer por estos días.

José María Muscari, compone un Charlie Fox genuino, confeccionado a mano con tics originales que pivotean entre la inocencia y la maldad y promueven la comicidad y la suspicacia. En dupla con Romano, la energía fluye natural y pareja sosteniéndose muy bien en una relación de necesariedad.

El diseño espacial es funcional a lo narrado y juega con la misma paleta de colores del vestuario permitiendo así que la luz haga el resto, claro-oscuros de la vida, del dinero, del sexo, del negocio que al igual que la música impone ritmo al subibaja del capital.

Marcelo Cosentino dirige con oficio a tres actores particulares que se dejan llevar y usan sus ?mamelucos? de trabajo al servicio de la puesta y no de sus narcisos.

Publicado en Leedor el 8-07-2010