La Pivellina

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La simple y sencilla felicidad de la infancia en el primer film de ficción de dos conocidos documentalistas. Imagen inicial: una mujer de mediana edad y furioso pelo rojo está buscando a Hércules. El susodicho es su perro, y dado que ese nombre es sinónimo de fuerza en la mitología, pareciera que lo que Patty (Patrizia Gerardi) busca es precisamente eso. Conllevará fuerza de carácter hacerse cargo de la situación a la que se ve enfrentada: no encuentra al perro pero sí a una niña abandonada en la hamaca de una plaza. ?Aia?, como dice llamarse la pequeña, interpretada por Asia Crippa, tiene consigo una nota donde la madre dice que volverá por ella en un tiempo.

Los directores, autores de dos films documentales previos ? Das ist alles (2001) y Babooska (2005)-, incursionan por primera vez en el cine ficcional, pero sin perder la impronta documental. Cámara en mano y planos cerrados, sonido natural sin música extradiegética, actores no profesionales, son elecciones estéticas para desarrollar el relato de esta relación entre una niña adorable y su familia temporaria.

Patty y Walter, encarnado por Walter Saabel, (pareja que ya actuó de sí misma en el film anterior del matrimonio Covi-Frimmel), conforman una dupla que ronda los sesenta años y trabaja en un circo de barrio en las afueras de Roma. Viven en una casa rodante, de manera muy modesta pero no indigente. Para cuidar a la niña interviene Tairo (Tairo Caroli), un adolescente que recupera su propia infancia con la llegada de ?la pivellina?.

Este costado menos glamoroso de Italia (incluso hasta el clima es inhóspito, lluvioso y nublado), está claramente alejado de la imagen for export de una Roma soleada y capitalista. Sin embargo no es una denuncia, sino la representación de una realidad. El film, que muy bien podría haberse tratado del abandono, de la pobreza y la marginación, se trata, muy por el contrario, del amparo y la riqueza del espíritu humano. El eje del relato es la felicidad en la infancia desde la sencillez y la sensibilidad.

Claramente en la búsqueda de este objetivo, los directores han apuntado en la dirección correcta porque el film viene cosechando premios desde su estreno: en Cannes, en Pesaro, en Kiev, en Valdivia, en Uruguay y también aquí, en Buenos Aires, en el BAFICI de este año ganó el premio UNICEF.

Publicado en Leedor el 7-07-2010