Dinero Heptalogía

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Gran trabajo que refuerza la poética ya consagrada de Levy-Daniel que en co-dirección con Clara Pizarro Pando, da como resultado una obra para ver y re pensar nuestro vínculo personal con dinero.El diccionario de la RAE define al dinero, entre otras acepciones, como moneda corriente y a ésta como un instrumento aceptado como unidad de cuenta, medida de valor o medio de pago. Karl Marx afirmaba que el dinero, en cuanto tiene la propiedad de comprarlo todo, de apropiarse de todos los objetos es, pues, el objeto por excelencia. Dinero, Heptalogía, la obra de Héctor Levy-Daniel no se anda con perífrasis, ni medias tintas, es la re-presentación del dinero y convierte lo representado y a los representantes del texto espectacular en objetos. Una persecución del metal que como el perro que intenta morderse la cola, gira en círculos inútiles en la búsqueda de un objeto de satisfacción que tiene la mezquindad esquiva de la zanahoria que se le coloca delante a un asno para que continúe andando.

Pero para que el anclaje textual tenga su correlato en el drama, la puesta excelentemente dirigida por Levy-Daniel y Clara Pizarro Pando, reproduce en una puesta en abismo, esa circulación del dinero que como un significante impregna las siete historias una de las cuales: Tía María, está fragmentada y emerge de a trozos durante toda la puesta mientras que las seis restantes alumbran, se desarrollan y finalizan de una sola vez.

Esa puesta en abismo se obtiene no sólo de representar una y otra vez la posibilidad o imposibilidad de conseguir ese valor de cambio, sino también en la recurrencia del tema, de su sinonimia absoluta o parcial, como así también de la intermitencia y repetición de las palabras y las cosas. Cuando las palabras no alcanzan para representar, aparecen las cosas. Así, los objetos, trastos y otros indicios de la puesta son re colocados una y otra vez, dependiendo de la historia a contar y los actores encargados de redimensionar el espacio, giran en círculos por el espacio escénico, circulan como circulará el dinero que los mueve, paraliza, prostituye o pone a prueba, pero en una brillante estrategia de dirección y puesta siempre estará omnipresente, gritando: nosotros también somos monedas de cambio, somos el objeto del objeto y ahí la puesta en abismo se concreta sólida y contundente.

El diseño de iluminación es efectivo al marcar los contraluces que simbióticos con situaciones y personajes, alumbran u oscurecen un estado de cosas siempre al borde de la desesperación, porque el dinero es esquivo, sino no habría relato, no sólo en la obra de Levy-Daniel, no habría relato del mundo desde que de manera mítica alguien vendió al Mesías por 30 monedas de plata. Desde ese primer relato fundacional de occidente, hasta hoy, la lógica del dinero ha motorizado las obras de grandes dramaturgos aunque de modos ulteriores o subyacentes.

La música de Vainicoff posee siempre la característica de amalgamarse de tal modo que forma parte acompañando lo narrado como un personaje más. El diseño de objetos del color de monedas doradas pero gastadas, sin brillo, es metáfora y metonimia del uso u abuso del metal y se encuentra a disposición de los personajes para que redimensionar el espacio escénico tenga dos funciones, por un lado hacer ?cómo que? todo cambia cuando sabemos que es imposible que ocurra. Así remozados trastos cumplen renovadas funciones en pos de una misma alegoría, la del dinero y por otro, esos objetos son los instrumentos con los que lo corporal, alcanza sutiles coreografías de la mano de Teresa Duggan. Los personajes dan un rodeo para volver a colocar el objeto del deseo en su lugar, giran y hasta danzan pero ese rodeo los ancla en el mismo significante siempre. Las actuaciones parejas al igual que el ritmo refrendan porqué Anahí Martella crece conforma pasa el tiempo y se luce como sus compañeros de aventura.

¿Es posible discutir el pago de un de un rescate? ¿Quién prueba a quién? ¿Qué seríamos capaces de entregar para ayudar al ser amado? Retórica pura que sólo se responde a solas o en debate luego de ver la puesta.

Abundancia, insolvencia, usura, entrega, punitorios forman una constelación semántica que hace de esta obra un gran trabajo que refuerza una poética ya consagrada como la de Levy-Daniel que en la dupla de dirección con Clara Pizarro Pando, da como resultado una obra para ver y re pensar no sólo nuestro vínculo personal con el llamado vil metal, sino en cómo éste degrada los vínculos o los fortalece, según la ética gobierne nuestro estar en el mundo. Dinero, Heptalogía reúne la novedad y lo arcaico en una mixtura para goce del espectador.

Publicado en Leedor el 267-06-2010