Silvia Gruner

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Un chant d´amour, diálogo con el film de Jean Genet, en un libro de RM Editores que contribuye a comprender por qué Gruner es hoy una de las artistas latinoamericanas más destacadas.Un chant d´amour
Silvia Gruner

José Luis Barrios / Irmgard Emmelhainz
RM Editores
Pasta dura
160 Páginas
65 Fotografías
20 x 25 cm
Diseñador Enrique Arellano
2008
En la Tienda de Leedor.com

Dos hombres separados por un muro, en sus pequeñas celdas, fuman juntos un solo cigarrillo a través de un pequeño agujero. Un canuto, pajita popote, los conecta y lleva el humo, ánima, nous, aliento, último contacto interpares donde el humo es como el travelling continuo.

A la inversa de lo que suele promover el capitalismo a través de la publicidad, donde fumar es el premio al coito (y a la comida), es luego de este rito que ellos se masturban. Un guardia los mira haciendo lo propio. En Gruner, tres personajes intercambiables porque son lo mismo. No hay jerarquías en la marginalidad, no hay construcción de diferencias donde no hay libertad.

Como en la novela Querelle de Brest que disparó a Fassbinder, así en Chant d´amour, la única película que dirigió Jean Genet (1950, 30 min), el juego homosexual permite una contundencia infinita de la máquina deseante, péndulo perfecto, a través de un mínimo resquicio y una mínima acción.

Gruner es una artista contemporánea, activa en el campo de la performance y la video performance, trabajando siempre desde el entramado audiovisual, especialmente en formato súper 8. Claro que también ha realizado instalaciones de objetos, teniendo su origen en la formación como escultora

Su obra está ligada a la problemática latinoamericana de la migración, la diferencia de género, la construcción de identidades y la relación historia/memoria. En este sentido podemos relacionarla con la abigarrada lista de mujeres que trabajan desde una estética neoconceptual, tensionando siempre la relación con el receptor, apuntando a destrabar o re-trabar constelaciones ideológicas puestas en juego, donde el cuerpo y sus representaciones inscriben la microfísica implacable y cotidiana, es espacio de lucha y recreación, desde Teresa Margolles a Graciela Sacco, de Tanya Bruguera a Paula Santiago, de Antonieta Sosa a Adriana Varejao. Y la lista puede seguir.

En este sentido el libro que nos ofrece RM, significa mucho para nuestra historia del arte. Porque, más allá de circunscribirse a una video instalación disparada a partir de una obra culminante aunque marginada del cine francés y de uno de los intelectuales más terribles del siglo XX, tiene el mérito de poner en el centro del estudio tres cuestiones específicas.

En primer lugar, la producción de artistas latinoamericanas mujeres (que comparte con el resto de la colección, de la cual ya hemos reseñado el referido a Teresa Margolles, y el de Graciela Itúrbide sobre el baño de Frida), apropiándose de una tradición, en lo más firme y elocuente de la línea antropofágica En segundo lugar, por el soporte, en tanto relación con la tecnología y apertura a las formas de lo videoperformático. No se trata de una remake de una película, se trata de una nueva forma de relectura de la imagen que implica una verdadera transformación genérica, en el pasaje del cine al videoarte y todo lo que implica (códigos y contextos de enunciación distintos, otro modelo de receptor, otro dispositivo de legitimación artística).

Y en tercer lugar, lo que permite la reflexión de Un chant d´amour con el libro de RM entre las manos, tiene que ver con la elaboración de un discurso ideológico sobre la producción de subjetividad específica en Latinoamérica, producción en la que todas las artistas mencionadas (y la lista sigue, repetimos), se engloban. No es una apropiación antropofágica sólo por el sabor mexicano/americano que pueda proponer la imagen. Es una apropiación en tanto se trata de una tipología espacial carísima a la realidad de nuestro continente: el ambiente de la marginalidad. Es una historia de deseos, sí, que crecen allí donde Eros se actualiza y se erige porque no existe Cáritas, donde no llega otra forma de amor, en el mundo rebalsado de las cárceles.

Quizás el pequeño agujero que trae el libro sea un señalamiento, como en la película y el video, de ese plus de lo vincular que implica la propuesta, sobre la que nos referimos siempre, como modo particular de decir, densidad cultural, competencia comunicativa, lugares donde la estética relacional es en el arte latinoamericano una estética vincular.

Silvia Gruner (1959) se ha formado en Bellas Artes en Betzalel Academy of Art and Design, Jerusalén. Posteriormente completa un master en Bellas Artes en el Massachusetts College of Art, en Boston.

Nota: Kekena Corvalán y Gabriela Felitto Muller dictan su curso sobre artistas mujeres en el Centro Cultural Rojas, a partir de agosto de 2010. Más información, aquí.