Cortázar siempre Cortázar

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El mar siempre recomenzando y Cortázar siempre volviendo. Ahora tenemos lo que siempre quisimos: una edición facsimilar de Ultimo Round. Pura curaduría creativa es su lectura.

ANTES DESPUES
como los juegos al llanto
como la sombra a la columna
el perfume dibuja el jazmín
el amante precede al amor
como la caricia a la mano
el amor sobrevive al amante
pero inevitablemente
aunque no haya huella ni presagio
Julio Cortázar, contratapa de Ultimo Round, RM Editores.

RM Editores ha producido y Cúspide Argentina distribuye. Son dos piezas fundamentales del escritor argentino Julio Cortázar (1914-1984): Ultimo Round (1968) y La Vuelta al Día en 80 Mundos (1967). ¿Cual es la novedad? Que se tratan de ediciones facsimilares.

En el caso de Ultimo Round, estamos casi en presencia de un libro de artista, que conforma un viraje literario que vuelve aliteración el soporte, reiterando lo que ya planteara desde el contenido: la fractura que propone Rayuela reemprende vuelo desde la forma. Porque el libro está partido en dos.

El camino recorrido en Rayuela (1963), en tanto sentido a construir, cuando menos, en dos opciones posibles (la lectura lineal y la que implica avanzar a los saltos según el modelo que propone el propio autor a comienzo del libro en el Tablero de Dirección), se vuelve física en Ultimo Round.

Literatura de anticipación: hipertexto y red, que nos dejan atrapadxs en mapas de lecturas que paradójicamente, nos liberan como lectores y nos ayudan a explotar sentidos en el aire, omo fuegos artificiales.

Así, es factible proponerse páginas armadas con el “libro de arriba” y el libro de abajo”. O el primer piso y la planta baja de un edificio delirante pero tan racional.

La edición que ofrece RM respeta lo planeado por Cortázar al momento de escribir el libro. La numeración y el índice, francamente un desafío. La tapa, con ese formato de diario y revoleo tipográfico, es la delicia de quien quiera sentir creativamente un libro, del occidente al oriente, del principio al fin… Parece que termina pero nos queda la contratapa…

El fragmento y los ecos dadaístas siguen siendo las constantes para leer esta obra, que no puede faltar en las bibliotecas que se precien de serlo. Además de la letra, la foto, el dibujo, el juego gráfico, la irracionalidad que todo lo ilumina…

El gato Teodoro Adorno, en la página 125 del primer piso, y su dibujo pausado como el de Matisse, va a las mil maravillas con País llamado Alechinsky de la 33 de la planta baja, dibujos del artista plástico incluidos. Y esta es solo una curaduría posible. Que cada quien, como en toda lectura de la historia del arte y sus relaciones, se apropie del mundo y arme la suya.