El juego favorito

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Considerada entre las diez mejores novelas canadienses del siglo XX, El juego favorito de Leonard Cohen tiene una reciente y digna edicion en español por Edhasa.El juego favorito
Leonard Cohen
(Edhasa, 2009 264 págs.)

?Los niños muestran sus cicatrices como medallas. Los amantes los usan como secretos a revelar. Una cicatriz es lo que ocurre cuando el mundo se hace carne.

Exhibir una herida, las orgullosas cicatrices de combate, es fácil. Mostrar un grano es difícil.?

Leonard Cohen es mundialmente conocido como poeta y cantante. Editó su primer disco en 1967 y aún con 75 años emprendió en 2009 una gira por Europa y Norteamérica que confirmó sus laureles bien ganados. Admirador de Bob Dylan, Cohen se dedicó a la música por una cadena de casualidades, ya que a principios de la década del ?60 luchaba por lograr un espacio en otro ambiente: el literario.

Su primer poemario, en lo que hoy llamaríamos una edición de autor, ?Let us compare mythologies?, había sido editado en 1956. El antecedente le sirvió a Cohen para entrar en los círculos universitarios y los cafés intelectuales de la época en Montreal, coronando esta primera etapa con otro volumen de poemas, ?Flowers for Hitler?.

Después llegaría el Cohen novelista. ?El juego favorito? (editada originalmente en 1964 en inglés, ?The favourite game?) sería su debut, al cual dos años después seguiría su última novela a la fecha, ?Beautiful Losers?. Luego, la explosión de su imagen de trovador canadiense, voz de la desesperación, terminaría por tapar ?y por momentos, dejar en el olvido? al escritor audaz y experimental. Sin embargo, se considera hoy que ?El juego favorito? es una de las diez mejores novelas canadienses del siglo XX, comparada a menudo con los trabajos de escritores como Sallinger o Camus. Sin embargo, tal vez sea una novela única, en tanto no pertenece a ningún género o corriente, si no que es más bien una obra de iniciación vital, como puede serlo la ?Barry Lyndon? de Stanley Kubrick en el cine.

Dice la contratapa: La adolescencia y la juventud de Lawrence Breavman, hijo único de una vieja familia de Montreal, están hechas de colores deslumbrantes y de repentinos momentos de zozobra y oscuridad. Atraviesa esa época de formación siempre un poco a destiempo, ligeramente desenfocado, acumulando sabiduría y desamparo. Su padre ha muerto y él no termina de entender bien cómo ni por qué; los juegos adultos del amor y la guerra con sus infinitas posibilidades de fantasía y crueldad, lo excitan y lo turban. Su vida cambia en la universidad, pero la intensidad con que vive no disminuye ni un instante. La ansiedad y el deseo tampoco.

Aquí el argumento es el personaje. El personaje se apellida Breavman, y su crecimiento contemplativo y evocador suele encontrar su espejo en el mundo de la seducción y las mujeres. El relato comienza con el chico que jugaba a la guerra con una amiga (a la que había que desnudar como método de tortura al enemigo) y en capítulos muy breves (la mayoría de una o dos páginas), transita su camino hasta la treintena de años, donde todavía el juego de la seducción sigue siendo el motor principal, y la incapacidad de encontrar una serenidad afectiva, un camino a una angustia libertaria. En el camino son examinados algunos momentos clave del siglo XX, al menos en Montreal, pero no momentos históricos, sino ráfagas del comportamiento social, como aquella primera generación ?de la que Breavman forma parte? que se rebelaría contra el mandato y la ética de sus padres.

El pensamiento de Breavman, muchas veces lírico, siempre lúcido, y a veces difícil de comprender como cualquier aparato de ideas ajeno, funciona como un cuadro cubista. Vemos un conjunto de imágenes descolocadas, cuyos fragmentos rompen la lógica habitual y esperable, y esta búsqueda de Cohen no es gratuita: nos transporta a un momento (en la vida, en el tiempo, en el espacio) en el que nada está muy claro. Refleja así la psicología del personaje, nos obliga a seguir su tren de pensamiento. Y las ideas son férreas, profundas en su intento por desprenderse de patrones que han sido invalidados, pero son también a la vez superficiales, porque Breavman oculta sus sentimientos detrás de un universo cerebral que termina siendo inconducente: el juego de la seducción, el juego de los cuerpos, el juego de la poesía como arma de destrucción masiva, todo eso funciona como refugio de una sociedad decadente, pero a la vez abre nuevas formas de malestar. Por eso el hilo narrativo tiene su músculo en los monólogos internos y la sucesión de eventos por analogía poética más que por concepción filosófica. Y sin embargo ?o justamente por eso?, está llena de incitaciones a la reflexión y al pensamiento del lector, que encontrará en los dilemas del protagonista un disparador constante.

?En lo que concierne a los cuerpos que Breavman perdió, ningún detective los encontrará. Los perdió cuando estaban en el ápice de su belleza. Son:

una rata
una rana
una muchacha dormida
un hombre en la montaña
la luna

Tú y yo tenemos cuerpos, por más que el tiempo y la memoria los haya mutilado. Breavman los perdió en un fuego donde persisten enteros y perfectos. Esa clase de perfección no es un consuelo para nadie. Tras quemarse muchas veces devienen desvaídas constelaciones que lo controlan al dar vueltas en su cielo.

Podría decirse que se los comió la zarza mosaica que todos llevamos en el corazón pero que a pocos nos importa encender.?

Publicado en Leedor el 3-06-2010