Marathon

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La puesta en escena de un texto brillante en una de las mejores obras del año: en el Cervantes.
Una maratón podría definirse, entre otras acepciones, como una competencia de resistencia. La Marathon de Ricardo Monti, espléndidamente llevada a escena por Villanueva Cosse, es un certamen de baile en el que seis parejas pugnan por un premio incierto. Corre el año 30?, es posible, todo es espectral y doce sujetos del desaliento danzan un bailoteo contingente y orillero como la ciudad en la que están anclados. Corren detrás de una recompensa dudosa, pero yo tengo para mí que bailan para no morir.

El dispositivo escénico significante da cuenta de un púlpito a la izquierda en donde un animador, siniestro y autoritario, en la piel de un maravilloso Pompeyo Audivert, arenga a seguir danzando. En el otro extremo un guardaespaldas, encarnado por brillante Montenegro, contiene, vigila y reprime cualquier acto de insubordinación, él es el límite y la perversidad conformando las dos caras de una moneda, en donde, locutor y esbirro reprimen a la vez que alientan a seguir bailando porque ?si esto no fuera un baile sería una tragedia?.

En el centro, las seis parejas danzan y re- presentan distintas instancias del dolor país, distintas decepciones que dan cuenta de cómo los mitos de la Patria grande se diluyen en medio de lo que no ha podido ser. La escenografía que acompaña toda la puesta, a cargo de Tito Egurza saca gran provecho de todos los signos. Y así en la duermevela de los que no pueden más, en esa inercia que lleva a las parejas a dar una vuelta y otra porque el premio es imprescindible, cualquier gesto está plenamente colmado de significado porque el texto sublime de Monti, del que Villanueva Cosse ha explotado cada sintagma, se impone siempre en las voces de esos personajes o proto personajes ya que ellos son hilachas, segmentos, restos que se consuman en una voz que exhala esa razón que los llevó a incluirse en semejante tarea de resistencia.

Cuando la pieza se estrenó en 1980, en los Teatros de San Telmo, dirigida por Jaime Kogan, una dictadura que aún no había decidido la guerra de Malvinas permitía asediar este texto y su puesta en escena como la realización escénica de alguno de los mitos fundacionales de la Argentina y su correlato destructivo en el devenir nacional. Hoy Marathon da a leer ese desaliento que no termina de decir basta y da una vuelta más en busca de una fisura por la que se filtre algo más que la oscuridad.

Así, la obra, significa sin cesar y varias veces los avatares de las vidas quebradas. Aquel poeta del fracaso, interpretado por un dúctil Pepe Novoa y de su secretaria, María Fiorentino, tan a tono que parece nacida para ese texto, completando las estrofas que no se dejan abrevar fuera de la boca de ?su? poeta. Tanto que cuando él ya no puede, ella es su voz.

Los anárquicos Tom Mix y Ana D., interpretados por Federico Barroso Lelouche e Irene Goldszer, respectivamente, parecen extrapolados de cada revuelta florida de la Nación para recalar en cada uno de los segmentos históricos que quisieron subvertir un estado de cosas y se abortaron, deshojados, retornando al orden hegemónico de siempre. Una prostituta necesaria para un hombre que se precie de tal, reclamando su dignidad, en una excelente composición de Iride Mockert, danzan junto a los que necesitan una casa y a los que precisan un hijo y de ese modo las hilachas, los retazos, el texto en trozos, los des-trozos tejen una red porque hogar e hijo, juntos o separados conforman mito, porque casa o hijo pueden ser patria. Así, las reflexiones de Verónica Cosse, que interpreta a la Sra. Expósito, exhiben la impotencia de no poder concebir y afincarse y el deseo de hacerlo cueste lo que cueste. Los pobres de la pareja 5, no obtendrán nada de lo que fueron a buscar. Su decepción es una marca de clase, que Luis Campos y Patricia Durán, alias ?los Vespucci?, narran con gran acierto.

La pareja de clase alta que llega más tarde y no tiene número ? a cargo de Lucía Rosso y Marcelo Fiorentino-, es también metáfora del arribismo y la ubicuidad de aquellos que con poder, se sienten salvo de rendir los exámenes que los ?numerados?, los comunes, los que como en un campo de exterminio con su número a cuestas para siempre, deben batallar para llegar.

El cansancio tiene traducción corporal, textual y sonora en la excelente música y coreografías de Carmen Ballero y Camila Villamil respectivamente, entonces así como el premio es incierto, el afuera también lo es y caer en la competencia es más probable que salir, cada instante es más arduo que el anterior.

Los vitrales que ofician de fondo se degradan en efectos lumínicos de gran eficacia en un gran trabajo de iluminación de J.L. Fioruccio. Afuera no parece haber ni neón ni sol, sólo decadencia o incertidumbre. Adentro se baila sobre el calzado derruido de otros que, cómo éstos, bailaron una danza de la nada. Los cadáveres hechos de suelas y cueros resquebrajados de los predecesores, se distribuyen y son sorteados por los cada vez más fatigados concursantes, que van cayendo en el sopor de una eternidad vacía, la peor promesa de infinitud que existe.

¿Pero se puede dejar el baile? ¿Adónde van a dar nuestros huesos cuando dejamos la milonga?

La plurisignificancia de este texto brillante de Monti, tendrá tantas provisiones de sentido como espectadores y tantos bailarines como habitantes espabilados tenga esta tierra, porque si hay algo certero es que no se puede dejar de bailar, para avisparse de esto, basta con ver Marathon o el elogio de la teatralidad, como usted prefiera.

Ficha Tecnica completa
Dirección General y Puesta en escena: Villanueva
Autor: Ricardo Monti
Intérpretes: Pompeyo Audivert, María Fiorentino, Pepe Novoa, Motenegro, Federico Barroso Lelouche, Irene Goldszer, Sebastián Richard, Verónica Cosse, Iván Moschner, Iride Mockert, Luis Campos, Patricia Durán, Lucía Rosso y Marcelo Florentino.
Coreografía: Camila Villamil.
Iluminación: José Luis Fiorruccio.
Vestuario: Daniela Taiana.
Escenografía: Tito Egurza.

Publicado en Leedor el 1-06-2010
Música: Carmen Ballero