Dioses

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Un retrato de la vida social en Perú que enfoca una clase alta desquiciada.En las playas de las afueras de Lima, dándole la espalda a cualquier síntoma político y social que los impugne, en propiedades que emulan Florida o Punta del Este, la vida de las mujeres y los jóvenes se sucede en la más absoluta inutilidad.

Una familia conformada por padre poderoso industrial, hija descerebrada y hermano obsesionado sexualmente con ella, ya forman de por sí un triángulo digno del mejor culebrón que se precie. Pero Dioses da una vuelta de tuerca en cuanto al tema de clase, apuntando a la moral desquiciada de las burquesías vernáculas, que en el caso de la historia argentina nos hace acordar profundamente al despilfarro y sordera de las políticas de los 90.

A este núcleo familiar se le agrega la nueva esposa del padre, una atractiva mujer mucho menor que reniega de su origen de clase y oculta a su familia (abuela, mujer de pollera, incluida) a los ojos del marido que intenta confirmar a toda costa. Las preocupaciones de este entente se centrarán en su propio olimpo. Los adolescentes de fiesta en fiesta, entre el coma etílico y la ausencia de responsabilidades. La joven esposa, por su parte, concentrada en aprender las pautas de ingreso a la nueva clase social: los nombres de plantas y las claves de la jardinería, la mitología griega y las teorías new age de autoponderación de gurúes del norte.

Frente a ellos, las empleadas domésticas trabajan, hablan en lenguas originarias y comentan la flojera de sus patrones, focalizando el esudio como modo de superar esa situación. Aquí encontramos la actuación de la particular actriz que luego protagonizará La teta asustada, Magaly Sollier.

Más allá del vuelo cinematográfico que pueda tener la película, es destacable que se estrenen producciones de directores peruanos jóvenes, y da mucho gusto poder ver otras imágenes, como estas que transcurren en parajes y capitales latinoamericanas, algo muy inusual en os circuitos cooptados por los filmes de hechura hollywood.

Dioses es la segunda película de Josué Méndez, (Días de Santiago, 2004), y conforma una coproducción interesante surgida entre Perú, Argentina, Alemania y Francia y realizada a partir de Cinefondation, el programa de estímulo del Festival de Cannes.

Publicado en Leedor el 27-05-2010