Grieta de fatiga

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Estos 15 cuentos cortos reunidos por el mexicano Fabio Morábito son de una maestría absoluta. ¿Cómo es posible que este autor sea virtualmente desconocido en la Argentina?.Grieta de fatiga
Fabio Morábito
(Eterna Cadencia Editora, 2009, 192 págs).

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Apenas se empieza a leer ?Grieta de fatiga? es inevitable volver a la solapa, releer las obras previas del autor, consultar su edad y preguntarse: ¿cómo es posible que este autor sea virtualmente desconocido en la Argentina? Morábito es uno de esos secretos literarios bien guardados (aquí, porque en México, que es su país por adopción ?nació en Egipto y fue criado en Italia- es una suerte de celebridad literaria de primer orden) que una vez descubiertos se transforman en pilares de cualquier biblioteca.

?Grieta de fatiga? es una colección de quince cuentos, generalmente cortos: el autor hace de la economía de la palabra una de sus grandes virtudes. Cada palabra cuenta, cada construcción es irreprochable, fluye con su propia identidad literaria, y Morábito le da rienda suelta a una imaginación con voz propia, que casi nunca elige los caminos habituales.

En el cuento ?Huellas?, que abre el libro, un hombre se obsesiona con el significado del rastro de unas pisadas sobre la arena. Primero piensa que se trata de una pareja, luego de tres personas, más tarde concluye que uno de los tres está siendo llevado contra su voluntad? En ?El gesto?, una familia muy numerosa es el marco aplastante para el descubrimiento de una señal de individualidad por uno de los hijos, señal que quiere mantener suya, a salvo de esa abrumadora despersonalización que persigue a todos los miembros. En ?Las correcciones? un corrector literario visita a la mujer de un escritor prestigioso para presentar el manuscrito con las consabidas correcciones, pero la situación comienza a alejarse de lo esperable con cada línea que leen. Y así desfilan por el libro una serie de historia memorables: dos escritores amantes que se encuentran en un hotel cada quince días con la excusa de aislarse para escribir; un matrimonio que no puede tener hijos, que apuesta todo a un nuevo método que consiste en ver cosas bellas para poder llevar a cabo el embarazo; dos hermanas cuya relación a la distancia se mantiene por una serie de crucigramas que se envían por correo; un hombre que desespera ante un diccionario cuyas definiciones son siempre más enigmáticas e indescifrables que la palabra original; un guerrero griego que va encerrado dentro del caballo de Troya y duda sobre su participación en el ataque inminente; dos caballeros de otros tiempos, que se baten a duelo de espada, pero encuentran una serie de infortunios que continuamente evitan el desenlace del combate.

Los argumentos son siempre atrapantes, los personajes, misteriosos, y la constante, estemos leyendo sobre Troya o sobre las infidelidades de una pareja del siglo XXI, es la maestría de la pluma del autor, que nos atrapa con argumentos complejos sin ningún aire de elitismo académico: Morábito escribe de forma sencilla, con una prosa trabajada y depurada de un modo que nos puede remitir a aquel Borges de ?El Aleph?, y la comparación no es ociosa. A medida que avanzaba por los cuentos que componen este libro se me hacía imposible no relacionar ambos libros, lo que no es un dato menor. Al igual que Borges, Morábito reúne historias que transcurren en la antigüedad con otras ancladas en el presente, y como Borges, evita cualquier tendencia barroca en la escritura. Como sucede con Borges, Morábito propone en cada cuento un pacto de complicidad al lector: basta leer la primera carilla de cada cuento para ser absorbidos a un mundo de intensidades, de misterios, de tensiones y máscaras, en el que se sugiere un argumento y luego un camino novedoso hacia un final inesperado.

Éste es el segundo volumen de cuentos que Eterna Cadencia Editora publica del autor en la Argentina. El otro, ?La lenta furia? será sin dudas nuestro próximo polo de atracción magnética en cualquier librería que pisemos, porque la prosa del Morábito es adictiva, su universo se configura de tal modo que una vez que nos hemos acomodado a él, resulta extremadamente difícil darle cierre. Y es por eso que cuando damos la vuelta a la última página de ?Grieta de fatiga? comprendemos que pocas veces un volumen de cuentos nos ha sometido a una montaña rusa de extrañamientos, tensiones y misterios, que son a la vez tan humanos y oblicuamente reconocibles.

No sería exagerado decir que con sólo leer ?Grieta de fatiga? se está en condiciones de asumir que Fabio Morábito es probablemente uno de los mejores cuentistas de habla hispana de estos tiempos. Ahora sólo es cuestión de esperar a que su nombre alcance aquí las proporciones que su talento ya ha alcanzado en su prosa.