Serán otros los ruidos

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Cada etapa posible de los amantes carga con la impronta de su tiempo, de un contexto minado y revestido de estruendos.
SINOPSIS (es de la Gacetilla)

Un hombre, una mujer.

Tres épocas y un epílogo.

Afuera hay todo un mundo que amenaza. Adentro ellos, con sus miedos.

Sus deseos, sus utopías, sus ilusiones.

Y también con sus íntimas amenazas.

Y las amenazas hacen ruidos. Y sus propias almas hacen ruidos.

Algún día ellos serán otros y en un retorno cíclico, también serán otros los ruidos.

Tres son las épocas en las que un hombre y una mujer se encuentran. Tres son los modos de relación surgida. Cada etapa posible de los amantes carga con la impronta de su tiempo, de un contexto minado y revestido de estruendos.

Serán otros los ruidos, del grupo Los celebrantes, dirigida por Vivian Luz y con puesta en escena de Daniel Marcove, resuelve brillantemente el interrogante acerca de cómo representar lo acaecido históricamente sin caer en truncos motivos icónicos. Mediante músicas que resuenan a cada época, documentales proyectados sobre soportes fragmentados y el discurso de los protagonistas -que recorre los campos de la parodia, el sentimentalismo y la crudeza de la palabra-, se alude a los diferentes estratos temporales, delineados y contenidos en tres bloques: el estallido de la Segunda Guerra Mundial, el Proceso en la Argentina, los albores del siglo XXI marcado por los gritos de la tierra. Cada ámbito invade en la relación de los amantes, movilizándolos y generando una unión a la vez temporal y extemporánea.

Entre él y ella aflora un vínculo unido por el juego, la pasión, la conmoción, la utopía, la burla, los truenos de la historia y la muerte. Nace un mundo interno compartido que en cada escenario (del ´40, del ´70 y del nuevo milenio), sufre los choques inherentes a su sociedad, mientras se esboza el péndulo entre lo propio y lo colectivo, lo ficticio y lo real. Se configura entonces, a modo de eterno retorno, una suerte de entramado en el que se proyecta hasta qué punto la reciente historia del hombre llega a desviar y castrar su accionar.

Son entonces tres las historias que se cuentan, a las que se suma un epílogo esperanzador, en el que se construye un renacer desde el fondo. Liberados, o mejor, habiendo asumido a la distancia el peso de la historia, es que ellos pueden encontrarse desde un lugar ?otro?. Desde el lejano rincón lateral del fondo de la planta escénica, despiertan.

Es remarcable el trabajo a lo largo de la obra en torno a la planta, recorrida por los intérpretes en su totalidad y mediante un óptimo uso de los recursos escénicos, cada espacio y tiempo cobra su propio vigor. El nexo entre los estratos se establece mediante las telas blancas colgadas de cuerdas que cruzan el escenario en distintas profundidades, permitiendo configurar lo que podría ser una terraza desde donde los amantes observan y sufren el acontecer de su medio. Estas telas van resignificándose a medida que los intérpretes las manipulan. Son pues: sábanas, cortinas, paredes, pantallas, filtros, vestimentas, un embarazo. Es interesante mencionar en función de la poética de la directora, el rol que cumple la resemantización de los objetos, recurso base de su anterior obra La metamorfosis, el cambio final donde las cajas marrones que plagaban el espacio y construían el universo de Gregorio (Carlo Argento), iban mutando según el uso que el protagonista les daba.

A partir de estas telas, las imágenes encuentran su soporte: pantallas fragmentadas y movilizadas por los intérpretes donde las imágenes se conforman (y deforman). Un ensamblaje lírico que genera distintas visiones de una misma imagen, sostenido por la música original de Cristóbal Barcesat.

El trabajo del actor Carlo Argento y la bailarina Laura Wigutow es magnífico. Cuerpo, palabra y movimiento se enlazan creando atmósferas que viran entre la sutileza y la expresividad extrema.

Serán otros los ruidos no sólo es una puesta en visión del modo en que el hombre inscribe eternos retrocesos al evadir el aprendizaje de su pasado, sino una apuesta a su interioridad y su amor hacia el prójimo como posibilidad de salvación. Pero más aún, es una verdadera obra de arte en la que la fusión de la música, las imágenes, la danza y el teatro hace a un todo poético y cautivador.

Publicado en Leedor el 13-05-2010