Theatrum Mundi Carlos Gallardo

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Cuatro series fotográficas de Carlos Gallardo en el MALBA hasta el 5 de julio que dan cuenta de varias modalidades de trabajo del artista.
Theatrum Mundi

Carlos Gallardo comenzó su carrera como diseñador gráfico y diagramador, disciplinas en las que logró un importante desarrollo. En esa misma época se dedicaba también al dibujo y la pintura. En 1984 ganó la Bienal de Diseño de Buenos Aires y decidió dejar el diseño gráfico y dedicarse a la plástica, que le permitía hacer un ejercicio de libertad más fuerte. Paralelamente comenzó a trabajar en 1985 en instalaciones escénicas y diseño de vestuario para los grupos de danza contemporánea dirigidos por su pareja, Mauricio Wainrot. Para Gallardo ?ser artista incluye todo?.

Resulta sumamente interesante en el caso de un artista interdisciplinario como Gallardo la diversidad estética de su producción entre una disciplina y otra.

Su producción como artista visual pasó por muchas etapas: acrílico sobre tela, objetos encontrados, cartas, mecanismos variados, calendarios, resortes, instalaciones, fotografía y, en ocasiones, la palabra como recurso. Su obra, a lo largo del cambio de medios de expresión, fue volviéndose cada vez más conceptual. Otra característica sumamente importante de su obra es la percepción de la materialidad de los objetos. A través de lo que Gallardo llamó ?arqueología contemporánea? fue recolectando objetos en desuso que desarmaba o modificaba en la creación de sus obras.

Gallardo fue nombrado como ?artista eminentemente filosófico? por Léo Rosshandler, porque su pensamiento se puede leer en sus obras y porque éstas pretenden plantear interrogantes fundamentales, aquellas que han acompañado a los filósofos desde los orígenes, y a las cuales la obra de Gallardo nos convoca nuevamente. Además de la referencia filosófica, Gallardo también apeló a la palabra poética de Olga Orozco y Hugo Mujica. En las propias palabras del artista: ?La temática fue la misma de toda mi obra, la misma que sustenta toda mi obra: el no olvido, los espacios reflexivos, las huellas, los trazos, una necesidad de que ciertos interrogantes no mueran, no dejen de existir?.1

Tiempo y memoria

La fotografía desempeña un rol fundamental en la obra de Gallardo: herramienta del siglo XIX cuyo espíritu documental que descansa en la preservación de un instante y que fue adquiriendo a lo largo del siglo XX un cariz artístico de infinitas posibilidades expresivas. Para un artista cuya obra se desarrolla como una reflexión-indagación acerca del tiempo, la fotografía constituye un modo de expresión esencial.

En el contexto del arte conceptual, la fotografía puede funcionar como documentación o bien puede insertarse como un componente dentro de la estructura de la obra. Su función puramente documental se interrumpe en el momento en que empieza a funcionar más como un signo con un referente no relacionado a su papel iconográfico2. Hay un desplazamiento en la fotografía hacia la inmanencia de la idea de un artista.

Las cuatro series que se presentan en la muestra evidencian cómo la fotografía se fue volviendo autónoma en la obra de Gallardo y dan cuenta de varias modalidades de trabajo del artista.

Las tres primeras series ? Vestigio (Errancias), Theatrum mundi y Erratum ? tienen como escenario el viejo puerto de Amberes, lugar que el artista visitaba frecuentemente debido a su proximidad con la sede del Ballet Real de Flandes, donde trabajaba junto a Wainrot.

La serie Vestigio (Errancias) (2007-2008) está compuesta por copias de gran tamaño en las que la particular mirada del artista se devela en primeros planos que reproducen elementos del puerto a escala monumental. También componen la serie close-ups de objetos que exhiben las marcas del paso del tiempo y denotan un estado de semiabandono. El acercamiento a los objetos revela una nostalgia por una actividad que fue, y de la cual los elementos fotografiados fueron testigo.

Estos objetos, en su silencio, cargan con el testimonio de otros tiempos. Monumentos involuntarios de un pasado que los tuvo como protagonistas y en los que Gallardo rescata los vestigios de la memoria.

En Theatrum mundi (2007-2008) y Erratum (2008) las tomas son similares a las de Vestigio, pero las copias son de menor tamaño y el artista las interviene sutilmente con elementos como muñequitos pequeños y la palabra, respectivamente.

Los pequeños muñequitos de Theatrum mundi se hallan situados sobre las copias en diversas actitudes: caminando, nadando, en reposo, paseando; y a través de esta yuxtaposición Gallardo cambia el signo de la imagen original. Una cuerda, que puede haber sido la amarra de algún barco, es ahora el lugar en que un muñequito se halla sentado y otro camina haciendo equilibrio; la cuerda se transforma en el filo por el que camina el ser humano, entre la existencia y el abismo. La inclusión de los muñequitos resignifica tomas que de otro modo hubiesen sido miradas sobre el paisaje urbano y nos coloca ante esa idea existencialista de que el ser humano fue lanzado a la existencia.

Estos pequeños muñequitos se desenvuelven en un espacio que les es enorme. Las obras de la serie Theatrum mundi son como un microcosmos de nuestra propia realidad, unos seres pequeñitos deambulando en un universo inconmensurable que ocasionalmente se encuentran unos con otros. Estas obras nos colocan frente a la angustia de la existencia y la soledad de la condición humana.

En Erratum Gallardo trabajó series de tres, cuatro y cinco fotografías las cuales superpuso versos poéticos de Hugo Mujica, y que en algunos casos se hallan reordenados de acuerdo a la narración planteada por las fotos. La elección de las frases confirma una relación entre la palabra y la imagen fotográfica.

La serie (Destiempos) (2008) da cuenta de otra modalidad de trabajo de Gallardo. Para esta serie construyó las escenas con diversos elementos y en distintas escalas. Cajas de baquelita con los meses y días del año impresos, sellos provenientes de los restos del antiguo Correo Central de Buenos Aires y engranajes de relojería componen los escenarios. Pequeños muñequitos de colores en variadas actitudes, casi todas amables, son los personajes que se ubican en estos escenarios.

Las escenas y los muñequitos de (Destiempos) fueron fotografiados con lentes macro, de modo que podemos ver los detalles y la materialidad de los mismos. La cercanía con estos muñequitos nos deja ver su artificialidad, son genéricos, con expresiones amables congeladas en un tiempo que no necesariamente se corresponde con el que sugiere el escenario en el que se hallan insertos.

Gallardo construyó los escenarios con elementos utilizados para la medición del tiempo: engranajes de relojes, relieves de los meses y días del año. Los muñequitos parecieran marcar un contraste en la percepción temporal: se hallan congelados en un instante y una expresión que da la sensación de ser ajena al tiempo. Sin embargo todos los dispositivos de medición del tiempo nos recuerdan a nosotros, espectadores, la inexorabilidad del tiempo y la fugacidad de la existencia. Desde un punto de vista muy subjetivo, la obras de esta serie podrían aparecer como ?memento mori? del siglo XX.

Kronos (2007) es una serie sumamente despojada, en la que han quedado mínimas señales: las cifras de los días impresas sobre papel, resortes, cuentas de vidrio. La sucesión de los días impresa sobre el papel como números ubicados a igual distancia dice algo acerca del carácter del tiempo: implacable, pero imparcial. Algunos muñequitos y poemas de Hugo Mujica aportan la dimensión humana a la problemática del tiempo. Probablemente la austeridad de esta serie contribuya a hacerla más contundente en su planteo.

Sin lugar a dudas, Gallardo logró anclar en su obra esos interrogantes que para él no debían dejar de existir.

1 Carlos Gallardo, citado en Ramón Castillo, ?Señales de un cazador-recolector?, en Carlos Gallardo ? Kronos (cat. exp.), Santiago de Chile, Buenos Aires, Washington, 2002

2 Robert C. Morgan, Del arte a la idea. Ensayos sobre el arte conceptual, Madrid, Akal, 2003

Publicado en Leedor el 9-05-2010