El mercado literario

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Analizamos algunas señales sobre el fenómeno de mercado que resulta la Feria del Libro y los límites para las producciones literarias.
FERIA DEL LIBRO: ¿El mercado manda?

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Fenómeno de Mercado y Lugar de exhibición de límites.

Decía Borges en 1930 que ?la literatura es un arte que sabe profetizar aquel tiempo en que habrá enmudecido, y encarnizarse con la propia virtud y enamorarse de la propia disolución y cortejar su fin?. Setenta y seis años después, en ?Deslindes?, Claudia Kosak afirma que se hace patente hay un arte que ?comienza a hacerse ausente, lejano o al menos borroso, cuando pierde sus contornos precisos?, ese objeto es la propia literatura, que fue borrando sus límites.

Cuando examinamos el panorama narrativo de fines de los años 90 parece evidente que existe una imposibilidad o encrucijada en el campo de la literatura. Han pasado diez años y la figura de Borges, sigue organizando el sistema literario nacional. Hacía 1999, ?el centenario? de su nacimiento, seguirá poniendo en jaque la pregunta ¿Cómo salir de Borges? ¿Qué escribir después de él?, etc. Pero esa pregunta lleva implícita dos cuestiones: la primera es la preeminencia del canon, Borges es el canon mismo y el canon ?contiene también, como el imperio, un principio de dominación, porque es la cima de una escala lineal y jerárquica, una cima de cumbres, en relación con las que se miden todos los productos de una misma especie?, afirma Josefina Ludmer. Y la segunda está vinculada al cambio en las categorías de literatura, de autor y de obra. Así, desde hace tiempo la literatura dejó de ser una galería de autores consagrados, autónomos y orgánicos para pasar a ser una red, un sistema de textos interconectados donde la estrella es la multiplicidad y no el principio de dominación.

Disolver la unidad de autonomía textual, leer en consonancia con otros discursos y haciendo otras conexiones, puede ser un modo de pensar ese después.

No obstante, la aparición de nuevas voces que, más allá de la angustia de las influencias, buscan entablar otras relaciones con el mercado o fuera de él, aparecen en el panorama literario. Así, habría una divisoria de aguas que indica por un lado la existencia de una literatura hecha por y para el mercado y otra que corre secretamente y de tanto en tanto se filtra por sus fisuras. En otras palabras, podríamos leer el intento de construcción de un nuevo canon, que por fuera de la industria cultural, enarbola una literatura hecha en un ?entre nos?, cuando el resto, parece ser sólo el vínculo de los advenedizos emparentados con la Mass Media. ¿La Feria da cuenta de este fenómeno?

Se podría pensar en un paradigma que asimila el caos cultural que generó el capitalismo y que Adorno y Horkheimer desmienten -por tratarse de un sistema que erosiona las identidades hasta homologarlo todo y hacerlo masivo- y la desaparición de Borges como bisagra en el modo de producción de la literatura argentina.

Resulta casi imposible no observar la agudización que, hacia los años noventa sufrió la sociedad argentina por la profundización de políticas neoliberales que trataron de convertir casi todo en mercado y terminaron convirtiendo casi todo en exclusión.

En este contexto de producción aparece el llamado boom de la novela histórica y el interrogante que nos planteamos es si toda la producción asignada a ese género es sólo un fenómeno de mercado, ya que es posible que el mercado sea un límite del arte y de la literatura, toda vez que dentro de ella coexisten productos tan disímiles como ?Don José? de J. García Hamilton y ?El secreto y las voces? de Carlos Gamerro o ?Maluco, la novela de los descubridores? extraordinaria novela paródica del uruguayo Napoleón Baccino y también Finisterre de María Roso Lojo y detengo aquí la enumeración con el objeto de no armar otro canon, tentación ineluctable de los merodeadores de literatura.

De esa constelación de obras escritas respetando los supuestos estéticos ya probados y los tipos textuales en boga y que teóricamente adolecen del riesgo de la experimentación formal, sería temerario afirmar que por su distribución en los estantes de las librerías, sus modos de estar ubicadas entre los ranking de ?más vendidos?, están sólo dirigidas a la cultura de masas que son su destinatario por antonomasia. No sería serio considerar el que ?para todos hay algo previsto? enunciado por los autores de la Dialéctica del Iluminismo, como única razón de su existencia, sin considerar el contexto de producción en que estas obras han visto la luz.

La producción de novela histórica no es un mero hecho del mercado nacional, durante los años noventa esta especie literaria fue pródiga en varias latitudes. En el caso argentino y latinoamericano deberíamos pensar en un después del miedo, que promovió tipos textuales que encarnan los años de plomo en estas regiones. Novelas como ?Estrella distante? de Roberto Bolaño o la ya mencionada de C. Gamerro se encargan de narrar el horror, el miedo y lo indecible de las dictaduras latinoamericanas. Pensar estos textos inmersos sólo en los designios de la de la industria cultural resulta casi maniqueo y negador de la autonomía del arte que muchos pregonan como fenecida. ¿En la Feria es fácil encontrar estos textos o tropezamos todo el tiempo con seudoinvestigaciones que tratan de novelar situaciones históricas recientes?

Si bien es cierto que desde la década del sesenta proliferaron los discursos de la memoria, sea por los movimientos sociales que buscaban una alternativa revisionista o porque el Holocausto fue el gran fracaso de la modernidad y del proyecto de la Ilustración, es no menos cierto que nuestra región piensa el genocidio judío también como paradigma del propio y de otros que tuvieron lugar en el siglo XX. Así, la interrogación del pasado, la fiebre museística y la no menos agobiante sospecha del futuro cada vez más incierto, vuelven el rostro hacía el único lugar certero: lo pretérito. Parecería que fijar, precisar, narrar y /o ficcionalizar lo que efectivamente puede haber ocurrido fuera un conjuro eficaz para paliar la agresividad de la cultura de imagen que con su rapidez mortifica la percepción e impacta desvaneciendo todo lo sólido en el aire. Pensar a toda la producción textual como ?más de los mismo?, nomenclando: relatos de hombres casados, más ficciones escritas por mujeres que antes no escribieron (arriesgado juicio de género y clase), más temas escandalosos, etc., y novela histórica pretende hacer entrar forzadamente todo lo que no es el canon en una matriz pequeña.

Sería, al fin y al cabo, como susurrar mucho tiempo después lo mismo que dicen Adorno y Horkheimer, o sea, no poder abjurar de la clase a la que se pertenece y además dejar de considerar el impacto de los medios masivos en la democratización de la sociedad moderna con su consiguiente marca en el modo en que se hacen visibles ciertos manejos y horrores del poder.

Establecer una frontera entre textos que parecen hechos a medida del mercado y textos que reflexionan sobre su propia hechura o discuten a sus predecesores resulta un poco resbaladizo, salvo que nos dirijamos exclusivamente hacia a la Academia.

La función del intelectual, según Gramsci, no debería ser asegurarse el consentimiento pasivo, sino más bien una actitud activa de las clases dominadas frente al rumbo que la clase dominante le imprime a la sociedad. A tal punto, que lo deseable sería que las clases históricamente sujetas a dominación produjeran sus propios intelectuales orgánicos, capaces de aspirar de un modo realista a ocupar lugares de dirección en la sociedad.

Las dicotomías ?alto-bajo?, culto-popular?, ?hegemónico-subalterno?, subyacen en forma permanente a la hechura de lo estético porque se apoyan justamente en una exclusión, el pobre de clase queda afuera, para él serán las películas o los libros considerados ?menores?. La superación de esas dicotomías, el arribo a una síntesis, debería ser un movimiento permanente del devenir y no el dato sugestivo del momento del carnaval (bajtinianamente hablando) que muestra la puesta en jaque de un sistema pero que subvierte valores y estamentos para volver a barajar, quedando arriba la hegemonía burguesa y por debajo los desposeídos. ¿La Feria reproduce esta pirámide?

Ahora bien, esta reflexión sobre lo que ocurría a fines de los 90? en el campo literario nacional, no tiene mucha diferencia con lo que ocurre hoy. El mercado lo ha capturado todo y es posible que a despecho de su voluntad, ninguna esfera del arte quede afuera, encontrando en él su mecenas y también su límite.

El mercado puede ser un límite para la literatura y el arte todo pero es cierto que hay otros, creo que el más problemático sigue siendo es cómo narrar el horror. Lo indecible, lo inefable. Aquí debo establecer un punto de inflexión. Me referí al principio de estas reflexiones a una literatura que emerge y tiene como condición de posibilidad ese después del miedo, tipos textuales que dan a leer de modo oblicuo, ciertas heridas históricas que siguen sin cicatrizar. Pero al referirme al modo oblicuo, trato de entender y de de echar cierta luz sobre las posibilidades de la literatura de re-presentar lo inenarrable.

Cuando se revisan ciertas ficciones literarias en torno a cuestiones de representación del Holocausto por ejemplo, es conocida la frase de Adorno en la que manifiesta que éste ha sido el fracaso de la modernidad y que después de él ya no se puede escribir poesía. No sería caprichoso vincular aquí el trabajo de Walter Benjamín ?el narrador? en el que el teórico del arte observa que los recién llegados de la guerra han enmudecido.

Porque la experiencia de horror, se vuelve intraducible y si bien la literatura se ha empeñado en narrarla, el horror no puede ser narrado con los preceptos del cualquier modo de realismo. Y cuando el arte calla, no es que no denuncie sino que tal vez la verdadera denuncia sea ese límite que lo hace enmudecer. Novelas como ?Morirás lejos? del mexicano José Emilio Pacheco, reciente y merecido Premio Cervantes de Literatura, experimentan la posibilidad de narrar el Holocausto, usando materiales heteróclitos, ficción e historia. ?Amphitryon? del también mexicano Ignacio Padilla ganador del premio Juan Rulfo 2008, bajo la aparente trama de un policial de identidades cambiadas, indaga sustituciones de personalidad surgidas en una partida de ajedrez hasta llegar al momento exacto en que Adolf Eichmann, Coronel del III Reich es apresado en Argentina. ?2666? de Roberto Bolaño indaga y saca a la luz los feminicidios de Ciudad Juárez, México. Estos textos por nombrar sólo algunos, narran esas catástrofes extremas de modo transversal, ya que no hay modo de narrar esa experiencia. Tal vez volver a mirar el Guernica puede alumbrarnos a la hora de pensar la representación de la barbarie. Una quimera es adquirir estos textos en la Feria.

Sin embargo, hay muchos tipos textuales del presente que trasvasan límites y su lectura renueva la pregunta que hace dos siglos se hacían los literatos al enfrentar epístolas o biografías ¿es esto literatura?

Estas escrituras plasmadas en blogs, en graffitis callejeros, tienen según Josefina Ludmer, una actitud diaspórica, están afuera de la literatura pero de algún modo atrapadas dentro de ella. Aparecen como literatura, tienen forma de libro, se venden en internet, en librerías, sus autores tienen gran visibilidad como Daniel Link, profesor, investigador y escritor que en ?Montserrat? lleva adelante esta experiencia, pero por el modo de circulación y aunque se denominen novela, como bien señala Ludmer, se sitúan en un momento en la autonomía del arte parece haber llegado a su fin, entonces no se dejan leer estéticamente. Esto tipos textuales hacen caer la noción de autor, estilo, sentido y por lo tanto es complicado darles un valor literario ya que su propia indecibilidad sobre si son o no literatura traslada la hermenéutica del sentido del texto a otorgar sentido a su ambivalencia: ¿son o no textos literarios? Esta post autonomía de los textos es propia del presente y deben ser leídas como tales.

Así regresamos al tema del mercado ya que estás literaturas anclan su hechura en el hecho de considerar que todo es cultura y que todo lo cultural es económico. Pareciera que hemos arribado al punto en que los límites de la literatura tal como fue concebida con su autonomía, con sus propias instituciones, de enseñanza, crítica, academias, etc., que debatía su función y su relación con otras esferas del arte y de la economía y la política han caído para siempre. ¿La Feria exhibe este estado de cosas?

En muchas de estas escrituras del presente se puede observar el proceso de pérdida de la autonomía literaria, se terminan además las divisiones entre tradición o vanguardia, nacional o cosmopolita, comprometida o social, rural o urbana, etc. Ya que su indecibilidad para determinar si son ficción o realidad las deja a la intemperie de las divisiones que sólo podían funcionar en una literatura concebida como esfera autónoma o como campo, diría Bourdieu, eso diferenciaría las literatura de los 70 de algunas escrituras de hoy. Pero al perder su especificidad, también pierden su poder crítico y político. Como si la misma ambivalencia que hace imposible la diferenciación ficción/realidad estuviera vinculada a procesos de crisis cultural y económica que la vuelven ambivalente también en términos políticos. ¿Estos textos ocupan lugares privilegiados en la Feria?

Con todo debemos consignar que estas literaturas salen de los límites pero coexisten con tipos textuales que acentúan las marcas de pertenencia a lo literario, dan a leer la autorreferencialidad como se hizo durante la autonomía del los campos, reflejan o refractan el libro dentro del libro, hacen uso del narrador como escritor, lector y personaje, como se ve claramente en Roberto Bolaño o reflexionan sobre la imposibilidad de la obra, desde la obra misma. En Glosa, (texto inhallable en la Feria) Juan José Saer, convencido de que ya no queda nada por narrar, construye una novela sobre la nada: una caminata de 21 cuadras y 55 minutos entre dos amigos, hay obra donde no la hay. Porque desde el siglo XIX cuando Flaubert enunció ?quiero escribir una novela sobre nada? la literatura busca su límite. Será con los restos de lo real, será con esos raros formatos nuevos, será con los fragmentos del sujeto, pero la palabra su material sagrado, se filtrará siempre por los agujeros de la realidad y del mercado.

Y también, por qué no, de una Feria que es la cara más poderosa y visible de la industria editorial en términos económicos y de políticas culturales. Pero como todo, tiene su arista benévola, con que uno más lea, ya se cumple un objetivo.

La Literatura trasvasará estos límites del mercado, los límites de lo indecible y como tótem superviviente de la post modernidad, seguirá profiriendo aullidos aunque sea para profetizar su fin como dijo Borges hace casi 80 años y eso, eso también será libro.

Publicado en Leedor el 2-05-2010