Tomás Eloy Martínez

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A poco de su partida Tomás Eloy está más presente que nunca en la Feria: volvemos a revisar Santa Evita a modo de revelar ciertos procedimientos que hacen de la novela un hecho artístico.FERIA DEL LIBRO: Novela Histórica, ficciones sobre mitos y realidades argentinas

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Tomás Eloy Martínez, asedió como pocos ese magma histórico llamado Peronismo. Sus ficciones dan a leer, de modo oblicuo y velado, un período fundamental de la historia argentina y Leedor decide homenajearlo a poco de su partida.

Cuando el visitante se acerca al stand de Alfaguara, no puede menos que sentir un vértigo de sensaciones encontradas. Imponente, la imagen de Tomás Eloy Martínez se yergue en una presencia /ausencia y grita a quien quiera oír que sus textos son su figura materializada en toda una vida dedicada a la escritura.

Así, nuevas ediciones de la ?Novela de Perón? y ?Santa Evita?, magníficamente ilustradas con el arte de Daniel Santoro -quien ha dedicado parte de su gran obra a la iconografía peronista- y otras tan importantes como ?Lugar común la muerte?, ?Purgatorio?, ?El vuelo de la reina?, ?La pasión según Trelew? y ?Las Vidas del General, memorias de exilio y otros textos sobre Juan Domingo Perón?, ocupan un lugar privilegiado en el que Eloy Martínez surge como una puerta de entrada a las ficciones que no son el emergente de una moda como la que se instaló en los 90? dando como resultado un boom de la novela histórica, sino que reconociendo cierta adscripción a ese tipo textual, escapan renuentes a taxativas inscripciones de género dados los heteróclitos procedimientos narrativos que exhiben.

Nacido en Tucumán en 1934, ganó premios tempranos en con sus cuentos y poemas. Realizó trabajos de crónica narrativa. Fue columnista permanente del diario La Nación de Buenos Aires, El País de Madrid y, a través de The New York Times Syndicate, de distintos medios de los Estados Unidos y otros de América Latina y Europa, sus ensayos fueron reunidos en El sueño argentino (1999) y Réquiem por un país perdido (Aguilar, 2003). Dirigió el Programa de Estudios Latinoamericanos en la Rutgers University (Nueva Jersey, Estados Unidos), donde fue profesor distinguido y escritor residente.

De su vastísima producción elegiremos Santa Evita a modo de revelar ciertos procedimientos que hacen de la novela un hecho artístico, una indagación histórica y un homenaje todos los hipotextos que se ocuparon antes de la figura de Evita.

La novela aparecida en 1995, consta de 16 capítulos que llevan por título un paratexto atribuido a alguna instancia discursiva de Eva (discursos radiales, frases atribuidas legendariamente, o de ?La Razón de mi vida? o de diálogos con el pueblo como el del 22 de agosto de 1951, día conocido como ?día del renunciamiento?, o de su último discurso 1ª de mayo de 1952 y hasta una entrevista en la revista Antena, entre otros). De modo que ya en el índice de la novela nos encontramos con fragmentos discursivos que tienen un origen heterodoxo, como tendrán luego los discursos que conforman el entramado de la misma. Comienza el día de la muerte de Eva Perón, el 26 de julio de 1952. A partir de este momento tres historias se entrelazan sutilmente:

1) Una descifra, yendo cronológicamente hacia atrás, algunos de los grandes enigmas de su biografía: la intensidad de su amor por Perón, el extraño renunciamiento a la candidatura vicepresidencial, los malos entendidos en su audiencia con Pío XII, el encuentro con Perón en el Luna Park, sus desventuras de actriz joven, su llegada a Buenos Aires, su infancia en Junín, hasta que en el Cap. 15 es Doña Juana la que recuerda las anécdotas de la niñez más lejanas en el tiempo.

2) Otra de las historias narra, hacia adelante, y desde 1955 hasta 1957 y su destino en Milán del original y en Hamburgo de una copia. El larguísimo calvario que sufrió el cadáver embalsamado de Eva Perón, sometido durante años a las intrigas del poder, a la locura de unos y la devoción de otros por perderlo o recuperarlo. La novela sigue el enloquecido peregrinaje del cuerpo desde un cine hasta el altillo de un capitán, y el despacho del Jefe del Servicio de Inteligencia del Ejército, las travesías hacia Bonn y Génova, y se detiene en el momento en que el cuerpo es enterrado en Milán. La narración de la muerte fluye en sentido contrario que la de la vida que se aleja hacia el pasado. (ver fetiche del cuerpo en el sentido de Baudrillard, copias)

3) La columna vertebral que une esas dos vertientes narrativas son las obsesiones, emociones y desconciertos que la figura de Evita va desatando en la cultura y en la imaginación de los argentinos, y por supuesto, también en el autor-narrador.

Los testimonios son de un elenco variado que conoció a Evita y a su cadáver: el embalsamador, el mayordomo, su madre, Juana lbarguren, el proyeccionista del cine donde el ataúd estuvo escondido, el peinador de la señora, los militares que se ocuparon de su cadáver.
A todos ellos, sin embargo, los trascienden dos autores. Uno de ellos, abiertamente, es Tomás Eloy Martínez. Es consciente de lo que está haciendo. “Mito e historia se bifurcan y en el medio queda el reino desafiante de la ficción.” Quiere darle a su heroína una ficción porque la quiere, en cierto modo, salvar de la historia: “Si pudiéramos vernos dentro de la historia -dice TEM-, sentiríamos terror.”

Eloy teje la novela con intersecciones discursivas de todo tipo: cartas, entrevistas, un guión cinematográfico, memorias, recopilaciones bibliográficas, el autor del libro, su casual homónimo lo contradice con seguridad cuando inscribe en la tapa del libro la palabra novela.

La teoría literaria reconoce como rasgo especifico de la ficcionalidad narrativa la duplicación o el desdoblamiento del escritor y narrador como puesta en marcha de un dispositivo de enunciación, pero en Santa Evita esto está mortificado hasta el límite. Esa división escritor narrador está siempre interferida porque Tomas escritor y Tomas narrador se interprenetran y quedan tramados en una red indecidible:

“Así voy avanzando, día tras día. por el frágil filo entre lo mítico y lo verdadero, deslizándome entre las luces de lo que no fue y las oscuridades de lo que pudo haber sido. Me pierdo en esos pliegues, y ella siempre me encuentra. Ella no cesa de existir, de existirme: hace de su existencia una exageración.

Así la heteroglosia y la polifonía multiplican la historia hasta darle una resonancia mítica, de leyenda, donde la historia es otro género literario o como dice Jamesson en ?La Lógica del Capitalismo Tardío?, es una colección de imágenes sin valor y espesor de referencia.

Tres son los personajes que buscan el sentido del cuerpo de Evita en el transcurso del relato: el Coronel Moori Koenig, militar encargado de ocultar el cuerpo, Pedro Ara, médico taxidermista que la embalsamó y Tomas Eloy Martínez, narrador que relata los avatares de la búsqueda.

Tres son los que escriben: Ara publica ?El caso Evita?, el coronel Moori Koenig asienta en numerosas fichas los interrogantes de la pesquisa del cuerpo y Tomás Eloy arma un entramado que mezcla las voces de todos, los restos y las escrituras de los otros.

Tres son los viajeros del laberinto que supone el entramado de la novela, se saben asediados por la maldición de todos aquellos que osaron tocar el cuerpo.

Muchas más son las hipótesis de lectura para esta novela:

Leerla como un policial que devela la conspiración facciosa del ocultamiento del cadáver. Hay conspiración, secreto e investigación. Pero además, como señala Susana Rosano se puede pensar la lectura desde el código policial en donde develar el enigma arroja al detective a un abismo y tiene una clara filiación con dos poéticas Borges ?La muerte y la Brújula? y R. Walsh ?Esa mujer?.
Como una crónica de las peripecias ambulatorias del cadáver, como asedio a partir de testimonios marginales o como confusión entre el relato autobiográfico y la investigación periodística, en cualquiera de estas el cuerpo de Evita queda afuera.

Tomas Eloy escritor y Tomas Eloy narrador y el exceso o la falta que se abre entre ellos dejando un vacío en el medio: ese vacío alude a un pleno: en La novela de Perón, el general es el protagonista, aquí es un personaje marginal, Eloy lo borra y se constituye como hacedor de Evita, de este modo deconstruye la novela de Perón.

Leer Santa Evita como una operación de reinscripción del cuerpo de Evita que el lector devela al transformar la superficie textual en un juego de palimpsesto de dos redes de enunciación que se contaminan del que Esa Mujer de R. Walsh es el primer texto. El pasado siempre vuelve dice el narrador y muchas veces regresa cuando no ha podido ser comprendido (Susana Rosano), y esa peregrinación demencial del cadáver anticipó la muerte que se produciría años después en los horrores de la dictadura.

Hay muchas hipótesis más pero el mejor homenaje que le podemos dejar a Tomás Eloy Martínez es soltarte a vos Leedor de historias, ficciones y magias para que entretejas las tuyas. Ésas, que múltiples, asedian cada texto que merodeas ya que en cada lector hay un proveedor de sentido para el placer o el goce, pero en los textos de este maravilloso escritor están todos los procedimientos literarios que cuentan qué es la literatura y muchos aspectos de recepción condicionados por todas las pre lecturas que consciente o no has realizado a lo largo de tu vida. De modo tal que no podrás dejar de ver reflejado tu tiempo, un entorno político o social porque el pasado regresa siempre y la manipulación de cuerpos en la Argentina, su desaparición y misterio también regresan sin césar para interpelarnos.

Publicado en Leedor el 28-04-2010