New York

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Gran trabajo de dirección y actuación con un tema difícil en la obra de Daniel Dalmaroni.

Daniel Dalmaroni es un prolífico dramaturgo que tiene en su haber obras como : “Burkina Faso”, “New York”, “Una tragedia argentina”, ?Cuando te mueras del todo”, “La vida de los demás”, “Maté a un tipo”, “Como blanca diosa”, “Los opas”, “Las malditas? y ?Splatter Rojo Sangre? entre otras. ?El secuestro de Isabelita? se estrena el lunes 19 próximo en el Teatro del Pueblo

New York” se presentó en Buenos Aires en 2003 bajo la dirección de Villanueva Cosse y el 3 de abril en Andamio 90 se re estrenó en una sala colmada a cuyo público no defraudó por sus méritos, está vez dirigida por el propio autor.

Un mediodía de domingo como tantos, un asado, una pileta de lona para paliar el calor y la desnudez absoluta de las palabras que no pueden ser escuchadas, son el disparador de la historia de una familia en la que la verdad devine anagrama imposible de decodificar.

Un matrimonio, su hija adolescente y el hermano del padre de ésta, parecen discurrir amablemente en una bochornosa jornada de verano. Pero el verdadero bochorno es otro. La asfixia auténtica aparece cuando en las primeras alocuciones el tío de la joven masculla ?yo la violé?.

Decididos a no absorber este tajo irremediable en todas las acepciones de la palabra, el lenguaje de los personajes se multiplica en equívocos, lapsus, fallidos y errores inabarcables para ellos, sin hermenéutica posible, ya que entender es proferir otro tajo. Entender, aceptar, escuchar, reconocer, aprehender la palabra violación supone un hiato ineluctable para ese núcleo que se sostiene sobre los hilos de la sangre que los une y que ha brotado impasible y siniestra a manos de su tío. Incesto y estupro, vejación y abuso. Siempre el abusador es cercano a la víctima narran los sueltos policiales.

Nada de lo que refiere a este hecho es comprendido por los sonámbulos padres de la joven, ella es la única que parece estar dentro de su propia lengua, sin embargo, la tarde prosigue y la acción que podría diluirse en la anécdota, se hace cada vez más inquisidora para el receptor ya que el gran trabajo sobre el lenguaje que hace Dalmaroni y las actuaciones parejas de las que sobresale la joven vejada, en la piel de Ana Luz Kallsten, instalan una suerte de suspense que como en las obras de Henri James conllevan a una derrota final. Gran trabajo de dirección y puesta y orgánicas actuaciones en un tema que grita y eriza por la furia del acto y calla en el secreto de su víctima.

Publicado en Leedor el 17-04-2010