El corazón de Doli

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El nuevo libro de Gustavo Nielsen fuga hacia la fábula y se reinventa a sí mismo.El corazón de Doli
Gustavo Nielsen
(2010, Editorial El Ateneo, 288 págs).

Durante la primera mitad de su nueva novela, casi se podría decir que Gustavo Nielsen se ha reinventado a sí mismo. Esto no implica una suerte de tabula rasa con respecto a sus ficciones previas, sino más bien una fuga en una nueva dirección, más cercana a la fábula, si bien buena parte del ADN literario del autor sigue intacto y se filtra continuamente: personajes bizarros o grotescos, un humor negro que implica nombres propios de la cultura popular argentina, el roce escatológico, los resortes de la crueldad. Todo siempre matizado por un peculiar modo de observar el mundo.

?Un hombre que sale a la calle con un zapato blanco y uno negro es loco o es excéntrico, muy diferente del que lleva los dos zapatos haciendo juego. De un loco se puede esperar un asesinato, un incendio, un atentado. De un excéntrico puede esperarse una obra de arte o una revolución. Y del hombre que va con su maletín y los dos zapatos del mismo color, ¿qué otra cosa podríamos esperar que la llegada puntual al trabajo, el relleno de los expedientes de rutina, una menguada felicitación de su jefe de personal??

Víctor es el protagonista de este universo que juega a ser muchos libros distintos (un cuento de hadas, una novela adolescente de enamorados, ciencia ficción vernácula, o el drama sobre la disfuncionalidad de la familia moderna; incluso hay un juego con el narrador y el punto de vista que va en contra de toda corrección literaria). Víctor es un clon de repuesto creado para suplir cualquier órgano o parte biológica que su hermano Sergio pueda llegar a necesitar. Sergio es el Hijo, Víctor es el Repuesto. Príncipe y méndigo, conviviendo bajo un mismo techo familiar.

Con libertades disminuidas ?Víctor incluso se maneja por obediencia debida, haciendo todo lo que Sergio le indica o le permite?, el clon tiene apenas manejo del mundo exterior moderno. No mira televisión, porque su hermano le prohíbe acercarse a ella. Por eso cuando Víctor sale a la calle, se sorprende al ver carteles con figuras que no puede reconocer: ?No mirar televisión convierte a la ciudad de uno en un paisaje extraño? reflexiona.

Pero Víctor conoce a Doli en un concurso de poesía (capítulo brillantemente divertido en el que no faltan rimas tiernas o falsificaciones hilarantes). Ella es una de las tres finalistas del premio, junto a Sergio, que por supuesto es un poeta espantoso pero acomodado que luego dirá: ?Yo también soy poeta. Demostrado con creces. Tengo un cheque por ahí que no me deja mentir?. Y Víctor se enamora. Por primera vez, su corazón clonado se sale de la vaina por una chica: Doli (nombre que nos remite a la primera oveja clonada, con absoluta intención). Sin adelantar mucho más de un argumento contundente y sensible, este amor primerizo cambia la vida del protagonista. En una sociedad que desprecia a los clones de Repuesto, ella parece aceptarlo por lo que es. Víctor, que ha sido siempre denostado por familiares y amigos, se siente único y original en sus momentos con Dolores.

La novela se nutre de toda una fauna de personajes ridículamente divertidos: Patrick, el tío que logró una especie de fusión entre McDonalds y Kentucky Fried Chicken y así creó su propio Mc Pollen Fritten; Chiqui, la madre de Sergio y Víctor, que lleva su apodo en honor a Mirtha Legrand; Pepa, la madre de Doli, que convive con otra mujer que es la imagen viva de un camionero; y por sobre todos los demás, el ubicuo señor Octavio Coto, dueño de la cadena de supermercados, referente máximo en el pueblo de La Magdalena (que es donde la ficción tiene lugar) del patriotismo más fundamentalista. Sí, Coto es la argentinidad al palo.

El mundo de la clonación se parece mucho a éste, sólo que transcurre algunos años en el futuro, y se ha acostumbrado a otro paradigma, uno que incluye entre sus elementos la clonación y el diseño genético, ya sea para tener hijos o para hacer pollos sin huesos, picos ni patas (los famosos ?pollen?). La sociedad no lucha contra esta realidad, la acepta y la fagocita dentro de su propia pretensión de civilidad.

?El problema, a lo sumo, lo tenía la policía. La Federal ya se había topado con el caso Morales. Los tres sospechosos tenían entradas en la Central, y eran unos calcos. ¿Quién de ellos había dejado sus huellas en el cadáver de Pedro Morales? Los testigos no servían. Los sospechosos se declararon inocentes. Los policías, confundidos, torturaron al hermano callado, mataron por la espalda en intento de fuga al que gritaba más y condenaron al del medio. El asesino apareció a los dos meses. No tenía ninguna relación con las huellas recolectadas.?

Así es que ?El corazón de Doli? no cuenta solamente la historia de dos clones enamorados, sino que es también el relato de una sociedad pueblerina entera. Incluso, saliendo del elemento de la ciencia ficción, Nielsen se inventa una sociedad con leyes propias, en cierto modo como García Márquez con Macondo u Onetti con Santa María. Viniendo de una novela tan celular como ?Auschwitz?, este no es un logro menor, y así es que ?El corazón de Doli? encuentra sus mejores intertextualidades consigo misma, al ser capaz de invocar sensaciones de asombro, fascinación, un sentido de la aventura de la imaginación que nos remite a aquellos primeros libros que leímos o nos leyeron cuando éramos chicos, en los que todo era posible, y el retrato de los personajes, tan sincero y descarnado, que vivíamos sus triunfos y sus derrotas como nuestras, sin mediar todavía cierto cinismo propio de la adultez.

En una nota posterior, el autor agradece a varios escritores por ciertas obras específicas, entre ellos ?Un mundo feliz? de Huxley. Pero ?El corazón de Doli? toca muchos otros terrenos, tanto fílmicos como literarios. ?Príncipe y mendigo? es uno más bien obvio, pero hay un dejo de ?Cenicienta? e incluso una atmósfera de fábula que lleva a pensar en el mejor Tim Burton, ese que crea mundos imaginarios fantásticos de celuloide en los que un outcast que no encuentra el modo de integrarse al mundo es denostado por sus iguales, y generalmente encuentra en el amor una especie de ilusión de salvación. Pero Nielsen no tiene la ingenuidad (¿ingenuidad comercial?) de Tim Burton. Remite más directamente a la película que podría haber sido ?A.I. Inteligencia Artificial? si Stanley Kubrick no se hubiera muerto antes de filmarla. Esta película es conocida por la versión lavada que realizó el buenoide materialista de Spielberg, pero Kubrick tiene mucho más en común con Nielsen. Después de todo, es el cineasta que venía de hacer películas como ?La naranja mecánica?. Gustavo Nielsen es el escritor que venía de escribir novelas como ?Auschwitz?.

Publicado en Leedor el 15-04-2010