Passio, de Arvo Pärt

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Reflexión, introspección, ascetismo y humildad son las claves para entender esta aproximación a la Pasión, cuyos momentos de mayor dramatismo emocional están abordados desde la piedad.Arvo Pärt nació en Paide, Estonia en 1935. Estudió composición con Heino Eller en el conservatorio de Tallinn, del cual se graduó en 1963. Sus primeros trabajos, escritos mientras todavía era un estudiante, manifiestan la influencia de los compositores neoclasicistas rusos, como D. Shostakovich y S. Prokofiev.
Los primeros años de la década del ?60 están marcados por la experimentación con el serialismo y las técnicas aleatorias. Pärt fue el primer compositor estonio en aplicar el método dodecafónico de Arnold Schönberg. Una de sus tempranas composiciones corales, Meie aed (Nuestro Jardín) de 1959, le valió el primer premio del Foro de Compositores Jóvenes de Moscú en 1962. Sin embargo, la incursión en el serialismo no resultaría ser satisfactoria para el compositor, y la abandonaría para explorar la técnica del collage.
Pärt ha dicho de sus collages que ?eran un intento de volver a plantar una flor en un entorno ajeno?. La técnica involucraba la inserción de material musical tomado de otros compositores, como J. S. Bach y P. I. Tschaikovsky, dentro de su estructura serial. Si bien esta técnica agregaba elementos de la tonalidad tradicional a sus composiciones, la estructura dodecafónica se mantenía. Su Sinfonía No. 2 no contenía citas directas, sino las caracterizaciones propias de Pärt sobre el estilo Barroco. La última obra compuesta con esta técnica sería el Credo para coro, piano y orquesta de 1968.

Luego de componer el Credo, Pärt entró en un período de silencio en el cual se dedicaría al estudio de la música medieval, más específicamente, del Organum de Notre Dame y la música coral de las escuelas francesa y franco-flamenca (Machaut, Ockeghen, Obrecht y Josquin). En 1971, Pärt rompió su silencio creativo con la Sinfonía No. 3, que presentaba significativas diferencias con todo su trabajo anterior. La estructura polifónica contiene elementos de los períodos medieval y clásico, en lo que refiere a melodía y ritmo, respectivamente. A diferencia del resto de sus composiciones, esta obra es completamente tonal.
Pärt continuó la búsqueda de un estilo de composición propio, y cinco años más tarde compuso la obra para piano Für Alina, caracterizada por los tonos extensamente separados, los intervalos abiertos y las notas pedal.
Estas características se transformarían en la quintaesencia de la obra posterior a 1976. Für Alina es la primera obra compuesta con el método que Pärt llamaría tintinnabuli. El nombre hace referencia al repiqueteo de las campanas. La técnica consiste en la aplicación de varias inversiones de un determinado acorde. Una única tríada predomina en una o más voces, y en algunos casos, esa tríada es el centro tonal de la obra, del que el compositor rara vez se aparta.
Al contemplar toda la obra de Pärt, posterior a 1976, se puede percibir que todas comparten el tema de lo ?numinoso? (del latín numen, ?presencia?). Mircea Eliade define al numen con una frase que probablemente se acerque mucho al sentido de la música de Pärt: ?nostalgia por el paraíso?. La manera en que el compositor se acerca a la religión habla de la búsqueda, del intento de comprender algo que no puede ser aprehendido, y que quizá la única manera de revelarlo es a través de la música.
La obra de Arvo Pärt posee una temporalidad propia: parece reflejar y contener pasado, presente y futuro. Utilizando elementos sumamente sencillos y completamente despojados de adornos, Pärt logra un lenguaje musical profundamente significativo.

Passio Domini nostri Jesu Christi secundum Joannem

La tradición de la Pasión se remonta al siglo IV, fecha aproximada en la que el relato de la Pasión de Cristo comenzó a incluirse en los servicios religiosos de la semana de Pascua. En el siglo V, el Papa León I emitiría un decreto que estipulaba la incorporación de varias versiones de la Pasión en la misa de Pascua (inicialmente de los evangelios de Mateo y Marcos). Hacia el siglo X también habían sido incluidos al repertorio las versiones de Lucas y Juan.
La Pasión polifónica más antigua data del siglo XV, y a partir de ese momento se subdividió en dos estilos: la Pasión responsorial, que involucra al evangelista y a Jesús como solistas y un coro; y el motete, en el cual todo el texto recibe un tratamiento polifónico. El oratorio se desarrolló en Alemania después de la Reforma, e incluye grandes pasajes instrumentales, recitativos, arias y corales, así como también textos que no provenían de los evangelios. La Pasión según San Mateo de J. S. Bach es representativa de este género.
Desde el siglo XIX en adelante la presencia de la Pasión como pieza musical de la liturgia religiosa fue decayendo y estas obras fueron relegadas a los programas de concierto. Sin embargo, algunos compositores siguieron trabajando el género en el siglo XX, como Arvo Pärt y Krzysztof Penderecki.
La Pasión de Pärt toma su texto del evangelio según San Juan (18: 1-40 y 19: 1-30) en latín. Lo único que agregó al texto original es el exordium introductoria, donde el coro declama el título de la obra Passio Domini nostri Jesu Christi secundum Joannem, y el final Amen con el que el coro cierra la obra.
La obra está compuesta para dos solistas, un ensamble de cuatro voces, un ensamble instrumental, coro y órgano. Los roles de Jesús (barítono) y Pilatos (tenor) los llevan los solistas, mientras que el cuarteto de voces representa al Evangelista. Este último grupo también adquiere otros roles a lo largo de la obra.
El órgano acompaña únicamente al coro y a los dos solistas, mientras que el ensamble instrumental, compuesto por violín, oboe, cello y fagot, hace el acompañamiento para el Evangelista.
La austeridad que se percibe en toda la obra de Arvo Pärt parece ser especialmente significativa en esta obra y funciona también como un nexo entre su composición y la tradición de la que deriva. Mientras otros compositores estructuraron la Pasión como un drama, o, con medios expresivos dramáticos, Pärt genera un escenario para la representación de un sufrimiento que no tiene límites, capaz de trascender toda temporalidad.

Reflexión, introspección, ascetismo y humildad son las claves para entender esta aproximación a la Pasión, cuyos momentos de mayor dramatismo emocional están abordados desde la piedad.