Habitación sin marco

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Dos hombres encerrados en una habitación tejen relaciones oníricas e incestuosas.?Dos hombres encerrados en una habitación. Afuera llueve. Afuera hay gritos. Solo una llave. La clave está en recordar. Recordar para salir. Dejar la habitación?

Entramos en un espacio íntimo, sombrío, de la oscuridad se delinean dos figuras, las de los dos hombres encerrados en la habitación. Uno de ellos atravesado por una historia familiar dramática y un conflicto interno profundo. Entre ellos una relación casi incestuosa, los une el olvido y el recuerdo.

Se va a ir generando una atmosfera que pende entre lo onírico y el suspenso. Esto se logra gracias a la sutil manipulación de dos coordenadas: el espacio y el tiempo. El espacio de la representación trasciende la habitación en la que se encuentran los personajes. Se prolonga hacia la casa por los gritos que irrumpen desde un afuera de la habitación. Así como también por el sonido de la lluvia que convoca un afuera de la casa. Entre estos espacios y la habitación de Marco, una ventana y una puerta, abiertas y cerradas bruscamente reiteradas veces, funcionan como frontera con el afuera, vinculándose con el encierro y la huída. Esta idea de apertura y encierro se proyecta también en la idea del recuerdo y el olvido. Olvidar implica permanecer entre esas cuatro paredes, recordar es la única escapatoria.

El tiempo produce la sensación de estar inmerso en un sueño o en la confusa imaginación de Marco. Las escenas transcurren aleatoriamente entre un pasado y un presente. Hay una idea de repetición de lo acontecido pero con variaciones que refuerza lo onírico. Esto también se percibe en la impresión que producen los recursos sonoros. Por una lado, los gritos de la madre y del hermanastro detrás de la puerta, por otro las voces off de una situación del pasado evidentemente traumática que se repite con la sala completamente a oscuras sumergiéndonos como en el interior de la mente del protagonista que se despierta cada vez como de una pesadilla. Por último, el sonido de la lluvia que genera una atmosfera de angustia y atemporalidad.

¿Cómo saber si lo que sucede esta dentro de la mente consciente o no de nuestro protagonista? ¿Cómo saber si realmente encontró la salvación arrojándose por la ventana? O quizás la ventana y la puerta son parte de su propia imaginación, como las voces que se repiten, los gritos y el sonido de la lluvia?
El lenguaje de la obra aglutina estos componentes que fluctúan entre lo onírico y lo misterioso o como dice el autor entre lo onírico y lo siniestro.

La obra mantiene la tensión y el ritmo en todo momento. Las actuaciones de Francisco Benvenuti (como Federico) y Lucas Lagré (como Marco) son remarcables y logran generar y mantener esa intensidad que la obra propone. Encarnan dos seres inestables, unidos por un vínculo que va mutando. Los gritos detrás de la puerta pertenecen Ariel Mele y María Pastur, en su rol de hermanastro y la madre respetivamente.

En su doble labor, de dramaturgia y dirección, Mario Marino se luce en ambas instancias. Produciendo un espectáculo sumamente recomendable por la combinación de recursos que se ponen en juego. Una obra arriesgada ya que lleva a escena un género no muy común en teatro, el thriller psicológico, en combinación con el suspenso y logra que esto funcione.

Publicado en leedor el 10-4-2010