BAFICI: Cine del futuro I

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Une sourire malicieux ëclaire son visage juega con Los pájaros de HitchcockDesde las primeras palabras que se dicen en esta “película del futuro” se explica el título: la sonrisa maliciosa a la que se alude es la de Melanie (Tipi Hedren) y cuando aclara su mirada lo hace en la película Los pájaros, de Alfred Hitchcock.

Esto de la sonrisa, es algo que le pasa a Melanie en una de las primeras escenas, en la tienda comprando esa jaula con un par de “love birds” antes de hacer su curioso viaje a Bodega Bay en busca del abogado atractivo y misterioso.

Esta película francesa que participa de la sección más que particular “Cine del futuro” es toda una rareza. A raiz de verla en este BAFICI, en algunos sitios se la tilda de película estúpida, sin demasiada explicación.

Voy a intentar explicar por qué no me parece que sea tan estúpida como superficialmente parece: el director Lhereux viene del campo de la video instalación (recomiendo el sitio personal para dar un vistazo a una obra suficientemente vasta) actividad que en ocasiones suele tomar el cine como material significante para plantear lecturas nuevas en ámbitos nuevos. Trabajó particularmente con films de Keaton o Antonioni en exposiciones que no son exclusivamente salas cinematográficas.

Es decir, en primer lugar, Lhereux toma el material fílmico como material significante.

En esta película en particular, de 75 min, se recorta el plano sonoro de un conjunto de escenas de Los pájaros (duración total de The birds: 119 min). Sonidos y voces que escucha el espectador sobre los cuales se superpone la voz de una especie de presentador-relator que va comentando literalmente lo que pasa en aquellas escenas: el guión técnico y el guion literario expuestos frente a nosotros mientras el actor camina en una noche oscura en un bosque. Por detrás dos, tres personas más. Un foco de luz, y algunos elementos de fotografía.

Un momento de animación, la pantalla yendo a blanco en uno de los ataques de los pájaros y la sobreimpresión de la última imagen de la película de Hitchcock hacia el final, un hombre con traje de pajaro, son algunos de los pocos momentos que rompen la monotonía de ese relato proporcionalmente oscuro.

Quién dice, cuántas películas hay en una película, qué marcas pone un realizador para enunciar en todo caso, haciendo que Los pájaros nos vuelva a parecer tan increíblemente significativa y tan tremendamente útil como materia del arte.

El lugar del cine es la sala de cine dirán los más ortodoxos. Creo que lo extraño que tiene Une sourire malicieux ëclaire son visage precisamente es eso que pone como absurdo aquello que para los cinéfilos es una certeza: el propio espacio de exhibición.

Si querés ver algo realmente raro, el próximo fin de semana es la última oportunidad.

Publicado en Leedor el 13-04-2010