BAFICI: Ajami

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Reciente nominada al Oscar extranjero y una de las candidatas de la Selección Oficial Internacional del 12º BAFICI, ofrece una visión poco habitual del mundo compartido por árabes e israelíes En julio del 2009 German Films, entidad que promueve la difusión y venta de films alemanes, organizó en la ciudad de Colonia (Koeln) un evento para distribuidores de todo el mundo, incluido argentinos, donde se proyectaron veinte largometrajes en su mayoría aún no estrenados a nivel mundial.

Entre ellos se encontraba ?Ajami?, en verdad una coproducción entre Israel y Alemania. Pocos imaginaban en ese momento que medio año después estaría nominado al Oscar al mejor film extranjero. Seguramente menos aún pensaron que sería superado por ?El secreto de sus ojos?, en lugar de ?La cinta blanca? o ?El profeta?.

Por suerte los argentinos tenemos ahora la oportunidad de juzgar este sorprendente film al integrar la Selección Oficial Internacional del BAFICI, aunque al momento de escribir esta nota ya han pasado todas las funciones en que se exhibió con salas invariablemente colmadas. La buena noticia es que esta çopera prima, codirigida por el israelí Yaron Shani y el ciudadano palestino nacido en Israel Scandar Copti, ya ha sido adquirida por un distribuidor local, quien nos aseguró que será estrenada posiblemente a principios del segundo semestre de 2010.

La singularidad de la propuesta es haber conseguido un equilibrio difícil de concretar, evitando caer en planteos maniqueos o alternativamente complacientes a que son proclives este tipo de obras. Sin duda, el hallazgo obedece en gran medida a que cada uno de los dos realizadores expuso en la elaboración del guión su punto de vista, lográndose de este modo un producto final donde se intentó privilegiar la objetividad. Pero además se buscó escapar de los lugares comunes de tantos films árabes o israelíes, enfocando algunos temas poco conocidos como el tráfico de drogas en Israel y las parejas mixtas árabe-judía y árabe cristiana-árabe musulmán.

Otro de los logros radica en que los personajes hablan en sus respectivos idiomas, lo que se revela en los subtítulos locales que aclaran constantemente si se trata de parlamentos en árabe o en hebreo. A propósito, resulta notable cierto parecido oral de ambas lenguas y más aún de las fisonomías de árabes e israelíes. Al fin y al cabo pertenecen en su mayoría a una misma etnia semita.

La trama inicial arranca con los hermanos Omar y Nasri, este último de apenas trece años, que se ven obligados a dejar su hogar, al haber herido un tío de ellos a un miembro de un poderoso clan. Omar, de creencia musulmana trabajaba para el árabe cristiano Abu-Lias, quien veía con malos ojos que saliese con su hija Ilahm, al no profesar el joven la fe de Cristo.

Luego la historia pasa a un nuevo personaje, Malek, también árabe y trabajador clandestino en Israel cuya madre está gravemente enferma por lo que necesita dinero para operarla. Su destino se unirá al de Omar y se cruzarán con Dando, un poco ortodoxo policía israelí, que busca desesperadamente el paradero de su hermano menor militar.

A lo largo de dos horas en que la tensión crece continuamente, este relato ambientado en Jaffa irá perfilando un desenlace que poco a poco el espectador irá armando como un verdadero rompecabezas. Merced a estupendas actuaciones de actores todos debutantes, que incluyen a uno de los realizadores (Copti) en el patético personaje del árabe Binj (cuya pareja es una chica judía), Ajami nos brinda una oportunidad poco común de asistir a un enfoque diferente de la difícil convivencia entre árabes e israelíes. Y nos muestra que hay muchos matices poco conocidos y que ayudan a comprender cuan difícil es hallar una solución a los conflictos en esas lejanas y convulsionadas tierras.

Publicado en Leedor el 12-04-2010