Palestrina y los Papas

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El segundo episodio del ciclo de Música Sagrada en Films&Arts, explora los vínculos entre las intrigas papales de la Roma del Renacimiento y la música de Giovanni Pierluigi da Palestrina.
Música Sagrada en Film & Arts

El segundo episodio del ciclo de Música Sagrada, conducido por el actor y corista Simon Beale, explora los vínculos entre las intrigas papales de la Roma del Renacimiento y la música de Giovanni Pierluigi da Palestrina, una de las figuras clave del panorama musical de la época.

El príncipe de la música

Giovanni Pierluigi da Palestrina nació hacia 1925 en una pequeña ciudad cercana a Roma, Palestrina, que en ese momento formaba parte de los Estados Papales. Se desempeñó en su ciudad natal como organista y maestro de coro hasta 1551, año en que accedió al cargo de maestro de coro en la Capilla Julia, coro papal de la basílica de San Pedro. Su primera publicación, un libro de misas, produjo una impresión favorable en el Papa Julio III, que lo designó director musical de la Capilla Julia. El libro de misas de Palestrina era el primero en ser escrito por un compositor italiano, en ese momento la mayoría de la música sacra provenía de los Países Bajos, Francia, Portugal o España. En 1555 el Papa Pablo IV lo destituyó de su cargo por juzgar inapropiada su condición de casado. Palestrina desempeñaría roles similares al que tuvo en la Capilla Julia en San Juan de Letrán (1555-1560) y en Santa María Maggiore (1561-1566). En 1571 regresaría a San Pedro, donde permanecería hasta su muerte. Los años de 1570 serían especialmente difíciles para el compositor: su hermano, dos de sus hijos y su mujer serían víctimas de tres brotes diferentes de la plaga. Palestrina consideró el sacerdocio, pero finalmente se casó con una acaudalada viuda, lo que le proporcionaría la independencia económica que no había tenido hasta ese momento.
Palestrina comenzó su carrera musical bajo la influencia de la polifonía, que se había establecido en Italia de la mano de compositores como Guillaume Dufay y Josquin des Près, que llevaron el contrapunto a niveles incomparables.

Josquin representa una de las primeras grandes cumbres del Renacimiento. Pocos músicos de la época lograron un renombre semejante al suyo, y algunos de sus contemporáneos lo señalaron como ?el padre de la música?. Su obra comprende misas, motetes, y canciones, tanto religiosas como seculares. La relevancia de la obra de Josquin descansa en la importancia que adquiere en sus composiciones la relación de texto y música. Su producción está influida por el Humanismo, en el sentido de hacer comprensible el texto y de lograr la correcta acentuación de las palabras. La obra de Josquin está marcada por una tendencia, común a la escuela franco-flamenca, a expresar por medio de los sonidos la significación gráfica y espiritual de las palabras.

En 1545 el Papa Paulo III convocó en Trento un Concilio General de la Iglesia, que trazaría los lineamientos de la Contrarreforma. Entre los temas que trató el Concilio de Trento, se aludió al espíritu secular de las misas y al uso de una complicada polifonía que dificultaba la comprensión de los textos. También se criticó el uso de instrumentos estrepitosos y la mala pronunciación de los cantores de la iglesia. El Concilio no llegó a abolir la polifonía, pero estableció pautas para la composición e interpretación de la música de culto. Sencillez, suavidad de líneas, mayor regularidad del ritmo, simplificación del contrapunto, armonía diatónica y claridad en el texto fueron las estipulaciones del Concilio para la música.

La música de Giovanni Pierluigi da Palestrina sería el máximo representante de las nuevas exigencias.

Palestrina escribió ciento dos misas, alrededor de cuatrocientos cincuenta motetes y otras composiciones litúrgicas, cincuenta y seis madrigales espirituales con textos italianos, y unos ochenta y tres madrigales profanos. Es en sus misas donde es posible percibir mejor su estilo y la maestría de su oficio. Gran parte de sus misas están construidas con la base del contrapunto imitativo franco-flamenco y contienen textos del canto gregoriano transformados a través del uso de la polifonía. Su Missa sine nomine fue particularmente atractiva para Johann Sebastian Bach, quien la estudiaría mientras componía su Misa en si menor.

Palestrina fue especialmente cuidadoso de la comprensión del texto, dificultada en general a través de la escritura contrapuntística. Existe la leyenda de que una de sus misas más famosas, la Missa Papae Marcelli, fue escrita por el compositor para demostrar que la textura polifónica no era incompatible con el espíritu que propugnaba el Concilio de Trento, y que tampoco interfería con la correcta comprensión del texto.

La música de Palestrina da luz y transparencia a la polifonía. Históricamente, no aparece como un innovador, pero la pureza de su estilo y el equilibrio de sus proporciones le valieron el rango de ?príncipe de la música? con que se lo conoce.

Publicado en Leedor el 11-4-2010