El ardor

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Una propuesta teatral que llama al espectador a interpretar palabras e ideas.Entramos a la sala y nos recibe la imagen de un personaje subido a una plataforma arreglando una maquina, accionando. Esta propuesta ya nos hace cómplices de una escena.

Somos testigos en el momento preciso en que ejerce su profesión de mecánico. Todos los elementos necesarios están allí. La historia inicia con el relato de un locro que él ingirió y que le revoluciono el cuerpo, causándole una indigestión digna de ser contada. Interesante es la dramaturgia por el nivel de descripción de los hechos y del vuelo metafórico que posee logrando hilar contenidos con una amplia gama de interpretaciones posibles. El texto no está digerido, al igual que el locro, en el sentido que nos deja lugar a los espectadores a interpretar palabras e ideas y encontrar referencias a hechos históricos nacionales, tan nacionales como la comida que se nombra y el oficio que se muestra.

A lo largo de la obra esta especie de ring en el que esta inserto el actor, sirve de apoyo para todas las imágenes que crea con el cuerpo y con la palabra. Es así como utiliza el sector izquierdo para reproducir la acción transcurrida en un colectivo, el fondo para invocar los relatos de su madre, que van de la mano de nuestro folklore nacional y el centro, para invocar a su padre. El sector de la máquina siempre representa ?la? realidad, el presente, el aquí y ahora. Lo mismo sucede con el vestuario que con leves cambios, produce nuevos personajes en el relato. Basta con exhibir una corbata o arremangarse el overol para presentar otro rol. Estos pequeños detalles, sin ostentación de aparatejos tecnológicos, es lo que a mi criterio hace interesante esta puesta de Holcer. Marcelo D`Andrea sostiene toda la obra desde la acción y la palabra. Las luces están encendidas todo el tiempo salvo en 3 o 4 momentos en que se oscurece la sala en el mismo momento, con la misma acción, con el mismo texto. Esta repetición de la acción funciona como momento de finalización de una anécdota y el inicio de una nueva.

Estas convenciones, cambios mínimos en los espacios, en el vestuario y en la voz del actor nos transportan a otra realidad, que a su vez, estarán ligadas por la idea de relatar nuestra tradición nacional de una forma cómica y trágica a la vez.

El Ardor combina un gran acierto de dirección de Holcer, acompañado de un despliegue de matices actorales interesantes por parte de D`Andrea, combinación interesante para escuchar la opinión de ellos sobre nuestra tradición nacional.