Vanguardia Cubana

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La renovación de la plástica cubana de las décadas del 20 y el 40 en una exposición fundamental en el MALBA. La muestra se extiende hasta el 17 de mayo.Caminos de la vanguardia cubana

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Una exposición que incluye numerosas obras de aquellos artistas que, entre 1923 y 1940, intervinieron en la renovación plástica de Cuba, en el preciso momento en que se daban los primeros pasos a una toma de conciencia de lo nacional. Estos ?caminos? se pueden recorrer hasta el 3 de mayo en el Malba.

Los llamaban ?los nuevos??Y lo eran. Venían a romper con el monótono momento de conservadurismo y academicismo que caracterizaba al arte cubano por entonces. Eran jóvenes y como tales, inquietos y plagados de ideales. Deseosos de provocar un cambio marcadamente opuesto a la famosa Enmienda Platt (del senador estadounidense Orville H. Platt), un apéndice agregado a la Constitución de Cuba, en el período de la primera ocupación militar norteamericana en la isla (1899-1902), que respondía a los intereses de los Estados Unidos. Por entonces se respiraba un fuerte espíritu nacionalista que intentaba expandirse ?pese al agobiante sentimiento de frustración que a veces se colaba- a través de los dibujos, pinturas y fotografías de Arístides Fernández, Amelia Peláez, Antonio Gattorno, Jorge Arche, Mario Carreño, René Portocarrero, Mariano Rodríguez, Víctor Manuel García, José Manuel Acosta, Arístides Fernández, Carlos Enríquez, Eduardo Abela, Wifredo Lam, Marcelo Pogolotti, Rafael Blanco y Joaquín Blez. Fue así como tintas, témperas, óleos, lápices, collages y fotografías, en diferentes estilos y temáticas, materializaron la reacción punzante a los modelos políticos neocoloniales en un Movimiento, enmarcado entre 1923 y 1940, que hoy puede apreciarse en Malba.

La exposición tiene como objetivo hacer un recorrido por el espíritu de la época a partir de tres grandes grupos: la mujer y el retrato femenino, la identidad cultural cubana y la relación de la vanguardia con la responsabilidad social frente a los conflictos políticos de su tiempo. Temas que nuclean las aproximadamente 150 obras provenientes del Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, la Fototeca Cubana y colecciones privadas. Es así como en una primera instancia del circuito curatorial ?dirigido por Llilian Llanes, historiadora del arte, crítica y fundadora del Centro Wifredo Lam y directora de las seis primeras ediciones de la Bienal de la Habana-, nos podemos encontrar con la mirada profunda, inquietante de las mujeres de Víctor Manuel García; una desnuda en pose virginal, orando, como un homenaje a la más pura inocencia; la otra vestida en azul y blanco, imitando a una madonna renacentista con sus típicos ropajes. Ambas, delante de un paisaje, se presentan ante el espectador proponiéndole ir más allá de la lectura acerca de la femineidad: es la mujer toda la que se presenta en ese óleo, la sensual, la maternal, la histórica, la religiosa?.

Otro tanto sucede con ?Gilda? y el retrato que de ella hizo Carlos Enríquez. Es bella, sexy, su casi sonriente rostro invita a descubrirla. A través de ella hablan los bares y clubes nocturnos que proliferaron en la década del 30 en La Habana. Sólo le falta balancearse y arrojar el guante como lo haría después, en 1946, su homónima interpretada por Rita Hayworth frente a un furioso Glenn Ford. Muy distinta es la mujer melancólica que pinta Amelia Peláez, cuya existencia se ve enmarcada por una gruesa línea negra, o la madre de Arístides Fernández, que su hijo retrató mirando de reojo a algo o a alguien, o como queriendo huir de la situación de ser inmortalizada, sin saber que su imagen iba a ser unos de los primeros indicios del cambio en la plástica cubana.

Estas obras, aunque muy distintas unas de otras, expresan las profundas transformaciones que se dieron en la sociedad cubana, principalmente durante la década del 30, con un fuerte protagonismo de aquella mujer que trascendía las cuestiones domésticas. E incluso algunas pinturas que revelan conexiones con la Historia del Arte, no escapan a la impronta local que estos artistas querían darle, como en ?Las bañistas? de Jorge Arche, con una innegable cita al simbolismo de Puvis de Chavannes, donde, por ejemplo, aparece centrada en el cuadro la figura de la bañista morena (curiosamente la única que observa al espectador), aludiendo también a la cuestión del nacionalismo con la presencia del negro o mulato, integrante fundamental de la nación y la cultura cubanas. Tema que también se impone en las mujeres de René Portocarrero, como las prostitutas de cuerpos enormes y facetados y en las también corpulentas luchadoras de Mariano Rodríguez.

Y es así como la mujer nacional se mezcla y dialoga con la que sin pudor alguno alude al más explícito erotismo ??Nuestra vida nacional gira alrededor del sexo (?) hasta el agujerito inflamado en la más humilde caseta de baño, todo indica (?) todo, que pisamos sobre una maniqua ardiente donde tras cada matorral nuestra imaginación sospecha la carne, la lujuria, el pecado batallador y el estremecimiento erótico??.son las palabras de Carlos Enríquez, de quien también se exponen diferentes desnudos femeninos en lápiz, acuarela, carboncillo y tinta, incluida la serie ?Lesbianas?, que protagonizó algún que otro escándalo en la conservadora sociedad de entonces. Mujeres en distintas poses o situaciones (desde las más banales a las más privadas) hablan a las claras de la transgresión que proponían los vanguardistas.

Audacia ésta que sin duda provocaba a la pacata sociedad republicana y a la que se sumaban las fotografías de Joaquín Blez, de 1920, realizadas en gelatina de plata, que también pueden verse en la muestra. Prestadas por la Fototeca de Cuba para esta exposición, las obras de Blez muestran mujeres desnudas y apenas adornadas con mantas, tules o cualquier otro accesorio tendiente a destacar la provocación del cuerpo desnudo frente a un objeto de uso cotidiano. Lo usual y lo extraño se chocan en cada fotografía como se chocaban en la Cuba de esas décadas.

Una muestra de este contraste se presenta en algunas vitrinas ubicadas en la sala, con ejemplares de la revista ?Social?, ilustrada por Conrado W. Massaguer, con mujeres elegantes y aparentemente frívolas, en la que ?entre otras notas menos comprometidas con la cultura- se planteaba la situación del arte latinoamericano. Es un punto destacado de ?Caminos de la vanguardia cubana? la importancia que tuvo el dibujo y la obra sobre papel en general en los primeros acercamientos de todos estos artistas a un nuevo concepto del arte. Para Llanes ?esta exposición aspira a mostrar que, después de la contradicción básica entre lo viejo y lo nuevo, entre la mentalidad conservadora y la moderna, el principal desafío del movimiento de vanguardia en Cuba se circunscribió a una sola pregunta: qué era realmente lo cubano?.

En esa búsqueda de ?lo cubano? y de su gente, los vanguardistas encontraron en el campo, en el trabajo de la tierra, y en el paisaje nacional una fuerte referencia: ?Campesinos descalzos? (1935) de Antonio Gattorno; ?Escena campesina? (1942) de Mario Carreño, ?Guajiros? (1939) de Eduardo Abela, ?Paisaje con girasoles? de Víctor Manuel García, son ejemplos. Mientras que en las imágenes urbanas se destacan los vestigios coloniales que tan bien refleja Peláez en sus bodegones fragmentados; o lugares como las tabernas o los reductos en los que se organizaban las riñas de gallos. Más inserta aún en la raíces cubanas es la obra de Wifredo Lam, quien reinterpreta sus mitos ancestrales: ? Se me ha considerado como un pintor de la escuela de París, surrealista, o no importa qué tendencia, pero nunca como un representante de la pintura que realmente hago y en la que creo refleja, en gran medida, la poesía de los africanos que llegaron a Cuba, poesía que guarda en sus cantos mucho dolor?. Llamado ?el más universal de los pintores cubanos?, Lam está presente en la muestra con obras como ?La Mañana Verde? (colección Constantini), ?Silla?, ?Figura con gallo?, ?Maternidad en verde?, ?Cabeza de brujo? y ?Mujer sobre fondo verde? (colección Constantini) entre otras.

El fuerte compromiso que la vanguardia adquirió con la problemática político, económica y social de la época (el tercer núcleo) está presente en la obra de Marcelo Pogolotti, realizada en lápiz, crayón o tinta sobre papel: ?Dar, dar, dar, en cada instante de su vida?, ?Los sicarios?, ?Los tres poderes?, ?La zafra?, ?Represión?, ?Brazos cruzados?, ?Manifestación?, hacen visible la situación imperante en la isla. En algunos de esos trabajos, tal el caso de ?Los tres poderes?, Pogolotti echa mano a la ironía, haciendo flotar sobre un paisaje de edificios fabriles a un sacerdote, un empresario y un militar. También en este último núcleo se destacan las caricaturas de Eduardo Abela y su satírica serie ?El bobo? y el collage ?El nuevo Ripalda? del ya mencionado Carlos Enríquez.

La muestra finaliza con las fotografías de José Manuel Acosta, en gelatina de plata, artista pocas veces expuesto en Cuba y en el mundo, y muy valorado en la actualidad, ya que sus obras no sólo representan un fantástico documento de la época sino también un ejemplo del crecimiento de la fotografía como soporte artístico. Entre ?Retrato de Carlos Enríquez? (1930), o ?Retrato de monja? (1930) y ?Desfile militar, vista de Capitolio? (1930) o ?Manifestación? (1932), se suceden una serie de composiciones (de abejas, de pollitos, ave en vuelo, etc) que explican la gran dedicación de Acosta en investigar, experimentar y disfrutar de este género presagiando ya una revolución que primero, una vez más, ya se estaba dando en el Arte.


Caminos de la vanguardia cubana

Haste el 17 de mayo en Malba. Av. Figueroa Alcorta 3415. Sala 5. 2do. piso.
De jueves a lunes y feriados de 12:00 a 20:00. Miércoles hasta las 21:00. Martes cerrado.
Entrada: Adultos $ 18.
Docentes y jubilados (o mayores de 65 años con acreditación) $ 9.
Estudiantes (con acreditación) $ 9.
Menores de 5 años sin cargo.

Publicado en Leedor el