Todos quieren lágrimas

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Una atmósfera extraña en una obra maquínica.Apuntes, imágenes, afecciones

Una oficina. Oficinistas. Traqueteo constante. Máquinas. Trabajo.

La uniformidad es signo. Huella maquínica en carne humana. La carne, la máquina: una simbiosis imposible, hegemónica.
El trabajo, el yugo laboral. La rutinización del acto: gesto anti-vital. Muerte prematura.

Un delantal, marrón, un uniforme, igualando, otorgando rol, imprimiendo identidad: mismidad. El sujeto y su voluntad de poder/ser sosegada, abrumada por el cúmulo de arbitrios, aturdida por el tintinear de artefactos, coptada por la voluntad de ser/poder del Señor.

Amos/esclavos. Relación fundante, inescapable, elegida. Diluída en gesto progresista, de alienaciones on-line, de auto-destrucciones multi task.

Esclavos/amos. El Señor se quiebra, se muestra vulnerable, falible. El vínculo experiencial de la miseria, del sometimiento fortalece. El Señor no soporta la endeblez, pero es el Señor. Los cuerpos hablan, el afecto los atraviesa, los constituye, el Señor temblequea, pero es el Señor.

Todo vuelve a comenzar. La máquina nunca se detiene, es máquina. No desfallece, directamente fallece, sin dejar rastros (recuerdos) de su existencia.

El golpeteo recomienza. Nunca dejó de resonar, espectralmente. Su detenimiento no es más que virtual.

Automatismo, juegos: el arbitirio. La farsa, la sátira, el pastiche. Figuras desfondadas evidencian la máquina, lo maquinal.

El hombre, la máquina, y una lágrima imposible, urgente, constante. El agua y la electricidad: el colapso latente, esperado, inminente, el que nunca llegará. Como el deseo, como el nosotros.

Publicado en Leedor el 4-04-2010