Los Padres de la Plaza

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Para pensar en la memoria, otra vez.Los Padres de la Plaza de Mayo

La película Padres de la Plaza, 10 senderos posibles se proyectó el 23 en el Gaumont. Hubo mucha, mucha gente y estuvieron los padres y los directores. Una fiesta del no olvido.

Padres? tiene algo que conmueve, suscita, manifiesta sentimientos, visiones, elementos y cosas que sustentan. Sustentan la vida misma. Memoria.

Relato y contra-relato.

La memoria no es un valor agregado a las cosas y a las acciones. No es una murga ni tampoco el rock de unos pibes, el folklore-fusión que tenés que escucharlos!!!

Ta bien. Es eso pero es mucho más.

La memoria es una constelación de prácticas sociales que incluyen creencias, mitos, significados compartidos, modos de explicar y legitimar un ser y estar en el mundo de la vida.

Entonces los rituales la atrapan en el tiempo, la bajan a tierra y le piden que hable o escriba, o cante, o baile, o filme.

Eso hicieron los directores.

Buscaron a los Padres, con ellos revisaron los cómo, qué, cuando y porqués.

Entonces los Padres hablaron, mostraron, callaron y le dieron forma y representación a sus historias enriqueciendo el argumento y los propósitos de los cineastas.

El cine como socialización encuentra aquí un alto grado de perfección.

No fue necesario imaginar otra realidad.

Encerrarse en la burbuja segura de los recuerdos como vendas que terminan momificándolo todo.

Los Padres mostraron identidad y diferencias.

Le metieron al imaginario colectivo su significación y su resignificación desde el momento en que transparentaron ciertas opacidades respecto de adónde estaban y qué hacían los Padres si las Madres, las Abuelas, los Hijos y los Nietos andaban marchando, litigando, escrachando e inventando estrategias de lucha y memoria.

Estamos en una cultura y en una sociedad donde hay colores femeninos, actitudes masculinas, flores y aromas típicos de mujer u hombre. Súmele a todo lo que le dicen y le piden que haga o no, el número de su DNI, el nombre que le pusieron sus padres, tenga en cuenta los libros que leyó, las películas, las músicas, la religión en la que usted se siente cómodo porque la conoce desde siempre? Y los otros, o sea nosotros?

Bueno, todo eso y mucho más hace a la identidad.

También lo que usted recuerda.

La memoria anda entre una dialéctica que se da entre olvido y recordación. Todo lucha por ser recordado pero, también es cierto, todo es olvidable.

Memoria de elefante se olvidó de mi cumpleaños! JaJaJa.

Entienda la paradoja.

Nadie se olvida por qué el viento sopló más fuerte y se llevó, como hojas de los árboles del otoño, los saludos.

Olvido es porque se instala o se deja instalar, echar raíces al revés.

Acá no hay fosfovita ni memorex. Te olvido y chau.

Chau? Tampoco.

Los recuerdos, la memoria es una construcción cultural en la que hay muchos elementos involucrados. Es más, los recuerdos varían con las épocas.

Piense la memoria antes de la crisis del ?30.

Piense la memoria después del ?55.

Durante los años de plomo.

La democracia?

O sea, es situacional.

La memoria organiza el mundo, le da un sentido. Rumbo.

La película ya es un lugar y un tiempo de la memoria. Una encrucijada. Un rescate, a partir de esos hombres de miradas tristes, de un ayer pero hoy, aquí (siempre fue aquí),

Filmar se parece a una excavación, o tal vez a ese trabajo de atar cabos buscando vasos comunicantes donde nadie ve nada. La vida se trata de conexiones, con chisporroteos incluidos. Hay que buscar en las recovas que rodean la Plaza de Mayo, en las escalinatas de la catedral, en los bordes está el principio del hilo de Ariadna.

La memoria no es algo inmóvil, amordazable. Fluye, grita.

Pinta y narra. Rescata imágenes.

Incendia el horizonte y sus bosques se mueven como los de Birnam.

Tal vez sea una irresponsabilidad sostener que las mejores manifestaciones de la memoria se expresan por medio del arte. Porque es lo único que puede transmitir la emoción y el conocimiento. No es refinamiento, tampoco restarle a la ciencia y a la razón la posibilidad de acceso a la verdad.

La memoria, el recordar es subjetivo. Hay un proceso de selección, revisión y recreación en el ejercicio de la memoria.

No es la panacea. Tampoco es un refugio.

No es un santuario y ni siquiera un objeto de culto.

Es un poco nostalgiosa pero no como un fin en si mismo.

La memoria es reconocimiento.

Es lo único que puede contra la muerte que nunca es poca. Es toda, para siempre.

Como el olvido.

Entonces es válido que se desborde. Que nos muestre la hermosa posibilidad de recorrer otros caminos y otros relatos en el que los roles definidos socialmente para un hombre y una mujer se trastocan, se fusionan, y, a la vez, se diferencian.

Los padres no son madres, pero parecen. Las madres no son padres y sin embargo se les parecen.

La fuerza del hijo.

Hay un mundo descentrado, desanclado. El horizonte no tiene la consistencia que le dan la tradición, las certezas, las utopías, las ideas y sus máquinas que la vuelven ideología.

Ni siquiera es ausencia.

Es como si alguien se hubiera olvidado de transmitir. Porque la cultura es transmisión y no televisiva precisamente.

Por eso cuando hablamos de memoria, definiéndola, atándola y valorándola es que estamos hablando de cultura.

Y los hijos son biológicos pero también son cultura.

Ante la imposición de que todo es efímero, leve, rápido, próximo a desaparecer o porque es líquido o es de humo o fluye, o desaparece en el éter o donde sea, los hijos aparecen con la fuerza de la sangre reunida, sin laberintos, con la ternura de los altares caseros: fotos, paquetes de cigarrillos Particulares 30, el boleto del último bondi, billetes, fotos?

Es un umbral.

Un aljibe de donde sacaremos el agua, para tanta sed desértica,
para limpiarnos la mirada
y que la oscuridad sea solamente la de la sala del cine.

Caro leedor: 2 músicas.

1. para el emepe3: Lisandro Aristimuño, Perdón
2. para compartir: J.L.3, Variaciones sobre el allegretto de la Sinfonía # 7, Beethoven.

Publicado en Leedor el 30-03-2010