Despertar de Primavera

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Drama, humor y rock, en un musical diferente que desde Broadway aterriza en el Astral.
Adolescencia. Con sólo pronunciar esa palabra, algo sucede en quiénes la escuchan. Nada cercano a la indiferencia. Todo lo contrario. Los que aún no la atravesaron, la esperan con ansiedad, los intriga; los adultos, en cambio, la recuerdan dependiendo de cómo la vivieron, con alivio o nostalgia, y los que son padres piden sobredosis de paciencia si ya conviven con un hijo adolescente o se arman con todo el arsenal de autoayuda para esperar ese gran momento en la historia de una familia. Mientras tanto, el adolescente, que inevitablemente despierta a un nuevo mundo, adolece. Esto es, fue y será así por siempre. Pero? ¿Qué sucede cuando desde el arte se intenta reflejar esa etapa de la vida? ¿Y qué, cuando la referencia que se toma es la de la sociedad puritana que habitó la Alemania de fines del siglo XIX? ¿Cómo se conecta ese pasado con la realidad de la juventud del siglo XXI? La respuesta es ?Despertar de primavera?, el musical que acaba de estrenarse en el teatro Astral de Buenos Aires, bajo la idea y producción general de Cris Morena.

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Basado en la obra ?Frühlings Erwachen? (El despertar de la primavera), del dramaturgo alemán Benjamin Franklin Wedekind, quien la escribió en 1891, ?Despertar de Primavera? relata la historia de jóvenes (Melchior, Moritz y Wendla, los principales) de un pequeño pueblo germano, que se enfrentan solos a los grandes interrogantes de la adolescencia (liderados por el despertar sexual), mientras continúan con sus vidas dentro del colegio. Esta temática, que le valió no pocas críticas a su autor, incluso una prohibición hasta la primera década del siglo XX, se traslada hoy a la calle Corrientes en el formato de musical, traído por la inquieta producción de Cris Morena quien decidió ?esta vez- centrar su mirada en un drama bien alejado de sus grandes éxitos Rebelde Way, Floricienta, Chiquititas, Jugate conmigo, y la más reciente Casi ángeles, entre otros.

El musical, en su versión original, fue estrenado en Broadway, en el teatro Eugene O?Neill, el 10 de diciembre de 2006. Allí llegó gracias al guión de Steven Sater y a la música del cantante y compositor Duncan Sheik (quien actualmente está componiendo para otro musical, American Psycho), y permaneció hasta el 18 de enero de 2009, cosechando en el trayecto ocho premios Tony, incluido el de mejor musical, dirección, libro y actuación protagónica masculina. Este último premio lo ganó John Gallagher Jr. en el papel de Melchior, mientras que el papel de Wendla lo cubrió Lea Michele (protagonista de Glee, como Rachel Berry), nominada por este rol al Drama Desk Award.

Con tamaño reconocimiento, la búsqueda del equipo creativo y del elenco para la versión local debía ser minuciosa. Morena convocó, entonces, a Ariel Del Mastro para la dirección general (quien fuera director de Eva, Cabaret, Aladin, Peter Pan, entre otros musicales) y contrató a Fernando Dente para el papel de Melchior (ganador del concurso televisivo High School Musical, y nominado al premio ACE por Hairspray), a Florencia Otero para el rol de Wendla y a Federico Salles, como Moritz. El resto del elenco adolescente lo integran Guido Balzaretti, Eliseo Barrionuevo, Leandro Bassano, Julieta Fair Calvo, Cristian Centurión, Dalia Elnecavé, Stella Maris Faggiano, Pedro Frías, Marina Jaccazio, Belén Pasqualini, Micaela Pierani Méndez, Julián Rubino, Ayelén Varela y Nacho Vavassori. Todos con un interesante camino ya transitado, pese a su juventud, en canto, baile y actuación.

Para los dos únicos roles adultos, encargados de mediar o disparar las distintas situaciones dramáticas que incluyen temas como la masturbación, las relaciones sexuales, la homosexualidad, el aborto, el abuso infantil y el suicidio, fue acertada la elección de Tony Lestingi y de Irene Almus (ambos con una amplísima trayectoria en teatro, cine y televisión, incluyendo ?en el caso de Lestingi- dirección teatral en numerosas obras); quienes deben ponerse en la piel de aquellos que detentan la autoridad: padres, maestros, médicos?todo con un sencillo cambio de ropa o accesorios y con la imponencia de sus personificaciones. Es así como se puede ver a Almus, en su rol de madre, tratando de explicarle con evasivas a su hija Wendla, cómo es que vienen los hijos al mundo; y más tarde, haciendo gala de su severidad, es fácil reconocerla como una maestra que imparte reglas. Lestingi por su parte, exige rudamente, a sus alumnos, las lecciones de memoria sin dejar de golpear con el puntero; o se pregunta cómo deberá mirar a sus amigos del club si su hijo reprueba. Más tarde será un médico cómplice o uno inescrupuloso.

Y es esta dinámica de roles, tanto en las actuaciones de los chicos, como en las de Lestingi y Almus, que suma y se complementa a la perfección con la estructura de este musical tildada de atípica desde su concepción. Una única escenografía, a cargo de Jorge Ferrari, (algo diferente a la de la obra en Broadway) es capaz de trasladar al público desde los pupitres de la escuela, al living de una casa o a la soledad de un bosque. En el escenario sólo se verán, constantemente, la banda en vivo -con batería, contrabajo, guitarra y teclado- centrada delante de un gran árbol y, a los costados, unas gradas donde a manera de coro trágico se ubican -por momentos- los personajes adolescentes. El traspaso de un espacio a otro, se logra con un hábil manejo de la iluminación (sin caer en la obviedad), cuyos protagonistas son el mencionado árbol (que parece traído a la vida desde los óleos del romántico alemán Caspar David Friedrich) y el cielo sobre el que se recorta.

Sumado a esto, pasado y presente se harán uno, cuando al ritmo del rock, estridente y bien movido, los jóvenes de rigurosa vestimenta puritana plasmarán su rebeldía, micrófono en mano, con gritos, saltos y malas palabras de innegable actualidad. Cabe destacar aquí las actuaciones de Federico Salles (Moritz) y Belén Pasqualini (Martha) en el punto más alto de dramatización rebelde. En este sentido, la dirección coreográfica de Gustavo Carrizo (La rotativa del Maipo, La vuelta al mundo, Rent), hace que el espectador, joven o adulto, pueda comprender la excitación adolescente o el desconcierto y reprobación con la que los personajes adultos observan semejante despertar. El humor es utilizado como herramienta indispensable para sortear algunas escenas de por si tensionantes, mientras que el tratamiento de las situaciones más dramáticas se lleva a cabo sin golpes bajos. Sólo un grito ahogado, punzante, enfrenta al público con la reflexión necesaria. El despertar es inevitable, de nosotros depende cómo transitarlo.

Ficha tecnica
De ?Frühlings Erwachen? (El despertar de la primavera), Frank Wedekind
Idea y producción general: Cris Morena
Dirección general: Ariel Del Mastro
Libro y letras: Steven Sater
Música: Duncan Sheik
Actúan: Fernando Dente, Florencia Otero, Federico Salles, Tony Lestingi, Irene Almus, Guido Balzaretti ? Eliseo Barrionuevo ? Leandro Bassano ? Julieta Fair Calvo ? Cristian Centurión ? Dalia Elnecavé ? Stella Maris Faggiano Pedro Frías ? Mariana Jaccazio ? Belén Pasqualini Micaela Pierani Méndez ? Julián Rubino ? Ayelén Varela ? Nacho Vavassori
Dirección Musical: Federico Vilas
Dirección de Actores: Rubén Viani
Sonido: Gastón Briski
Vestuario: Alejandra Robotti
Escenografía: Jorge Ferrari
Coreografía: Gustavo Carrizo

Publicado en Leedor el 24-03-2010