Juan Terranova

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Fascinante recorrido por la obra novelística de Juan Terranova.Los experimentos del joven Terranova.

A la fecha Juan Terranova (nacido en 1975, egresado de Letras de la UBA) ha publicado seis novelas, un libro de crónicas (?Notas de un viaje a Italia?, 2002), un rejunte de notas del que a veces se arrepiente públicamente (?El coleccionista?, también 2002) y un libro inclasificable (?El ignorante?). También publicó en una suerte de conspiración artesanal un libro de cuentos titulado ?Música para rinocerontes?, que planea relanzar este año.

El problema de Terranova es que es más fácil encontrar sus frases altisonantes desperdigadas por la web que algún trabajo de análisis sobre su obra (que los hay, pero pocos). No es raro que cualquier reseña sobre un libro de este autor se transforme en un juicio sobre su persona pública, y parte de la culpa la tiene el mismo Terranova, que casi no ha perdido oportunidad de darle rienda libre a su faceta punk, transformándose él mismo en su creación más popular.

En esta nota nos proponemos darnos un paseo por la obra novelística completa, intentando olvidarnos de todo lo que rodea a los libros, que finalmente, es lo que quedará si es que Terranova logra ?integrar mi historia a la historia del mundo? como dice, citando a John Cheever en una entrevista que le hice hace un tiempo.

?El caníbal? (ed. Del Dragón, 2002, 144 págs.) es el primer eslabón de esta cadena. La novela tiene por protagonistas al mismo Terranova, joven escritor con su primer manuscrito bajo el brazo, y a Villegas, un editor caído en desgracia, endeudado y charlatán, que está dispuesto a oficiar de mentor con el novel autor.

-¿Una novela? ¿Y hoy quién lee novelas? En esta época la literatura es algo accesorio. ¿No? Los novelistas argentinos a gatas sí venden libros. La mayoría va a pérdida. La literatura como la conocíamos se fue a la mierda.

-¿Entonces se acabó la literatura?

-En algún sentido, sí.

Así comienza ?El caníbal?, en plena conversación entre Terranova y Villegas. El lector se encontrará también en esa primera página con un recorte de diario, y es que Villegas está empecinado en demostrarle al joven escritor que hay más narrativa en la sección de policiales de los diarios que en cualquier novela. No dice aquí nada que no se haya dicho antes: la realidad ha superado a la ficción. Lo novedoso es que esa es la estructura que toma entonces el libro. Terranova-personaje sopesa las teorías de Villegas, leyendo recortes varios que el editor ha coleccionado, mientras que Terranova-autor ya ha canibalizado su propia novela a través de la idea de Villegas, y así esos recortes de diario forman una buena mitad del libro, los comentarios alrededor de éstos, la otra mitad. Pero la dualidad Terranova vs. Villegas se traspasa no sólo a Realidad vs. Ficción, sino también a Literatura clásica vs. Literatura del siglo XXI, y finalmente, Argumento vs. Narración Pura.

Como toda novela de Terranova, ?El caníbal? es un muestrario de ideas, un ejercicio en coloquialismos, y un experimento que busca la voz propia del autor en medio de un panorama poco alentador.

Su siguiente novela es ?El bailarín de tango? (ed. Del Dragón, 2003, 192 págs.), que está contada casi enteramente a modo de diálogo telefónico entre dos mujeres. Una de ellas se encarga de leerle a la otra las noticias, justamente, de la sección policial del diario (generando una continuidad con ?El caníbal?) y la otra cuenta en módicas cuotas el comienzo, transcurso y final de su relación con el tan mentando bailarín del título.

Más allá del ejercicio de estilo que Terranova pone en juego al narrar únicamente mediante diálogos telefónicos (no hay descripciones, es lectura coloquial y muy ágil, y cuando es necesario dar un clima o una ilustración, es través de lo que dicen los personajes) las dos mujeres de la novela no terminan de convencer: hablan como cualquiera de los muchachotes del universo del autor, y quizás por eso hay una artificialidad que recorre el libro de punta a punta.

Mucho más logrado es el ejercicio siguiente, que aborda con ?El pornógrafo? (ed. De Los Cuatro Vientos, 2005, 224 págs.), donde las charlas telefónicas de la novela anterior dan paso a otro libro de diálogos, pero esta vez se trata de chateos entre dos noctámbulos. En esas conversaciones nocturnas entre los protagonistas van surgiendo diferentes temáticas, generalmente relacionadas con el porno, las relaciones, y las mujeres.

-Bueno, pero es el Talmud.

-¿Por qué?

-Sí.

-¿El Talmud qué dice?

-En el siglo V, el Talmud de Babilonia.

-¿Qué dice?

-Que la masturbación masculina era castigada con la pena de muerte.

-Directamente.

-Así.

-¿Era justicia divina o la aplicaban los hombres?

-No entiendo.

-¿Te caía un rayo fulminante del cielo o había alguien que te metía un palazo en la cabeza?

Se puede sentir el disfrute lúdico del autor utilizando el lenguaje propio de la charla a través de mensajeros instantáneos, los delays propios de este modo de comunicación: el modo en que las respuestas y las preguntas se entremezclan. El título, sin embargo, es azaroso. El hilo ?argumental? lo llevan las complicaciones que tiene uno de ellos con su novia y el trabajo del otro con un mercader de la pornografía, pero hay en las charlas y en la investigación de los temas que se tratan (el rasgo ?wikipédico? que llegaría a su apoteosis en ?Los amigos soviéticos?) un gusto por lo bizarro, lo asombroso, que hace del libro una lectura amena, en la cual los personajes podrían estar hablando con el lector también como un tercero incluido, o mejor aún, serían charlas en las que el lector es una suerte de hacker inocente, un modelo más de voyeur del nuevo siglo.

En tren de experimentos, ?Mi nombre es Rufus? (ed. Interzona, 2008, 144 págs.) es formalmente impecable, pero la sustancia es demasiado efímera como para justificar un libro. La historia completa de este libro podría resumirse así: ?Birmania era una banda de punk argentina de fines de los 80/principios de los 90. Y se pudrió todo.? Se adivina la idea de escribir una novela estilo punk argentino: puro objeto y nada de revoloteos ni subterfugios argumentales ni segundas voces: es energía pura en la dosis mínima. La cuestión que divide las aguas radica en si el experimento funciona mejor en la teoría que en la práctica. Hay quienes defienden este libro como uno de los puntos más altos de la nueva narrativa argentina. Por otro lado, Terranova ha contado alguna vez que simpatiza con la definición que alguien le prestó, según la cual el libro parecería ?las notas al pié de una Historia del Rock?, lo cual hace pensar una idea interesantísima, pero que aquí resulta ejecutada de modo maniqueo, que finalmente le sirve al autor para pasar catálogo a unos cuántos discos y situaciones reconocibles para cualquier ex músico, o músico en actividad, pero no mucho más que eso. La pregunta sería, entonces, una vez terminado este libro, ¿qué nos queda de él?

Como se ha marcado, el libro entero está escrito a modo de epígrafes, todos brevísimos, a veces meras perogrulladas:

42.

No es lo mismo hacer música a los dieciocho que a los veintisiete.
A cualquier que siga el blog o el twitter del autor, no le costará encontrar en ellos mil frases como esta.

Al año siguiente, Terranova publicará dos novelas: una, tal vez su peor libro, la otra, tal vez el mejor. Así es el mundo Terranova. ?Lejos de Berlín? (2009, Aquilina, Colección Negro Absoluto, 360 págs.) está encuadrado dentro de una colección de novelas policiales negras ambientadas en nuestra Buenos Aires querida. Se trata de escribir ficción de género, en una estructura clásica? y eso es algo que Terranova definitivamente desprecia (en la presentación misma de ?Lejos de Berlín? el autor declaró estar absolutamente desinteresado en todas las reglas propias del policial negro). Como no podía ser de otro modo, no hay mucho en tan largo libro, que remita a la identidad del autor. La historia policial en sí es un constructo desganado (casi toda la novela tiene gusto a desgano, a decir verdad, excepto las escenas que tienen que ver con el pasado en las SS del protagonista, y ciertos mitines en bares y fondas donde los personajes intercambian ideas sociales y políticas; allí retorna el diálogo de ideas y expresiones coloquiales que tanto ha funcionado en otras novelas del autor).

En cierto modo, este es el experimento más desafiante que Terranova pudo haber escogido: escribir una novela que es un ejercicio argumental de género, algo que no tiene nada que ver con sus intereses como escritor. Es probable que Terranova haya supuesto que podría construir un buen libro a base de experiencia, lecturas, y cierta solvencia, pero la trama policial es un completo desastre: por empezar no logra intrigar, sus sorpresas están mal ejecutadas, las escenas de sexo están presentes sólo para aportar un supuesto interés morboso que no logran conseguir; parece como si el autor estuviera escribiendo con el único interés de sacarse de encima la tarea y poder pasar a otra cosa. Esto es evidente incluso en la pobreza del lenguaje utilizado (por ej: ?dijo que sí con la cabeza? se debe repetir en relación 1 a 1 en trescientas páginas) y la cantidad de errores de ortografía o edición que han pasado desapercibidos por todos los implicados. Sin dudas, el peor de los libros de Juan Terranova (al menos entre sus novelas), y aún así, hay algunos momentos interesantes, que tal vez por ser pocos, brillan particularmente en esta obra malograda.

Por suerte, Terranova no sólo la empata, sino que gana con el gol sobre la hora con ?Los amigos soviéticos? (2009, Mondadori, 208 págs.), novela que se reseñó aquí no mucho tiempo atrás y que cuenta las andanzas, como no, por bares y calles, del narrador (un JT anónimo) y sus dos amigos ?soviéticos?, Volodia y Serguei. Entre ellos hablan de las temáticas que suelen interesar al autor: política, historia, pornografía, aparatos culturales, tecnología. Pero el choque de culturas, una casi en extinción, hace de este libro un hallazgo poderoso. ?¿Qué nos dejó la Guerra Fría? ¿Existe el estilo argentino-soviético?? se pregunta la contratapa del libro, y la respuesta, vaga y lúcida a la vez, termina transportando al lector a ese no-lugar en el que habitan Volodia y Serguei: allí entre lo que fue y lo que ya no será.

Así las cosas, tal vez los dos polos de su obra novelística, ?El caníbal? y ?Los amigos soviéticos?, sean lo mejor de su obra. La primera, con toda la energía fresca de un comienzo ansioso, la última, con un manejo de los tiempos y una melancolía prestada que es producto de una pluma más trabajada, más afinada. En el medio nos quedan una serie de experimentos, algunos fallidos, otros interesantes, que sólo harán las delicias de los seguidores de este autor. Tal vez sea conveniente empezar por el principio. O por el final. El mejor Terranova espera en ambos lados.

Publicado en Leedor el 23-03-2010