Asensio en Hotel Melancólico

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Encuentros y desencuentros en una obra de Mariela Asencio con notables actuaciones. No te la pierdas.Un hotel rancio y deslucido con un sólo baño compartido, tal vez porque allí, en el baño, se suceden esos comportamientos íntimos que nos muestran más esenciales; un patio en el que todo puede acontecer y una escalera que lleva a las habitaciones de arriba tan invisibles como las de abajo, conforman el espacio escénico de este Hotel Melancólico en donde seis seres con nostalgias de amor, se enredan y desprenden entre la soledad y la búsqueda. Pero el espectador se ríe, no sólo por la clave de comedia en que Mariela Asensio ha escrito la dramaturgia, sino también porque tal vez en el absurdo de esos vínculos se reconoce en algún tiempo en que amar y ser amado fue arduo hasta la irracionalidad.
Así una mujer perro encarnada por una brillante Leticia Torres y una señorita perdida en los vericuetos del idioma francés, en la piel de María Laura Kossoy que se las arregla para adiestrarla y cantar cual gorrión de París, se entremezclan con una pareja que se ama y repele, con el hombre que vive arriba y con un músico que acompaña todas las situaciones a cargo de Darío Lipovich.
Asensio maneja muy bien la mezcla de lenguajes, entonces danza, música, poesía se funden para dar como resultado una puesta distinta y novedosa aún después de haber subido 5 temporadas a escena.

¿Porqué el hombre de arriba, en un gran trabajo de José Márquez, adusto e introvertido no desea el amor de la mujer pero y en cambio seduciría con pasión al novio del par, Federico Schneider, que se acerca y aleja? ¿Por qué la novia interpretada por Silvia Oleksikiw, quiere pero no puede?
¿Porqué todos hacen el Test Cosmopolitan y salvo a uno les da a todos el mismo resultado, aún a la francesa que se copia de los demás?
Tal vez, por que unirse y separarse, amarse y repelerse, sentir y estar yermo es el vaivén en el que todos nos movemos a lo largo de nuestras vidas.

Tal vez ?melancólico? funcione aquí como una hipálage, aquel recurso de estilo que Borges usaba con maestría y que aplica el adjetivo a una cosa y no a una persona, porque la melancolía está en todos y cada uno de los personajes de este hotel de soledades y encuentros.
Pero en la puesta de Asensio hay un plus y es la interrogación a ese estereotipo que se ha hecho de las mujeres predicando que no deben estar solas, que más vale mal acompañadas que solteras, que mejor malqueridas que célibes ya que todavía son muchas las que en esos test de revistas supuestamente femeninas, buscan una verdad para dejar de estar solas. Cómica y ágil, Hotel Melancólico entrega al espectador un mundo en el que todos nos balanceamos alguna vez con el vértigo del deseo.

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