Mal de familia

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Algo de la inmediatez de los relatos infantiles en este libro de Verónica Sukaczer, el primero que la autora escribe para adultos.
Verónica Sukaczer tiene unos cuantos libros para chicos publicados. Y no es un dato menor, porque en su primera colección de cuentos para adultos hay algo de la inmediatez propia de los relatos infantiles. Cada cuento es argumento puro: la descripción de los personajes es apenas esbozada, porque después de todo, el núcleo familiar, en cualquiera de sus designaciones, es el protagonista exclusivo que atraviesa todos los relatos. Y todos sabemos cómo luce una familia.

La autora aprovecha este sobreentendido ?esta complicidad, sería mejor decir- para introducirnos en cada historia sin prolegómenos, generalmente a caballo de un sentido del humor irónico y muy argentino. Así pasa en ?El Deseo?, en el que un pacto mefistofélico devuelve de la muerte a la suegra de la protagonista. Sukaczer no se detiene en el problema del verosímil: su apuesta tienen que ver con el absurdo, y así sus personajes no se preocupan tanto por entender cómo es que una suegra vuelve de la tumba si no más bien por resolver cómo llevar adelante la vida con ella. Como en toda familia, hay un desequilibrio cotidiano al que se está acostumbrado, y ese es el terreno con el que la autora trabaja.

Así como la suegra, en versión sobrenatural, atenta contra la tranquilidad de una pareja, en cada cuento hay una configuración familiar reconocible que da lugar al relato. en ?Tres hermanas? una familia de buen pasar alojada en un barrio cerrado se ve resquebrajada cuando lo que comienza como una típica disputa por dejar en claro a quién le corresponde lavar los platos termina sacando lo peor de cada una de las hijas, cada una revelando los secretos más íntimos y pudorosos de las otras. ?La herencia de tía Ágatha? cuenta la peripecia por la que cada uno de los miembros de una familia pasa con tal de ganar el favor de la vieja y así hacerse con la promesa de una suculenta herencia. ?Las necesidades del niño? nos presenta el caso de una pareja que no consigue adoptar por cuestiones burocráticas y entonces acude a internet en busca de sitios de adopción internacionales. Están decididos a adoptar sin más al primer niño que aparezca en la pantalla, pero? siempre algo los detiene: uno es un africanito, y ¿cómo separarlo de su raza? Otra es una niña oriental, y ¿cómo se comunicarán con idiomas tan diferentes? En ?Mamá tenía razón? una mujer de mediana edad que maneja una editorial absorbida por una gran empresa tiene que anunciar recortes de personal, entre ellos, su propia madre, que fue quien la inició años atrás en el negocio que fuera su vocación.

El tema de la famosa repetición que va de generación en generación ?generalmente de madres e hijas- es un tema recurrente, y eje particular de ?La clásica historia? y el cuento que presta el título del libro, historias en las que por querer tomar el camino más propicio para evitar reproducir con una hija lo que se vivió con la madre, se termina provocando esas mismas penurias, como si fuera un destino inevitable.

En sus mejores momentos, estos breves retratos de familia son entrañables en su simpleza, en su fuerza evocadora de estereotipos comunes a todas las familias argentinas, y por ende, dándole vida a personajes que tienen mucho de nosotros, lo que hace la identificación instantánea y la sonrisa del reconocimiento, inevitable.

Publicado en Leedor el 9-03-2010