Aquel querido mes de agosto

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Lo que comienza como un documental fragmentado con canciones de un pueblo montañoso de Portugal, termina siendo una gran ficción: acto creativo de un cine que fluye. Será uno de los grandes estrenos del 2010.Se estrena en Buenos Aires la película que ganara la edición 2009 del BAFICI.

Lo primero que hay que decir es que esta película es una sola. Ni siquiera tiene dos partes. Es una bocanada de cine fresco, personal y distinto. Con tiempos propios y personajes contundentes que tienen dos momentos para decir su papel ?el del documental y el de la ficción- la unidad resultante es un camino sinuoso que roza todo el tiempo los límites.

Es que es una película sobre los límites. El exceso parece serle constitutivo. Es excesiva como documental, excesiva como mezcla, excesiva como ficción. Pero no satura. Excesiva en lo sutil, en el detalle, en la búsqueda.

Una película de cielos, donde todo es rojo y verde, todo es musical, todo es vino, pasiones, caminatas, montes, vistas, aires diáfanos, incendios amenazantes, hombres y mujeres que se juegan todo o nada.

La magia de este film quizás radica en llevar adelante un relato concéntrico desde lo errático. Concéntrico porque todas las historias periodística y también antropológicamente mostradas al comienzo se transforman en personajes de lo que luego será la ficción. Pero esa llegada donde todo encaja es más bien rumbeante, sutil y equívoca. Hay pistas del comienzo que luego se diluyen o son solo un aire, un clima, un pequeño desliz casi caprichoso.

Un director, el mismo Miguel Gomes que filma una película pero que no quiere actores, sino gente. Y esa gente que sale de los pueblos para ser lo que quizás ya es. Lo más interesante de la película tal vez sea ese continuo imperceptible entre el reality y la ficción, entre la entrevista y la actuación, entre el testimonio y el recitado.

Capítulo aparte el maravilloso final, que vuelve a decirnos que todo era cine, y que reivindica a los sonidistas, a su imaginación, la caja negra de esos señores que en las filmaciones se la pasan portando una caña y metidos en su mundo de auriculares.

En síntesis, una película para ver, exquisita, un director para seguir esperando, un cine que nos impone otras lógicas narrativas, utilizando creativamente recursos e historias. No se la pierdan.

Publicado en Leedor el 1-03-2010