Es Inevitable

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El derrotero de las parejas homosexuales cuando el/la compañera fallece tratado con singularidad en la obra de Diego Casado Rubio. Vuelve a la Carbonera desde el 7 de marzo.A despecho de nuestra voluntad, la muerte es el marco de la vida, siempre la limita. Se dice que somos seres de angustia ya que sabemos que nuestro destino se cumple en un lugar implacable y certero.

Será esa condición de ?inevitable? que la muerte posee, la que tal vez le entregue la función de ser quién resuelve las tragedias clásicas clausurando la cadena de infortunios que pesaban sobre los protagonistas. Así como en nuestro tiempo conlleva la posibilidad de reflexionar sobre los sentidos de las vidas de los que quedaron. Desconsolados por la pérdida ahora, jocosos de recuerdos un rato después, meciéndose ingrávidos en el columpio del duelo, a veces allí arriba y luego rasando la tierra, los que se quedan están a merced del sufrimiento.

Es inevitable, escrita y dirigida por Diego Casado Rubio parte desde ese puerto del dolor que es el féretro donde yace el ser amado, para sortear todos los estados de ánimo en torno al recuerdo de tiempos felices y el malestar de haberlos perdido para siempre. Alguien ha muerto y su compañera dialoga tratando de arrebatárselo a la muerte.

Parodiando tal vez, una de las mejores novelas españolas del siglo XX, ?5 horas con Mario? de Miguel Delibes, Diego Casado Rubio se permite una crítica y un develamiento acerca de los vínculos amorosos cuando estos pertenecen a la diversidad. Y así como la viuda de Delibes utiliza el monólogo interior para retratar la España de los sesenta mostrando un estado de cosas durante el régimen de Franco, el texto de Casado Rubio exhibe una crítica expresa sobre el derrotero de las parejas homosexuales cuando el/la compañera fallece. Los derechos de herencia (materiales y amorosos) se cuestionan en la obra, partiendo de una de esas parejas idénticas en amor a las heterosexuales pero con derechos muchas veces negados ya que la homofobia derivó y deriva, aún en muchos lares, en un vacío legal sobre esas uniones ?de hecho?.

La tecnología forma parte de obra sin restar jamás dramaticidad ni añadir extrañamiento. Los recursos audiovisuales completan el espacio escénico colaborando con lo que se quiere narrar mientras aportan la cuota de luminosidad a las escenas en donde lo íntimo del velatorio cede paso a los recuerdos de otros tiempos más felices pero a la vez marcados por la discriminación, lo no dicho y la imposibilidad de un ?nosotras? puertas afuera.

El diseño de iluminación y vestuario es funcional a la puesta en escena en todo momento, duplicando casi con exactitud la paleta del audiovisual. La actuación de Estela Garelli a cargo de la viuda es de gran solvencia dramática y redunda en una gran empatía por el ser de su personaje. Patrizia Alonso (la muerta) y Lorena Viterbo (la hija) acompañan, respectivamente, la tarea, aportando lo fantasmal, en el caso de la primera y la ironía y el desparpajo, en la segunda, sobre la mirada del vínculo de estas dos mujeres que son su familia y que examinadas por los ?otros? son distintas.

Diego Casado Rubio trae novedad en este modo de mostrar el amor siempre puesto en jaque por los discursos institucionalizados de la homofobia en términos de diferencia y discriminación. Pero además, aporta al drama teatral, la materia cinematográfica que completa la diegésis y la enriquece ya que desde el comienzo de los tiempos los temas son los mismos. Contarlos de un modo singular sigue siendo la gran apuesta de nuestro tiempo.

Publicado en Leedor el 13-07-2009