Más respeto que soy tu madre

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Del blog a la novela y de la novela al teatro: una obra que es un éxito en Mar del Plata y que vuelve pronto a Buenos Aires. Te contamos por qué.Que Más respeto que soy tu madre es un éxito de público es una verdad que se refrenda con las interminables colas que en la ciudad de Mar del Plata ocupan más de una cuadra, ya que las entradas se adquieren con una semana de anticipación no obstante realizar dos funciones diarias de martes a domingo.

Que Antonio Gasalla ha transitado con idoneidad una carrera de showman, actor, guionista y director, también es una verdad inobjetable. Desde sus inicios en el under, en sótanos donde era difícil hacer prender un género como el Café Concert, Gasalla recorrió con éxito su llegada a la masividad, elaborando siempre personajes representativos, sean estos freaks o prototipos reconocibles. Su arribo a la pantalla grande fue no menos exitosa y ?Esperando la Carroza? ha batido records de público y sigue siendo un film de culto que nos arroja a la cara cómo somos, aunque entre esas risas haya varios golpes a la quijada.

Pero ¿qué hace que Más respeto… tenga record de público, haya ganado varios premios y que después de un breve descanso en marzo, regrese a los escenarios porteños en donde se prevé que volverá a liderar los primeros puestos de la taquilla?

Este éxito del teatro comercial tiene varios puntos de elaboración que lo equiparan al of. Nada de escenografías sofisticadas, ni vestuarios fastuosos, ni efectos especiales. El público ingresa a la sala y observa un panel en el que se ve el frente de una casa de clase media baja, algunas macetas y los cables de una antena para ver sólo canales de aires se reflejan en su fachada. Cuando este panel -al igual que otros que se irán sucediendo para mostrar distintas vicisitudes de la historia- se levante, la acción se centrará en una típica cocina que en los pueblos es el centro donde convergen todos los integrantes del clan familiar.

Cuando Antonio Gasalla irrumpe en escena, para encarnar a MIrta Bertotti, el público no permite el inicio de la obra porque el aplauso cerrado y extenso no lo deja decir ni una palabra, pero a la vez su pedido de silencio opera como el primer gesto de intimidad con aquellos a los que se dirigirá casi como un narrador testigo rompiendo la cuarta pared de un modo continuo. Mirta Bertotti de 52 años pierde el control de su vida y de su cuerpo. Una menopausia esperable y virulenta va mermando sus capacidades: dolores óseos, sequedad vaginal, irritabilidad, falta de deseo y depresión son los síntomas que su manual para climatéricas define de forma taxativa. ¿Pero, puede darse el lujo de echarse a llorar, tirarse en la cama o ir a un spa? No, porque su marido se encuentra desocupado, vive en pijama y su malhumor y depresión no dan tregua. Su suegro, un octogenario más moderno que ella, cultiva cannabis que expende como un narco y sus hijos manejan un repertorio de neurosis que Mirta se esfuerza en manejar sin gran éxito. Ignacio el mayor, que estudió y es pulcro y sensato, será puesto al descubierto en su homosexualidad a través de una llamada ligada que deja a su madre sin aliento. No hay condena alguna sobre su condición sexual, sólo turbación ante la carga erótica de los dichos de la pareja de su primogénito. Su segundo hijo también tiene un desborde hormonal incontenible que, sumado a los cigarrillos de marihuana que le provee su abuelo lo tornan movedizo y concupiscente. La niña de sus ojos, pronta a convertirse en una señorita no muestra el menor recato y se prostituiría sin conflictos a los 14, a través de una webcam sólo para conseguir un vestido nuevo.

Todos los integrantes de la familia tienen deseo menos ella y la única vez que se alude al sexo con su esposo lo expresa diciendo: tengo el cuerpo roto… Cualquiera en su lugar enloquecería pero Mirta tiene al público. Rota la cuarta pared, ella hace catarsis con cada uno de los que como un magma indisoluble pueblan la platea. En cada situación de conflicto, Mirta se desplaza al extremo izquierdo del escenario donde un biombo que le tapa medio cuerpo le permite cambiarse para lo que vendrá y a la vez confesar sus más íntimos temores, sus anhelos y esperanzas.

Así muchas mujeres de clase media y media baja se reflejan en ella y hacen en conjunto su purificación. Justo es decir que la obra está hecha a la medida de Gasalla, quien se la carga al hombro ya que todos los personajes, sin desentonar nunca, son resortes necesarios de la angustia que se matiza de modo permanente con el humor logrando que la puesta no sea un drama. Ellos están al servicio de representar aquello que una madre pueblerina debe soportar para que eso que llamamos núcleo familiar se sostenga a pesar de que sus integrantes sean tan insólitos.

Los paneles que conforman parte del diseño escenográfico también tipifican: así Lago Puelo será un lugar para el Carpe Diem, representado como un poster idílico cuando su hijo, ahora bisexual, se marcha allí con su nueva novia y anuncia que espera un bebé o cuando aparece la tarjeta del cumpleaños de 15 de la hija como fondo, mostrando así el kitsch que estos festejos pueden alcanzar. La iluminación acompaña en todo momento la narración siguiendo de modo eficaz las confesiones de Mirta.

Nacida de la mano de Hernán Casciari como una novela narrada en un blog, publicada luego por Plaza & Janés, en España en 2005, y por Editorial Sudamericana, en Argentina, en 2006, adaptada y dirigida con eficacia por Gasalla, Mas respeto que soy tu madre recibe aplausos de pié como el merecido reconocimiento a ese trabajo casi balzacsiano de su protagonista que puede encarnar mujeres que son fácilmente reconocibles y hasta queribles por ese sustento que les da el ser y sufren horrores por esa moral pequeño burguesa de la que no pueden abjurar.

Publicado en Leedor el 20-02-2010