Afterplay

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Entramado de mentiras chejoviano en la obra de Brian Friel con excelentes trabajos de Lidia Catalano y MIguel Moyano. Afterplay es una de esas obras que sin artilugios técnicos ni grandes decorados, logran hacer del acontecimiento teatral un hecho mágico, único. Por un poco más de una hora los espectadores nos trasladamos en tiempo y espacio a Moscú de 1920 y tenemos ?un encuentro con dos entrañables personajes de Antón Chéjov?.

Las palabras del autor presentes en el programa de mano nos dan el marco, el contexto donde situar a estos personajes y poder comprender quizás un poco mejor la esencia, el origen de ambos: ?Llamé a esta obra Afterplay porque regresa a la vida de dos personas, Andrey Prozóvoc (Tres Hermanas) y Sonya Serebriakova (Tío Vania), quienes tuvieron una existencia previa en dos obras por separado ambas fueron escritas por el mismo autor hace más de cien años?.

La esencia de Chéjov se traslada a la obra de Brian Friel, estos dos personajes que siguieron viviendo más allá de las obras, acumulando experiencias pero sin perder sus orígenes y su existencia trágica. Sonya sigue atada a un amor no correspondido y a los problemas de la finca de su tío. Andrey tiene una vida inconclusa que sostiene a partir de mentiras y recuerdos confusos.

El programa también contiene algunas palabras acerca del autor que son pertinentes para describir su trabajo: ?Su forma de escribir tiene la magia de describir en lo pequeño el misterio secreto de la vida. Brian Friel es capaz de ver lo extraordinario en la vida ordinaria, como Antón Chejov.?

Este universo cotidiano es llevado a la escena por el director Marcelo Moncarz quien logra, con una gran sutileza y comprensión del texto dramático, trasladarnos a un triste café en algún lugar de Moscú y permitirnos espiar el encuentro de esos dos seres. En efecto somos testigos de un segundo encuentro ocasional de Sonya y Andrey, (ya que se habían conocido el día anterior) que termina siendo un encuentro confesional de algunas ?falsedades o pequeñas ficciones?.

Este es uno de los intersticios por los que se vislumbra la obra de Chejov, un aspecto sustancial de sus obras, la incapacidad de comunicación. Sonya y Andrey, conversan mucho pero entre ellos está la mentira que les impide ir más allá, conocerse realmente. Hablan de otros, hablan como si fueran otros, hay una búsqueda de la identidad (especialmente Andrey). Son personajes solitarios que se encuentran en un espacio extranjero para ambos y comparten un momento de sus vidas. Lo interesante es que el entramado de mentiras que van armando y desarmando, genera cierta empatía entre ellos y con el público. Son dos seres solos que tratan de hacerse compañía y disfrutan riéndose juntos pero en el fondo siguen siendo dos completos extraños.

La labor de Lidia Catalano y Miguel Moyano es impecable, logran darle cuerpo a Sonya y Andrey con una simpleza y al mismo tiempo majestuosidad en las actuaciones que los convierten sinceramente en seres entrañables y nos permiten perdonarles esas pequeñas falsedades. Es gracias a ellos que el texto de Brian Friel se sostiene, logrando evadir las dificultades que implica por momentos un texto que recae más en la palabra que en la acción.

El trabajo de Cecilia Stanovnik y Omar Possemato, en el diseño de escenografía y vestuario y diseño de iluminación respectivamente, son pertinentes y generan una atmósfera cálida que enmarca a estos dos personajes.

Es un teatro que se sostiene en la palabra, al buen estilo chejoviano, con una puesta en escena predominantemente estática y dos actuaciones brillantes gracias a cuales se mantiene la obra y hacen de Afterplay un espectáculo que vale la pena ir a ver.

Publicado en Leedor el 19-02-2010