Milita Molina

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La publicación de Letranómada del cuarto libro de Milita Molina es una larga declaración de principios contra el andamiaje hipócrita que teje la literatura.La literatura fuera de lugar

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Los escritores suelen tomarse muy en serio. Pugnan por lograr una estética propia, una mirada que los distinga, una dirección que les de un lugar en la constelación Literatura. Se trata de un territorio habitado por periodistas, editoriales y lectores super nutridos de la ?banda multibizca? de los críticos culturales que nos aplasta repitiéndonos frente al mismo espejo. La publicación del cuarto libro de Milita Molina es una larga declaración de principios contra ese andamiaje hipócrita que teje la literatura. Melodías Argentinas es una obra encadenada con piezas contra la impostura del arte, de la política y de las engañifas de los autores atrapados en las resonancias que destila la lectura. Cada capítulo es una piedra, que bien puede tirarse o engarzarse alrededor de una preocupación estética que conduce a interrogantes tales como por qué escribir, a quién, cómo? En fin, un punto ciego, enlodado y encantadoramente fatigoso.

Un editor en una oficina diseñada con ?estilo internacional?, bañado en ?su cara fragancia? dice: ?puedo hacer funcionar tu novela?. Milita duda, lo desprecia pero tal vez lo necesite. Odia a las ?sacerdotisas de la cultura? pero sabe que pueden conducirla a su público, ¿sus lectores? No. Prefiere ser la ?malabarista torpe que impone ritmo a cambio de dejar un tembladeral?… Elige una partitura hecha de fragmentos, instantáneas sin tema, retazos de escenas teatrales o diálogos. Como el que entablan dos personajes dentro de un cuadro, un caracol y una mujer sentada en una silla que disertan sobre qué es ficción y realidad y las virtudes del feminismo. Mientras, piensan si pueden ser pareja en marco de la libertad ya no sexual sino de especie.

Milita tiene incontinencia verbal y un fluir de la conciencia delicioso asentado en un lenguaje de frontera que mira desde afuera. Un lenguaje ajeno a las cartografías del pensar racional, un lugar silencioso que sólo puede ser visitado por la imagen literaria descarnada y el arte de altura simbólica. Su afuera trabaja como un mojón que indica la finitud de todo conocimiento instituido y de toda episteme de aspiraciones totalizantes. ¡Fuera esteticismo! Este lenguaje sólo admite la conciencia usurpada por una ansiedad de palabras. ¿Qué pasa cuando el hablar se suspende, cuando desaparece el “yo hablo” y pulula el silencio dentro de la mente callada? En ese instante, el lenguaje transgrede su interioridad y centellea como derramamiento o murmullo, en un afuera infinito. Ese es el territorio de Milita.

La ironía borbotea contra el mundo de intelectuales que huelen rancio ? los mismos de los que se nutrió ? y a los que igual alude como en la noche en el departamento de policía de la calle Moreno entre ?putas que tampoco se salvan del existencialismo francés?.

Melodías Argentinas lleva el ritmo de una larga canción. Perdiendo el gusto a casi toda la literatura, las figuras de Milita recuerdan a una semántica rockera-melancólica (estoy pensando en el Indio Solari) con construcciones como ?Ángel de la noche?, ?Adiós muñequita de Chandler?, ?Ya no hay poesía que me espante?, ?todos culestrones?, ?Barulo te chupo el culo Big muerto?, ?el perro rojo de mi soledad?, ?vómito caro? y otras. La analogía es nostalgia y recurso. Con referencias a Dogville y Cassavetes se tienden raros puentes bamboleantes con un poco de montoneros, exilio, dictadura, ausencias y la pérdida de la vida cultural de los 70.

Una alineación con Osvaldo Lamborghini, Gombrowicz y Copi conduce a una nueva dislocación del texto, al trastrocamiento del punto de enunciación donde la escritora, en su devenir discursivo íntimo y verborrágico, compone otro ?yo? en la figura de un poeta puto. El nacimiento del ?poeta puto? sucede en el mismo día que Eva Perón renunciaba a la vicepresidencia. Esa casualidad del destino que dice opacarle el comienzo de su existencia, se replica en la vida de la propia escritora quién también nace en esa fecha. La serie – Poeta puto, Eva y la propia Milita ? ¿el nombre es destino?, se convierte en un hecho literario, es decir en un presagio sobre su devenir marginal por los bordes de la vida y la literatura.

Luego, una muerte (uy, con olor a existencialismo) que marca el fin del zafarrancho lingüístico y paródico. En el capítulo ?Ni en Polonia?, un relato despojado y sin eufemismos, narra la única historia digna de ser contada: la muerte de Nicolás Rosa. Y con él se muere la ?novelista? que Nicolás creía ver en ella. Para Milita ?Nicolás Murió?, no se fue de gira, ni está en el cielo, ni de viaje, ni en Polonia ? donde era su deseo ir -, simplemente murió un hombre más preocupado por las preguntas que por sus sesudas respuestas. Un nuevo puente se extiende. Es el de Nicolás Rosa en El arte del olvido habiéndole dedicado varias líneas a Milita Molina:

?A orillas del río Paraná, el fuego incandescente que funde todos los relatos es un fuego inexorable, una luz incesante, de aquellas que no acaban nunca? Sólo un sol santafesino puede provocarlo. Un fuego que en los relatos de Molina se convierte en soberbia pura?.

Editorial Letranómada publica Melodías Argentinas, un libro tallado por un vaivén que logra piezas únicas, capítulos bellos y personales, risueños y trágicos que componen un collar atípico que luce, pero no en cualquiera.

Una literatura, que como la vida, siempre está fuera de lugar?

Publicado en Leedor el 14-02-2010

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