Patriotas

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Un libro a contrapelo en más de un sentido y su lectura, un ejercicio para advertir las nuevas zonceras que afectan a nuestra sociedad.

PATRIOTAS. Héroes y hechos penosos de la política argentina
Juan José Becerra

Detenerse a observar la vidriera de una librería en cualquier barrio de Buenos Aires se ha convertido en los últimos años en un ejercicio pautado por las inclemencias del poder catódico. Poder que, indudablemente, ha extendido su radiación portando esa confianza sin fisuras que caracteriza a los vencedores que se sienten en terreno protegido.

Estas escenografías se destacan tanto por la cantidad de ejemplares de un mismo título dispuestos en serie -como si la repetición de la cubierta de turno necesitara machacar las órbitas del transeúnte hasta saturar su campo de visión – como por los coloridos carteles que los publicitan. Allí vemos despacharse entonces, el gesto adusto e impecablemente acicalado de Oscar González Oro, las fórmulas de la felicidad de Guillermo Andino, el fascismo new age que nos alerta sobre la posible toxicidad de una porción de la raza humana, la mayéutica según Jacobo Winograd y las infaltables investigaciones de algunos periodistas apresurados por reservar la parcela más soleada y acogedora de las pantallas para después de las elecciones del 2011.

Cabe preguntarse por el alcance del significado de este paisaje, ¿acaso es un ejemplo de lo que prefiere aquello que se denomina opinión pública?

En este contexto, Patriotas respetando el tono que el autor le imprime en sus columnas de la edición nacional de “Los Inrockuptibles”, es un libro a contrapelo en más de un sentido y su lectura, un ejercicio para advertir las nuevas zonceras que afectan a nuestra sociedad.

Becerra toma como objetos de análisis a representantes y a hechos recientes de la política nacional que configuran el heterogéneo panorama del creciente avance conservador en Argentina. Tanto unos como otros no son ejemplos aislados, no es sólo su contemporaneidad el factor que los imbrica, se trata de piezas de una trama mucho más compleja que también se despliega en otras direcciones, en otras temporalidades, en otros actores.

A la hora de abordar a estos personajes, Becerra opera desmontando los distintos niveles en los que se asienta la construcción de sus discursos. Detecta en ellos sus recursos retóricos, sus obsesiones, sus relaciones con los medios de comunicación y los vectores ideológicos dominantes.

Así tenemos entonces, el caso del rabino Sergio Bergman y su inagotable capacidad para crear aforismos que a fuerza de reiteraciones logran asimilarse al lenguaje publicitario más efectista; el registro anacrónico plagado de metáforas absurdas y citas variopintas que intentan prestigiar los lamentos del megalómano Marcos Aguinis; la reivindicación del destacado antisemita, escritor y funcionario de la dictadura del General Uriburu, Gustavo Adolfo Martinez Zubiría, más conocido como Hugo Wast, por parte de Su Excelencia Reverendísima, monseñor Héctor Aguer; las adjetivaciones disciplinarias de las editoriales de Joaquín Morales Solá; la construcción de la puesta en escena para la performance emotiva del personaje Alfredo De Angeli y el sagaz desplazamiento de Francisco De Narváez para acomodarse a los dictados de las RR. PP, el marketing y el mundo del espectáculo como modo de hacer política, entre otros matices que definen a estos héroes.

De particular interés resulta ser el capítulo dedicado al conflicto entre el gobierno y las corporaciones agrarias por el intento de establecer el sistema de retenciones móviles durante el año 2008. Aquí Becerra abre el foco para abordar dicho enfrentamiento desde diversas perspectivas, a las que interrelaciona para poner en evidencia los canales por los cuales el poder económico, sus ilustres apellidos y sus organizaciones han circulado históricamente. Circunstancias a las que le suma el rastreo de cierta mitología vinculada a lo nacional, a la identidad, al alimento y a la propiedad que abonaron el clima social de aquellos interminables meses.

Becerra subraya su desconfianza por el sentido común, en especial por el que impregna a buena parte de la sociedad de estos tiempos, por los sujetos que siempre están dispuestos a aleccionarnos con sus máximas, púlpito mediante y a los discursos sobrecargados de lugares comunes. Sin exceptuar un saludable manejo de la ironía Patriotas nos recuerda que no todo es tan unidireccional como parece.

Publicado en Leedor el 12-02-2010

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