Querida mamá…

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Con gran poesía Laura Yusem adapta y dirige la obra Querida mamá o guiando la hiedra de la narradora argentina Hebe Uhart.En una sala colmada de público y artistas y luego de haber hecho una función en el 2009, se estrenó el sábado 23 de enero, Querida Mamá o guiando la hiedra que, sobre textos de la narradora argentina Hebe Uhart, adaptó y dirige Laura Yusem.

La obra sondea con sutileza, la dimensión del tiempo y el recuerdo. Lo conmovedor de dos vidas cotidianas se representa con gran acierto en el desdoblamiento de los planos temporo-espaciales.

Una hija trata de escribir, con dificultad, una carta para esa madre que se marchó antes de que se fueran los militares. Son los 90? y así sus expresiones no sólo dan cuenta del transcurso del tiempo sino que también contextualizan un estado de cosas interior y exterior En el presente de la obra, la década degradante del país alcanza momentos simbólicos de alto vuelo, pero el pasado se filtra para que en la segunda dimensión temporal, la madre muestre sus dilemas.

Laura Yusem adaptó con gran poesía una pieza narrativa que teatraliza conflictos diversos de un modo eficaz.

El diseño espacial es absolutamente funcional a lo representado. Los muebles de la casa del presente conforman un contínuum que semeja un muro en donde la hija desbroza su afán de comunicación con la madre y narra todo desde allí arriba. Menciona una inundación y la imposibilidad de conservar las cosas, entonces después de perderlas, decide tirarlas. Pero esa inundación junto a la imposibilidad de bajar al piso son síntomas que de modo acertado dejan al espectador a cargo de reponer el sentido plurisignificante de un no poder.

La madre fantasmática, en un tiempo otro, aparece lentamente, sin palabras al principio para ir soltándose luego y así arrojar esa catarata de reglas, afirmaciones y dislates en la que transcurrió su vida.

El diseño de luces colabora con la diegésis presentando variaciones que, indiciales colaboran en los cambios de tiempo. Así la dicotomía claro-oscuro permite comprender el paso de un tiempo al otro del mismo modo que la partitura musical sostiene un clima muy bien marcado por Yusem y bien trabajado por Julieta Alfonso y Martha Rodríguez.

Pero el juego de ambivalencias no acaba allí, de modo que la madre tendrá un balde vacío para lavar los pisos y hará ?como que lava? mientras que el de la hija estará lleno. Asimismo, a la hora de comer, la menor podrá llevarse la sopa a la boca mientras que la madre hará como sí comiera. Estas acciones como sí, remontan al pasado, dejando a la madre en esa situación indecidible de ausencia o muerte.

Lentamente ambas dimensiones espaciales se convierten en una para mostrarlas juntas pero el tiempo invisible las sostendrá separadas.

Ínfima en el reproche de la hija hacia la madre, íntima en la cotidianidad de los hechos narrados, este trabajo sobre los vínculos nos muestra una vez más que el teatro no necesita de lo sublime para contar una historia y que una pequeña anécdota nos deja frente a un espejo en el que nos miramos con la empatía que nos provoca el reconocernos.

Publicado en Leedor el 8-02-2010