Hora de desgrabar

0
39

Tarea ardua la de desgrabar, que postula ciertos desafíos que enumera nuestro antropólogo amigo.Desgrabando con una pequeña ayuda de la tecnología

- Publicidad -

Por una cuestión laboral, estuve desgrabando unas entrevistas que realicé hace algún tiempo. Si hay un trabajo arduo, es el de desgrabar. Adecuar el discurso hablado a una lectura legible, valga la redundancia, merced a una escritura fiel es uno de los desafíos más grandes a los que se enfrenta un desgrabador. Las cosas ocurren en diferentes niveles de registro y es necesario realizar transformaciones entre uno y otro para tornar al discurso completamente inteligible. En el camino se van perdiendo algunos elementos, otros se crean y el resto se modifican, buscando siempre mantener el sentido global de del texto.

Mientras hablamos jugamos a la economía. Muchas frases quedan sin terminar y las palabras truncas no impiden la decodificación. No son sólo los tonos, los gestos o el contexto los que permiten la comprensión. Existen también los sobreentendidos. Sobreentendidos que pueden transformarse rápidamente en malos entendidos. Las fallas en la comunicación son el origen de la mayoría de los problemas y los conflictos. Será por eso que la mayoría de las peleas comienzan con un… – ¿Qué dijiste?

Enroscados en los juegos lingüísticos, nos desenvolvemos con eficacia entre los diferentes niveles. Somos máquinas de hablar que no percibimos los cambios, los actuamos. La razón llega siempre al atardecer como el búho de Hegel. Utilizamos la gramática del mismo modo en el que nuestro páncreas segrega hormonas y jugos: en forma totalmente inconsciente. Y no es que estemos sosteniendo una postura a favor del innatismo, es simplemente que si tuviéramos que prestar atención a la gramática, cada vez que decimos algo, nuestro rendimiento lingüístico dejaría mucho que desear. Algo que sucede a menudo cuando estamos aprendiendo una lengua nueva.

La desgrabación es una tarea muy lenta. Al menos para mí que poseo una memoria muy breve. Exige un esfuerzo en varios niveles y al final, luego de haber avanzado sólo unos pocos minutos, el cansancio unido al tedio duermen el teclado y a quien sobre él digita. En ese momento postrero, cuando la esperanza abandona la escena, la tecnología llega al rescate. Un software que reconoce la voz y la transcribe en un procesador de texto. La tentación es grande y uno sucumbe ante el pecado. El byte es débil.

Aunque parezca salido de la pluma de Asimov o Arthur Clarke, la realidad nos trae, a un click de distancia (http://www.taringa.net/posts/downloads/4273212/Dragon-Naturally-Speaking-10.html), el paraíso de los desgrabadores. Un software que se encarga de transcribir a velocidad de secretaria lo que le vamos dictando, o bien, lo que escucha en una grabación. Así dicho suena celestial, a la más maravillosa música que acariciaron los oídos, incluyendo los del General. Pero no todas son alegrías en este valle de lágrimas virtuales. Las cosas nunca son tan simples como nuestra imaginación fantástica supone. El sueño de la hamaca paraguaya y la computadora trabajando sola no está tan lejos, aunque tampoco es tan literal. Como siempre hay trabajo que realizar antes de disfrutar de las mieles del ocio informático.

En primer lugar es necesario entrenarla. El algoritmo que lleva a cabo la tarea de la transcripción, es decir que reconoce los fonemas y los transcribe a letras, necesita escuchar unas cuantas veces al interlocutor antes de poder escribir lo que éste le dicta. El software cuenta con una serie de cuentos cortos de Enrique Anderson Imbert, lo que hace agradable el ejercicio. La relación es casi personal y por decirlo de algún modo, con cada dictado la confianza crece. Puesto en términos más estrictos, para tener resultados óptimos, es necesario no mezclar los usuarios, ya que en cada dictado, el programa se vuelve más eficiente.

En segundo lugar, uno como emisor también debe entrenarse. Sobre todo en la forma de hablar, que debe ser fluida; pero principalmente en aprender los comandos, ya que es necesario que el programa distinga una orden, como por ejemplo ?punto y coma? de la escritura de la frase ?punto y coma?. La forma en que lo diferencia es simplemente haciendo una pausa antes y después del comando.

En tercer lugar si se tiene que desgrabar una entrevista, como es mi caso, entonces es necesario regrabar la entrevista, ya que el programa sólo interpreta la voz de quien la entrenó. Por lo tanto se deben especificar oralmente, mediante una marca significativa, generalmente una inicial, a quienes participan de la conversación. Declamar los signos de puntuación, teniendo en claro las pausas correspondientes y, listo, el programa transcribe lo que escucha.

En cuatro y último lugar es preciso realizar una corrección de lo que transcribió la máquina. Errar no sólo es humano, también es cibernético. En este paso final hay que volver al original y compararlo con el resultado escrito. Realizar las últimas modificaciones y servido el estofado. La tediosa desgrabación bajó a la mitad su tiempo de trabajo.

Un último consejo. La máquina no siempre interpreta bien las palabras que le dictamos, comete errores y a veces se empecina. No la insulten, pues si el micrófono está abierto, nuestro improperio quedará escrito, casi como una burla, en el procesador de texto.

Publicado en Leedor el 2-02-2010