Hasta que la muerte nos separe

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Dolores cotidianos contados con humor e ironía y actuaciones impecables. Una de las imperdibles del año 2009, retoma sus funciones el 4 de febrero.Un hombre debe regresar a la casa materna por el fallecimiento de su abuela. Allí se reencontrará con su madre y un amor de la adolescencia después de diez años.

La historia se dispara al regreso del funeral de la abuela materna. Madre e hijo traen la urna que contiene las cenizas y reflexionan sobre la poca gente que asistió al funeral, sobre el exceso de maquillaje del cadáver, es decir, aquellos comentarios que para dar tregua a la angustia se hacen en una situación límite.

El hijo decide quedarse durante el fin de semana y ayudar a su madre a esparcir las cenizas de la abuela debajo de los rosales. Pronto llegará aquel amor de la juventud para ver otra vez a aquel joven que partió hace años.

Lo acertado de la obra que dirige Paul Desveaux reside en que esas cuestiones dolorosas pero cotidianas se cuentan siempre con una dosis de humor y a veces de ironía. Javier Lorenzo a cargo del hijo, muestra una incomodidad permanente y una sobreadaptación a esta situación que lo pone cara a cara con las 3 mujeres que siempre están presentes en la puesta: la abuela que es quién muriendo provoca el encuentro, su madre, a cargo de Mirta Busnelli y su amor de otrora, en la piel de Céline Bodis.

Esa muerte que en el paratexto anuncia una separación es justamente el motivo de unión de relaciones frágiles y precarias en el caso de madre e hijo y de un no saber, en el caso del hijo, el porqué se ha regresado. ¿Será para saber si queda algo de aquel amor o para buscar su lugar en la historia familiar y en el mundo? O sencillamente no sabe para qué regresó. Sus constantes llamados a la empresa en la que trabaja, van mostrando en forma creciente que allí también no es tan necesario, lo que nos deja la pregunta de cuál es su lugar.

Un incidente inesperado llevará a los jóvenes a inventar una mentira para calmar a la madre. Pero en esa sutil partitura en la que oscilan los tres personajes y lo hacen con excelencia, todos son parte de una comedia dentro del drama que deciden jugar para no romper el frágil lazo de esos vínculos que pueden rasgarse con facilidad.

Las preguntas, las mentiras, las explicaciones serán la condición de posibilidad de jugar un juego de 3, necesario para sostener cierta cohesión familiar del que la madre dice: ?montaste una comedia de dos personajes y yo me agregué?.

Todos los personajes están eficazmente jugados. Mirta Busnelli, hace un trabajo notable con la respiración y la voz y de ese modo exhala el dolor para representarlo casi sin palabras. Esos gemidos y respiraciones logran mostrar su descontento y su dolor pero a la vez coinciden con gran acierto con el tono de los otros personajes.

Céline Bodis aporta el toque de frescura e inventiva que la situación requiere para salir del paso y acompaña las dubitaciones de Javier Lorenzo, que hace un trabajo magnifico con el cuerpo que re-presenta la incomodidad permanente y su falta de ubicación en ese hogar y mundo que abandonó hace diez años. No encuentra cómo sentarse en un sillón que siempre estuvo ahí, ni como abrazar a quien será su futura esposa, su personaje no sabe porqué está allí en medio de planes que casi no le pertenecen pero que acepta ya que desconoce todo lo que lo trajo de regreso. Además se propone como un narrador que repone datos de la historia y adelanta algunos sucesos.

La mano de Paul Desveaux se siente sin mostrar nunca las tanzas que sostienen una puesta en escena de resultado magnifico.

El diseño espacial, muestra un piso irregular que puede simbolizar la base familiar y no acumula trastos innecesarios, sólo está aquello que será funcional a la historia. La música acompaña la diégesis acertando siempre en el clima de las escenas y potenciando lo narrado.

?La historia, tiene resonancias argentinas?, admitieron en una entrevista que Leedor le realizó al elenco antes del estreno y esto hace que este matrimonio franco- argentino, dé como resultado una obra en la que es posible la risa, la farsa, el drama pero por sobre todo el disfrute maravilloso de un clima que excede y enmarca la historia.

El final es de una resolución impecable, cuando la madre y la futura nuera enmarcan el nuevo espacio familiar que emerge desde otro comienzo. Hay que verlo para entender qué permanece intacto y qué es posible cambiar a través del amor.

Hasta que la muerte nos separe, es una obra para disfrutar en muchos sentidos, por los maravillosos trabajos de Buspnelli, Lorenzo y Bodis, por la pericia de Paul Desveaux dirigiendo un elenco que proviene de distintas formaciones y que toca su partitura si desafinar jamás. Una de las imperdibles de este año.

Publicado en Leedor el 26-09-2009