Invictus

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Eastwood elige un tono más leve y sacrifica en Invictus el vuelo alcanzado en películas anteriores.

?I am the master of my fate, I am the captain of my soul? (poema de William Ernest Henley, citado en el film)

Sobresalen las actuaciones en un correcto film sobre Nelson Mandela que, dado los antecedentes de su director, podía haber tenido más vuelo

?Invictus? no es un film biográfico sobre Nelson Mandela, pese a girar en torno a su figura. A priori no habría nada que objetarle a Clint Eastwood al haber elegido un enfoque diferente, que en gran parte reposa en el rol que el ex presidente de Sudáfrica asignó al rugby, como medio de unión de sus ciudadanos.

La acción transcurre en la primera década del ?90, cuando luego de 30 años de cautiverio, Mandela recobra su libertad y al poco tiempo es elegido presidente.

La primera imagen del film es contundente al mostrar el paso del auto presidencial por un sitio donde, por un lado, se ve a jóvenes negros jugando al fútbol y, por el otro, a los Springboks, mayoritariamente blancos y afrikaners, entrenándose. Ese contraste logra significar lo que fue la entonces recientemente abolida política del apartheid para los sudafricanos. Las referencias a dicho sistema discriminatorio no son numerosas en ?Invictus? y sólo en otro momento, quizás el mejor del film, reaparece. Nos referimos a la visita que los jugadores de la selección de rugby realiza a la prisión, encabezados por el capitán Francois Pienaar (un sólido Matt Damon). A través de su imaginación se lo ve a Mandela (Morgan Freeman) trabajando duramente la roca juntos a otros convictos.

Puede decirse que el film se divide en dos partes que ocupan cada una la mitad del extenso metraje (algo más de dos horas). En la primera vemos al presidente intentando armar su estructura de gobierno, con especial énfasis en los sistemas de seguridad. La necesidad de convivencia entre los guardaespaldas blancos con los nuevos de raza negra muestra el recelo mutuo de ambos grupos. Sin embargo, al poco tiempo se plasma el entendimiento entre ellos, lo que quizás pueda aparecer como una excesiva complacencia por parte del guión. Este tipo de concesiones es probablemente la mayor deficiencia de la película.

Similar reparo merece la ?segunda? parte, cuando se asiste a una serie de matchs de rugby que finalmente llevaron a que Sudáfrica se consagrara por primera vez en la historia campeón mundial de dicho deporte en 1995. El ingreso al estadio de Mandela, vestido con ropa de los springboks es emocionante pero lo que de allí en más se ve resulta poco interesante (para quien no entienda mucho las reglas del deporte de la pelota ovalada) y algo predecible. Esto último puede aplicarse a una escena donde un gran avión se dirige directamente hacia el estadio Ellis Park, recordando a lo acontecido muchos años después en las torres gemelas.

Dado los antecedentes de Clint Eastwood en films tan impactantes como ?Los imperdonables?, ?Río místico? y el más reciente ?Gran Torino?, queda la impresión que el director prefirió esta vez elegir un tono más leve, sacrificando el vuelo alcanzado en los films anteriores y en otros como ?Los puentes de Madison? y ?Million Dollar Baby?.

Pese a tratarse de una obra menor del casi octogenario realizador, se pueden rescatar aun varios momentos en ?Invictus? que lo hacen recomendable en un año donde, en cercanías del Oscar, no aparecen muchos títulos de excelencia.

Publicado en Leedor el 28-01-2010