La carretera

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Más hipocresía hollywoodense a la hora de hablar de la crisis climática y menos cine a la hora de hablar de cine.El cine, quizás, haya nacido para anunciar el fin del mundo. Quién sabe. Melies iba a la luna e imaginaba, ayudado por la literatura finisecular, ese largo viaje que despedían las chicas del follies bergeres como una aventura posible. Para volar a otros mundos, seguro. El cine nació para eso. Para predecir el fin, quién sabe. Con el siglo XX, el cine se fue poniendo más serio, no es cuestión de historiarlos dentro de este comentario crítico, pero el desencanto, ausente en la obra de Melies, abarca buena parte de la historia de la ciencia ficción: el hombre mecanizado, dominado por la máquina, alienado en un mundo alienado. Ver Metrópolis si no. Hasta el gran desencanto que significan las grandes guerras. El futuro comienza a ser posible sólo en términos de distopiass.

A poco menos de un mes del fracaso que significó el gran encuentro por el cambio climático de Dinamarca, y la escandalosa ausencia de compromisos concretos de las grandes potencias para reducir el efecto invernadero y los gases que amenazan al planeta, se estrena The road, completando un listado cada vez más frecuentado de las apocalysis movies: esta vez un cataclismo climático (terremotos más lluvias permanentes) y acentuando algo que no estaba tan claro en películas anteriores, quizas por el contexto en el que se desarrolla: la hipocresía hacia esos grandes temas. Exterminio estaba bien, Children of men, también. Hasta Leyenda está bien, al menos es conscientemente espectáculo.

En cambio, en The road, Hollywood aparece preocupado. Atención.

Dos horas de un gris predominante, como el mundo que se viene? Esta película al menos nos ahorra, la estatua de la libertad semienterrada, o la Casa Blanca destruida. Al menos eso. El libro original es del mismo autor de Sin lugar para los débiles, obra maestra en mano de los hnos. Coen. En cambio, este libro, que, como aquel, pone el acento en un escape se equivoca en el tono cursi, melodramático y sostenidamente vacuo: le falta ?fuego interior?.
No se entiende muy bien por qué este padre se empecina en viajar hacia el sur, siguiendo el mandato de su esposa muerta como si allí hubiera algo distinto a lo que lo rodea: el peligro la locura y la amenaza de hombres comiéndose entre ellos. Muchas escenas realmente efectistas con respecto a eso, lugares bastardeados: un sótano lleno de gente que espera ser canibalizado, por ejemplo, por una banda de ¿maleantes?. Muchos restos humanos.

Es la última de Viggo Mortensen, con Charlize Theron, por ahi aparece Robert Duval y Guy Pearce, que según parece pretendía el protagónico.

Una road movie, llena de flashbacks hacia un pasado feliz y colorido, con una voz narradora que después desaparece, y con un final que resulta peor que peor.

No perderse la publicidad interna de la bebida cola más famosa of the world.

Publicado en Leedor el 12-01-2010