Mapplethorpe y Miguel Angel

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A 20 años de la muerte de Robert Mapplethorpe, una exposición lo homenajea poniendoa dialogar sus fotografías con las esculturas de Miguel Angel.Robert Mapplethorpe: Perfección en la forma

Para continuar el dialogo entre pasado y presente que proponen, en el campo del arte y la cultura, las Nuevas Curadurías de París y la innovadora exhibición de Caravaggio?Bacon en el Museo Borghese de Roma, podemos continuar con distintos puntos de Europa, donde espacios que antiguamente reflejaban el arte de un periodo determinado han empezado a recibir en sus salas, obras de otros períodos estableciendo un dialogo entre ellas.

Esta vez le toca el turno a Florencia, esa pequeña joya de ciudad, puramente renacentista que se le anima ahora a un cara a cara, nada más y nada menos que con el gran Miguel Ángel y las 93 obras del fotógrafo neoyorquino Robert Mapplethorpe, expuestas en la celebre Galleria dell’Accademia de Florencia. La intención es la de homenajear la obra Mapplethorpe, después de 20 años de su muerte en 1989.

Esta novedosa exposición es la primera en presentar las fotografías de Mapplethorpe, en un museo dedicado a la tradición renacentista y en compañía de las esculturas de Miguel Ángel. Asimismo, es la primera exposición en la historia de la Gallería dell’Accademia que da lugar a un artista que no sea del Renacimiento, convirtiéndose así en la exposición de fotografía más importante en la historia florentina.

Sus curadores, Jonathan K. Nelson, Presidente del Departamento de Historia del Arte en la Universidad de Syracuse en Florencia, y Franca Falletti, directora de la Galleria dell’Accademia; se plantearon el reto de crear una conversación entre el pasado y presente a partir de una anécdota de la musa del fotógrafo, la cantante Patty Smith que contó sobre la fascinación que sentía Mapplethorpe frente a la obra de Miguel Ángel en una visita a la Academia de Florencia.

El eje curatorial entonces, parece subrayar una cuestión formal, que tiene que ver con poner el acento en la belleza y en la búsqueda de la perfección, al retratar la tensión muscular, el equilibrio, la fuerza y el rigor geométrico de los volúmenes definidos por la línea y esculpidos por la luz. Porque Mapplethorpe trabaja los cuerpos y las formas con la misma precisión escultórica con la que Miguel Ángel golpeaba el mármol. Para acentuar la cuestión definida anteriormente, se montó en una sala de la Academia teatralmente iluminada, donde desde la absoluta oscuridad nacen las perfectas formas fotografiadas por el artista. Las mismas se exponen junto a bocetos y dibujos de Miguel Ángel con sus detallados estudios del cuerpo humano.

Para acentuar esta particular búsqueda de perfección entre el cuerpo y las formas que se crean con los juegos de luces proyectadas en ellos, aparecen además obras de Man Ray. Como las fotografías de un cuerpo desnudo bañado de reflejos de sol frente a una ventana, creando los juegos ópticos que vemos en los films experimentales de Man Ray. O la magnifica ?Venus empaquetada? que aparece junto a obras Andy Warhol y Brice Marden, para sumarle mucho más a esta propuesta.

Así vemos cómo todo está puesto al servicio de la yuxtaposición de ambos artistas, Miguel Ángel y Mapplethorpe y tiene como resultado la creación de algo nuevo: ?un diálogo visual” que es experimentado de manera diferente por cada espectador. La muestra continúa y realiza una apuesta aún mayor. Junto a los esclavos que Miguel Ángel realizó para la tumba del Papa Julio II; tal vez, su mayor carcelero; aparecen la serie de fotografías que Mapplethorpe tomó de su modelo Thomas apresado dentro de un círculo, haciendo así una excelente comparación formal. Continuando por esta sala, la ansiedad los domina todo, porque flanqueado por dos fotografías de la Serie Male Nudes: ?Ajitto? de 1981 del fotógrafo estadounidense, se levanta el majestuoso David de Miguel Ángel.

Y Mapplethorpe, desaparece.

Sin embargo el diálogo visual existe y la propuesta no deja de ser interesante, porque allí tomamos verdadera dimensión de lo que significa la perfección. La perfección es algo vacío, porque está además perfectamente imperfecto. El David de Miguel Ángel, no es perfecto, es más bien, sublime. Sus insinuadas desproporciones son símbolo de la crisis que atravesaba un tiempo que consideraba la perfección una idea fácil de alcanzar. A Miguel Ángel, ya no le interesaba tanto la perfección formal, sino más bien representar de manera perfecta un momento, un instante donde el pequeño David con la piedra en la mano, mide a su adversario. Serenamente y atento espera el momento oportuno. Sabe que vencerá al gigante de Goliath y eso le dará los más 4 metros de altura que se levantan ante nuestros ojos y ante los modelos en posición fetal de Mapplethorpe.

Frente a él, Mapplethorpe y nosotros encarnamos al David frente al gigante, preguntándonos si algo podrá superarlo.

Por la enorme cantidad de público que ha visitado la muestra, se extendió hasta mediados de enero del 2010. Para viajar inmediatamente al Museo d’Arte della Città di Lugano en Suiza donde estará hasta junio 2010 desparramando por toda Europa la tendencia de estas nuevas curadurías, que pretenden establecer un dialogo entre pasado y presente.

Gabriela Felitto Müller enviada especial de Leedor Internacional.

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Nuevas curadurías

Publicado en Leedor el 5-01-2010