Nuevos poetas argentinos

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Un poema nunca está amurallado. Elena Bisso selecciona tres poemas de este libro de Perceval Press, Editorial de Viggo Mortensen.Lo poético sólo es extramuros

A veces la experiencia en el mundo se parece demasiado a ?La Lotería en Babilonia?, el cuento de Borges. El orden y el azar se subsumen mutuamente.

Para espabilarse es oportuno salir al encuentro de lo nuevo. Y si hay algo nuevo es lo poético.

Digamos que un poema nunca está amurallado. Produce lo nuevo, el efecto poético se adelanta a los adormecedores argumentos de alguna práctica de poder.

Cuanto más sometidos estamos a una huella, más lejos quedamos de lo poético.

La poesía se sirve de la imagen y utiliza a la palabra en su umbral con el tiempo.

La relación de la palabra con el tiempo es su musicalidad.

En este fin de año di con la ?Antología de la nueva poesía argentina? prologada por Gustavo López en Bahía Blanca. El libro se editó en España con el sello ?Perceval Press? en 2009.

Seleccioné tres poemas. El primero ilustra de un modo muy claro la relación de la poesía con el sentido, es de Fabián Casas:

A mitad de la noche

Me levanto a mitad de la noche con mucha sed.

Mi viejo duerme, mis hermanos duermen.

Estoy desnudo en el medio del patio

y tengo la sensación de que las cosas no me reconocen.

Parece que detrás de mí nada hubiese concluido.

Pero estoy otra vez en el lugar donde nací.

El viaje del salmón

en una época dura.

Pienso esto y abro la heladera:

un poco de luz desde las cosas

que se mantienen frías.

El segundo poema que seleccioné muestra la relación con el tiempo y es de Laura Wittner:

Epigrama

Dijiste algo y entendí mal.

Los dos reímos:

yo de lo que entendí,

vos de que yo festejara

semejante cosa que habías dicho.

Como en la infancia,

fuimos felices por error.

Y el tercero finaliza con la reiteración musical, un modo del tiempo, y es de Martín Prieto:

La revelación

El relámpago de juventud se apagó

junto cuando te escribía una carta

que no te mandé. La carta era imperial:

hablaba de un tanque australiano

donde nos habíamos bañado un verano

y de las flores blancas y amarillas

de unos nenúfares que se enredaban en tu pelo

y volaban como si fuesen marionetas de mariposas

cada vez que vos movías la cabeza

para sacártelas de encima

-y no se iban. ¿Por qué te escribí?

¿Por qué terminó la tormenta

que parecía que iba a durar para siempre?

¿Por qué una cosa sucedió mientras sucedía la otra?

Envejecí escribiéndote una carta

cuyo objeto era retratarte como fuiste una vez

y por cada célula tuya que lograba inmortalizar

se moría una mía, una mía se moría, se moría.

Se trata de tres poetas que han sido clasificados como ?nuevos?. Diría que lo poético siempre se reserva ese elogio, el don de espabilar a los dormidos; eso sí, sólo los que conserven la libertad dejarse despertar.

Publicado en Leedor el 4-01-2010