Chillida

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La poética del papel, una exposición de dibujos, gravitaciones y grabados para deslizarnos por las sutilezas del gran escultor vasco.

Eduardo Chillida (San Sebastián, País Vasco, 1924-2002), es uno de los escultores más difundidos de su país a través de su escultórica definitoria, presente en numerosos espacios públicos españoles.

Con la curaduría de Julio Niebla, esta exposición que ofrece el Centro Cultural de España en Buenos Aires reúne 28 obras provenientes de las colecciones del museo Chillida-Leukú.

Desde una práctica propia dentro del constructivismo y aportando una mirada metafísica del uso concreto de los elementos compositivos, Chillida persigue una obra universal. En sus palabras: Mi obra habla a todos los hombres a la vez. Nunca trabajo pensando en un único receptor. En ese sentido, es muy amplia.

En esta ocasión y hasta el mes de enero, lo que se ofrece a la vista de los espectadores son grabados (aguafuertes, litografías, serigrafías), gravitaciones y dibujos, en formato mayormente pequeño, que atraviesan toda la historia de su producción, en paralelo a su labor como artífice de grandes piezas.

Un caso de esta coexistencia de lo pequeño y lo grande, lo privado y lo expuesto, lo invisible y lo visible, son sus gravitaciones, que surgen durante el proceso de realización de sus grandes esculturas, y se relacionan con el acto de coser. Coser, unir sus papeles para hacerlos gravitar, es sentido por él como una nueva manera de crear espacio. Es un paso experimental, recoleto y mínimo en la concreción de esculturas de gran porte destinadas a lo público. Esto permite múltiples reflexiones, y quizás una de las más inmediatas en aparecer es la idea ampliamente reflexionada dentro de la historia del arte y de sus técnicas, acerca de la intensa relación entre la arquitectura y lo textil.

La exposición nos permite además contemplar un video conformado por material de archivo que muestra al Chillida solitario rodeado de sus búsquedas, desde las fraguas industriales de las que salen sus escultoras, ardiendo al rojo vivo, hasta su cotidianeidad trabajando la arcilla.

La música de Bach acompaña el recorrido que hagamos de estas perlas gráficas. Un texto del propio artista colocado entre sus 6 Homenajes a Bach explica la fuerte dependencia de sus músicas y del mar. Quizás el mismo afán de entender y ocupar consecuentemente el espacio una a la música barroca y al gran escultor, quien en el ritmo del mar siente la libertad de las formas recurrentes, repetición y diferencia, rizo de las apariencias que parecen hijas del capricho pero al mismo tiempo son tan lógicas.

Publicado en Leedor el 20-12-2009

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