La Raulito Golpes bajos

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En la piel de la verdadera Raulito, el documental de Emiliano Sierra permite pensar múltiples miradas sobre el género, la locura, la pobreza y el cine.VIVIR SU VIDA

Sobre el estreno del documental La Raulito ? Golpes Bajos.

Con la exhibición de esta nueva película, la vida de la Raulito olvida la poesía y entra en la piel de su verdadera protagonista. La cámara persigue durante el film a su único personaje, una señora de más de 70 años, de apariencia masculina, que vive en un neuropsiquiátrico hace más de 30 y que parece cargar con un pasado que cae a plomo sobre sus espaldas. Su nombre es María Esther Duffou pero todo el mundo la conoce como la Raulito, el personaje que representó hace más de 30 años Marilina Ross en el film de Lautaro Murúa.

La Raulito ?Golpes Bajos dirigida por Emiliano Sierra, se estrenó en la sección de la Competencia de Cine Latinoamericano en el Festival de Cine Independiente de Mar del Plata 2009 y consigue revalidar los niveles de significación que tenía el personaje. Aquel vértigo que corroía en ?La Raulito? como un interrogante sin promisión, se torna manso y tangible en el documental donde un pequeño equipo de filmación desanda sus días en el Hogar Rawson.

El documental – lo que resulta una de sus virtudes – le permite a Raulito ser ella misma, con sus tiempos, los improperios como latigazos, los cánticos elocuentes con ?La 12?, el mangueo de un vaso de coca en el entretiempo o llevar el perro al veterinario con Mami, su compañera de cuarto. Pero la fuerza del personaje ?real?, derrocha ?verosimilitud?, agota al espectador y termina resultando su mayor defecto. La cámara la registra de manera directa, en tiempo real sin condicionamientos ni artificio alguno, dejando que fluyan los sentimientos de Raulito. Con parlamentos larguísimos y soliloquios de ilación dudosa, construye un fluir de la conciencia cuyo cauce confluye en un solo punto: ?ser ella misma? pagando el costo de quitarle algo del brillo y misterio al personaje de las versiones ficcionales. Pero cuando aparece Raulito, con su imagen y voz, nos sumerge en un torbellino de representaciones que nos retrotrae 30 años atrás.

Raulito I

El film original toma un momento de Raulito adolescente deambulando entre el reformatorio, la cárcel y el hospital neuropsiquiátrico. Raulito escapa. El trabajo como “canillita” con un diariero de la estación Constitución, resulta un frágil destello de felicidad del que también termina escapando.

En su periplo por la calle, Raulito pone en jaque a las instituciones de encierro, al saber médico, a los juzgados y a los discursos que construyen la ?sanidad?, la ?normalidad? y otras ?verdades? que justifican sus prácticas. Esa perspectiva rebelde que desnuda las fallas en las redes de dominación, empalma con ?Crónica de un niño solo? (1964) de Leonardo Favio y con ?Pixote? (1981) dirigida por Héctor Babenco. Entre las tres películas todavía resuena el grito mudo, una zona de dolor que aunque lavada para estos tiempos, conserva la misma carga incómoda de antaño.

Raulito II.

La Bombonera explota. Es una postal que representa lo más profundo de la cultura popular, dos colores que reflejan la pasión del hincha y el traje del deportista. Dos colores que significan de una forma aparentemente sencilla, un signo de pertenencia al mundo masculino dentro de un proceso de construcción de identidad también cruzado por espacios, señas de clase y de generación. Sin embargo, esta significación tiende a complejizarse ? ¿como apropiación?, ¿como reproducción? ? cuando una mujer se calza una camiseta. La Raulito ama la azul y oro, absorbe el entramado de signos sin estridencias y vive ataviada con esos colores tanto en la vida de realidad como en la ficción. Su afición por Boca Juniors, el único código de pertenencia fuerte que parece definirla, la lleva en la ficción a romper escaparates de tiendas para robar camisetas de Boca y pelotas de futbol. Albert Camus percibe al fútbol como una escuela de honor y nupcias entre los hombres, La Raulito Golpes Bajos muestra una grieta en esa mancomunión, sumando a la Raulito en la devoción mutua con ?la 12? y con jugadores/símbolo como Maradona, Palermo o Barros Schelotto. No hay Sísifo, hay Adidas en esta estampida de significaciones que merodea por los estadios.

Raulito III

Es sabido el lugar predominante que ocupa el cine en la memoria colectiva de la sociedad moderna. Personajes e historias portadoras de una fuerza diferente se instalan con facilidad en el continente imaginario de nuestra vida. El film ?La Raulito? encarna uno de los personajes más potentes de nuestro cine por la historia de la vida real, la realización cinematográfica y la intérprete que brinda al personaje verosimilitud y poesía. Un tridente que confluye en la posibilidad de que la pantalla argentina se anime a plantear la elección sexual sin esquematismos fáciles en una laxitud de límites que puede provocar fascinación y curiosidad.

Raulito IV

En 1974, cuando la Triple A ya funcionaba en la Argentina, Lautaro Murúa rodaba ?La Raulito? con Marilina Ross en su papel consagratorio y uno de los últimos films antes del exilio de ambos en España. Promediando el film, hay en una escena en la película que dura aproximadamente 10 minutos que Marilina Ross hace memorable dos veces, una por la interpretación del monólogo y otra por las circunstancias en que fue rodada. El monólogo de la película y la explicación de la actriz encuentran al personaje con la intérprete en un juego de espejos que alinea amenazas, peligros concretos y deseos.

?Lautaro me había dado una serie de pautas, me dijo: improvisá. Cámara y yo hablando a un tornillo de la cámara, empecé y cuando llegó un momento, tenía que cortar y él no cortó. Yo seguí y me fui conectando con la emoción porque ya se ligaba con lo que me estaba pasando a mí que estaba siendo amenazada por la Triple A. Entonces me puse a llorar. Y cuando la Raulito dice: a quién jodo yo lo único que quiero es correr por las plazas, jugar al futbol, si yo lo que quiero es ser actriz, cantar. Y ahí me conecté con lo mío. En un momento hubo que cortar la secuencia porque se escuchaban los mocos de Lautaro, en el sonido directo se escuchaba snif. Y ahí se terminó el día de filmación que duró exactamente 10 minutos que es lo que dura la escena.? http://www.youtube.com/watch?v=xkEZFBn0Dvs&translated=1

Otra evidente confluencia se ubica en el final del film. Raulito/ Ross corre una pelota jugando con Medio Pollo, otro niño de la calle ? interpretado por Juanita Lara – por la playa de Mar del Plata. Con las sirenas de policía de fondo, los personajes resbalan en la ruta sinuosa que marcan los médanos. La escena contiene un cántico interno: escapar para no perder la libertad, sentido que se desdobla por partes iguales a la intérprete y al personaje. La actriz escapará de la persecución política, el personaje de una nueva reclusión. Exilio y reformatorio, un destierro de dos caras.

Raulito V

La Raulito fue una de las películas argentinas más exitosas de la década del 70. También tuvo un importante éxito en otros países, principalmente en España donde se filmó una segunda parte de la película, La Raulito en libertad que nunca alcanzó el éxito ni la repercusión de la precuela argentina. Sin embargo tiene algunas particularidades para apuntar en función de La Raulito ?Golpes bajos.

En el comienzo del film, Marilina Ross baja por las escaleritas del avión que acaba de aterrizar en el aeropuerto de Barajas. Una voz en off con acento español narra la historia de María Esther Duffau: ?una pequeña delincuente, marginada sistemáticamente desde que tenía 6 años, puesta en libertad en 1976, dada de alta del neuropsiquiátrico de la ciudad de BS. As. como caso irresuelto. Tenía ya 40 años cumplidos. Antes había filmado con la actriz Marilina Ross la película sobre su caso que tuvo alcance internacional.?

La idea del film es que un grupo de productores españoles cale más hondo en la personalidad de la ?verdadera? Raulito. Sin embargo, en una vuelta de tuerca de identidades, es nuevamente la actriz la que interpreta a Raulito en un film de ficción que simula ser un documental. Doble simulacro realizado en la improbable escenografía madrilense que renueva la mirada extrañada y la hipocresía de los personajes con Raulito.

Aquello que pretende falsamente La Raulito en libertad, lo realiza sin encrucijadas estilísticas ni ficcionales, La Raulito ? Golpes bajos. El documental decide mostrar a la auténtica Raulito sin filtros, sin interpretaciones ni juicios de valor, haciendo carne hasta las últimas consecuencias ? incluso con alardes de lo políticamente incorrecto – de una Raulito que es lo que es, sin necesidad de narración y bancándose la falta de rótulos en un fluir no necesariamente conexo, llevado a cabo aun a costa de poder cansar al espectador.

Raulito VI ¿Qué ser sexual es usted? Devaneos entre ser y aparentar

La Raulito es una niña de la calle que adopta la apariencia de un varón para sobrevivir. Pero no solamente tiene apariencia de varón como forma de supervivencia sino que asume ?jugar a la pelota? como una parte constitutiva de su personalidad y de su rol sexual, deseo encadenado al de ?seguir a Boca? o vestir la ropa oficial del club, todas aspiraciones fácilmente adjudicables a la construcción del sujeto ?hombre?. La Raulito transgrede lo que se espera de ella construyendo una imagen de sí, masculina según los cánones de nuestra cultura, con el pelo corto y con gestos connotados como poco o nada femeninos. Su identidad está atravesada por reformatorios, hospitales y manicomios, todas instituciones de encierro que marcan las fases del tiempo social y, a la vez, definen y controlan al individuo por la posición que adopta en esos espacios el sujeto de producción del capitalismo.

La amenaza de reclusión es el mecanismo de control que adoptan las sociedades disciplinarias para encorsetar el cuerpo, poder extraer de él el máximo de fuerzas utilizables para el trabajo y el máximo de tiempo utilizable para la producción. Pero el dispositivo se vuelve más eficaz cuando la represión actúa no sólo sobre los cuerpos sino sobre las mentes y la domesticación del deseo. ¿No es acaso la represión la contracara que define a la sexualidad en nuestras sociedades?

La imposibilidad de catalogar a Raulito o de incluso diagnosticar su ?enfermedad? la vuelve más peligrosa. Si no sabemos ?qué es?, se dificulta la utilización del dispositivo de control o de disciplinamiento que debe activarse. Su presencia propone un intríngulis de roles sexuales difíciles de definir, donde preexiste una apariencia poco clara que impide la esencia del esquema clasificatorio que sostiene la dicotomía tranquilizante de los sexos.

En la dupla saber-verdad la principal jugada consiste en hacer confesar al sujeto su afiliación a un sexo con una sexualidad ya catalogada y de la que todo está dicho. Raulito no concede verbalmente ninguna definición por lo que se requiere del sello salvador de la ley, del juez o del médico que libre de la vaguedad sexual que mantiene a la protagonista en un vacío difícil de encajar, provocando temor como un fantasma de la naturaleza que oscila entre la marginación social y sus ambigüedades afectivas.

?Yo nací mujer?, dijo alguna travesti en una entrevista. Una frase tiene su contrafaz en otra frase escrita por Simone de Beauvoir en El segundo sexo, que para muchos constituye la piedra basal de las teorías de género: ?No se nace mujer; llega una a serlo?.

Foucault define que en cuestión de la identidad y la sexualidad de la sociedad contemporánea, ?se exige una correspondencia rigurosa entre el sexo anatómico, el sexo jurídico, el sexo social: esos sexos tienen que coincidir y nos colocan en unas de las dos columnas de la sociedad?. La hipótesis de que sólo habría hombres y mujeres – y entonces lo masculino y lo femenino- y de que todo estaría hecho a su imagen y semejanza sostiene la idea de una relación mimética entre sexo y sexualidad, siendo ésta un reflejo del sexo anatómico. Así, una travesti no es otra cosa que un hombre vestido de mujer, una lesbiana masculina, una mujer vestida de hombre, y la Raulito, una mujer que se viste de hombre para sobrevivir. Sin embargo se trata de un encasillamiento alejado de la concepción que piensa la identidad como una construcción múltiple e inacabada, como un Sísifo con su piedra que nunca llega a completarse. Esta perspectiva hace posible que a una ?mujer? no le corresponda necesariamente un cuerpo femenino y a un ?hombre? lo supuestamente propio. De ahí que en ocasiones no podamos emitir un juicio acerca de la anatomía basándonos, por ejemplo, en la ropa que alguien lleva puesta.

En otro texto de Foucault, ?Le vrai sexe? (El verdadero sexo), repasa la vida de Alexina, el misterioso hermafrodita de la segunda mitad del siglo XIX profundizando en esa vacilación con respecto a la pregunta de si el cuerpo observado es de un hombre o de una mujer. ?Educada como una muchacha pobre y respetable en un medio casi exclusivamente femenino y fuertemente religioso, Herculin Barbin, apodada en su entorno Alexina, fue reconocida finalmente como un ?verdadero? muchacho; obligada a cambiar de sexo legal, después de un procedimiento judicial y de una modificación de su estado civil, fue incapaz de adaptarse a una nueva identidad y acabó suicidándose.?

Dicha historia sirve como ejemplo para mostrar no sólo la dificultad de encajar algunos casos en los márgenes de las categorías descritas por esa estrecha ciencia sexual, sino, como demostración de inexistencia misma de un verdadero sexo. La historia de Alexina y la de Raulito ? aun en sus obvias diferencias- son prueba de la posibilidad de estados de sexualidad inclasificables, indeterminados en su género.

En su indagación sobre modos de vida y sexualidad no codificados, Foucault nos enfrenta a la pobreza de las relaciones afectivas preexistentes donde las relaciones posibles de entablar son extremadamente esquematizadas y pobres. Frente a dicha escasez, la cuestión fundamental es saber cuántas formas de relación que no imaginamos pueden existir o ser creadas. Lo que el filósofo denomina ?la pobreza de nuestro tesoro de imágenes? es el lastre que nos impide ver nuevos modelos de relaciones afectivas que enriquezcan la vida de las personas y por ende, el panorama social. ?Deberíamos intentar imaginar y crear un nuevo derecho relacional y no ser impedidos, bloqueados o anulados por instituciones relacionalmente empobrecedoras? The social Triumph of the sexual will (El triunfo social de la sexualidad)

Raulito VI Símbolo, no muerte

La Raulito, Golpes Bajos de Emiliano Sierra no es desde el punto de vista cinematográfico, un buen documental. Resulta largo, a veces denso y le falta tijera, algo paradójico porque se trata de un montajista. El valor del film radica en seguir una huella dejada 30 años atrás, en animarse con una historia que de antemano no puede tener el brillo de aquella. En su piecita compartida del Rawson o gritando en la Bombonera vemos a Raulito como lo que es, una vieja que es vieja, con sus vericuetos cotidianos, en la futilidad de las cosas diarias y con la mirada de quien tiene una larga historia en su cabeza, viva y contradictoria como un combatiente con su batalla.

A medida que entramos en el ritmo del documental, avanza una idea que lentamente nos envuelve y nos conduce a un punto donde ya no es a Raulito a quién vemos. Vemos a través de ella al calvario de los chicos que viven en la calle, el deseo de libertad o la injusticia. Si la miramos de nuevo, vemos la indefinición sexual, la tiranía de los rótulos, la potencialidad de las relaciones y los prejuicios. También, a través de sus ojos se puede ver sobrevolando al cine argentino comprometido de los 70 o a ?la pasión de la 12?. La Raulito es un nombre repleto de significaciones y con este nuevo film sobre su vida, agrega una capa más de pintura sígnica rompiendo la línea ficción/realidad en un diálogo que enriquece lo uno y otro. Y esa nueva capa surge en el preciso momento que el film cuenta la muerte de Raulito. Lo hace de forma austera, describe con pocas imágenes sin sentimentalismos ni regodeos. No causa dolor porque la sensación que atravesamos es que La Raulito no puede morir. Puede morir la persona pero no lo que significa.

De las desvencijadas instituciones, de los insultos machacones, de las tribunas con mecánica algarabía y de una ruptura con la tipología sexista, La Raulito, Golpes Bajos obtiene momentos de un extraño sopor y de estricta lealtad con el personaje. En medio de la actividad de las palabras y de una exacta congoja, la Raulito ensaya lo impronunciable, que no es la muerte que tiene sus ritos y grandes frases, sino la multiplicidad de su nombre como símbolo que se llena de contenidos.

A Javier N.

Publicado en Leedor el 18-12-2009