Alexander Kluge

0
6

El pasado 26 de noviembre finalizó el ciclo ?El Capital según Kluge y otras aventuras electrónicas?, que se presentó en la sala Leopoldo Lugones del Complejo Teatral de Buenos Aires.

El film principal, impulsor del ciclo, es Noticias de la Antigüedad ideológica. Marx-Eisenstein-El Capital, acompañado por una retrospectiva de los trabajos más recientes del director. Se trata de cortometrajes realizados para la televisión alemana, y trabajos presentados en el Festival de Venecia.

El multifacético Kluge se desempeña como abogado, escritor, realizador de cine, productor de televisión, filósofo, teórico de arte, científico político. Nació en los ?30, creció bajo el nacionalsocialismo y se movió habitualmente entre Este y Oeste luego de la división alemana. Estudió derecho, historia y música. Trabó amistad con Theodor Adorno, el filósofo le presentó a Fritz Lang, de quién Kluge fue asistente en sus últimas películas alemanas. Fue uno de los redactores del Manifiesto de Oberhausen (1962), en el que se postularon las bases para el Nuevo Cine Alemán, un cine intelectual, formal y económicamente nuevo. Comprometido con el desarrollo político-cinematográfico del Nuevo Cine Alemán, ha peleado por la ley de apoyo para las producciones cinematográficas, y desde sus crónicas continúa examinando la historia, analizando el carácter humano y su accionar en la historia.

Asistimos en su obra al planteo teórico, a una sucesión de imágenes como proceso de pensamiento. Kluge va construyendo conceptualmente en el hacer, reflexiona, produce a partir de las imágenes, pensamiento y afecto. Más allá del acontecimiento, de describir una situación determinada, teje un entramado de representaciones y percepciones que no se agotan en el límite espacio-temporal de la película.

Desde una suerte de acumulación inorgánica de apuntes, observaciones personales, visiones objetivas, construye una polifonía de imagen y sonido sumamente constructiva. Nos encontramos en Noticias de la Antigüedad ideológica con un relato que Kluge estructura como si de una ópera se tratara, donde las voces, las imágenes y la música interactúan de forma permanente. La variedad de recursos de montaje que el director maneja es sublime. Intertítulos que presentan diferentes tratamientos plásticos y estéticos en las tipografías, pantalla dividida, sobreimpresión, sonidos, música, fotogramas, fundido, corte, recortes de películas, breves escenas actuadas, entrevistas. Utilización intensiva de la voz en off que interviene para acentuar la imagen, para hilvanar el entramado, para impulsar otros sentidos.

Luego de haber estado días sin dormir reduciendo la película Octubre, de 29 horas de filmación a dos horas, Einsenstein sufre una ceguera nerviosa temporal. Agotado, viaja a París y visita a James Joyce, que padecía una ceguera progresiva. Ambos, impedidos de la vista, escuchan de un disco la lectura del Ulises de Joyce. El director ruso tenía la idea de filmar El Capital de Marx, y a partir de ambas obras, traman una narración no lineal. El proyecto no se llevó a cabo.

Ochenta años después, Alexander Kluge, retoma la idea y presenta esta serie sobre El Capital de Marx, donde, sin dejar de ser concreto y sensible al detalle, incluye diversos materiales como las notas de Eisentein sobre el proyecto; entrevistas con los escritores Hans Magnus Enzensberger y Dietmar Dath, la actriz Sophie Rois, el filósofo Peter Sloterdijk; datos sobre la crisis del ?29, fecha en la que Eisentein viaja a París; comentarios sobre Bertold Brecht y su versión poética de El Manifiesto Comunista; fragmentos de la obra de Marx y la visita a la tumba del filósofo en Londres. Esta poderosa crítica al capitalismo, que no abandona la sátira política, viene acompañada de una música exquisita.

Kluge introduce al espectador en el espacio de la pantalla. Provoca el clima para que nos relajemos y participemos activamente de la idea, de la cuestión. Entonces aparece el rostro de Kluge en primer plano hablando bajo, como si nos estuviera contando un secreto, estableciendo cierta intimidad. Kluge de espaldas, de frente, detrás de cámara, en off. Siempre presente dice ?la manera de hablar y la manera de filmar son más importantes para mi que cualquier palabra?. Considera que el espectador debe sentarse en la sala cinematográfica o frente a la TV como propietario de una mercancía, codiciando y captando cada detalle y recogiendo excedente de todo lo que tenga valor. El espectador activo, examinando atentamente, buscando lo inteligible. Afirma que ?entender completamente una película es imperialismo conceptual que coloniza sus objetos. Si he entendido todo entonces algo ha sido vaciado? y se convierte en algo inútil. Entonces propone hacer filmes que se opongan a tal imperialismo de la conciencia.

Los trabajos que realiza para la televisión alemana se han emitido durante 10 años en las dos cadenas privadas más importantes de Alemania. Moviéndose en un ámbito independiente, presenta programas culturales y periodísticos, en formato de cortometraje. A través de estas incursiones televisivas intenta aportar una pequeña dosis de realidad. Siempre comprometido desde lo político-social, el director explica el tiempo mecánico de un programa televisivo, que se deriva del horario del trabajador, en relación al problema del tiempo. Cuenta que para los griegos, Cronos representaba el tiempo que falta para la muerte, un tiempo que se consume a sí mismo. Su contrario es Kairos, el momento afortunado, el momento de felicidad que está oculto en la vida de las personas, en su tiempo de trabajo, en todo lo que hacen. Kairos es el elemento por el que vivimos, y, para este fascinante artista filósofo, recrear ese principio en medio del Cronos de la televisión, aunque sólo sea por unos instantes, es su único objetivo.

Nota relacionada: Alexander Kluge en la Lugones

Publicado en Leedor el 2-12-2009