Bienal de Venecia

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El 22 de noviembre pasado terminó la 53 Esposizione Internazionale della Biennial di Venezia, Fare Mondi, Haciendo Mundos y por lo tanto, es tiempo de balances.
La mega exposición que se realiza cada dos años en la mítica ciudad demostró que se pueden vivir casi seis meses acompañando el latir del arte contemporáneo y el pulso de quienes persiguen sus huellas en las misteriosas calles de Venecia. Puesto así, entendemos que la Bienal es algo difícil de aprehender en su totalidad, teniendo en cuenta que este año se presentaron 77 naciones además de sus 44 eventos colaterales desparramados por toda la ciudad. Es decir, no sólo se activaron los clásicos lugares: Arsenale y el Palazzo delle Esposizioni en los famosos Giardini sino que además, para que la experiencia sea completa, debemos seguir las pistas de los carteles rojos que anuncian que muy cerca de aquel lugar se encuentra un pabellón o un evento listo para ser explorado.

La bienal, sin duda, nos obliga a recorrer la ciudad y a apostar al azar, sabiendo que avistando desde los vaporettos, o bien, perdidos en sus callejuelas podemos encontrarnos con el Pabellón de Arte de la República Islámica de Iran y su muestra ?In Nome de Dio? donde se conjugan telas casi abstractas, maravillosas esculturas en bronce, video-arte, instalaciones y arte conceptual. Para luego, muy cerca de allí, encontrarnos con la mística muestra de la italiana Marialuisa Tadei en la Iglesia de San Samuele, al lado del Palazzo Grassi. Misticismo, religión, instalaciones y puro arte contemporáneo y religioso en una de las iglesias más antiguas de Venecia, dialogando abiertamente espacio y obra, no como una descontextualización, sino más bien, como una especie de re-contextualización. Así, entonces, reflexionando y siguiendo las flechas que nos indican la proximidad de un nuevo pabellón; las calles de Venecia no tardan en sorprendernos.

En una de sus callejuelas más concurridas; entre la Accademia y San Marco, aparece el envío de Luis Felipe Noé, el incansable y entrañable pintor argentino que está allí en Venecia creando mundos, esos a los que nos tiene acostumbrados. Apareció allí antes de lo pensado con su soplo de argentinidad. Es que así funciona Venecia, como una caja de sorpresas en medio de la bruma que la caracteriza. Allí comienza su juego de desocultamiento de mundos, que fueron el eje conceptual de Daniel Birnbaum, curador y director artístico de la exposición. Con esta idea rectora entiende que ?Una obra de arte representa una visión del mundo y si la tomamos en serio puede llegar a verse como una manera de hacer un mundo.? Y su tarea está más que cumplida, bastaba sino recorrer los puntos neurálgicos de la Bienal: Arsenale y sus Giardini y comenzar su consigna: HACER MUNDOS, mundos que comienzan en el artista y que con la activa participación del espectador, esos mundos posibles se duplican, se multiplican y sus caminos se bifurcan incansablemente en sus jardines.

Nos espera así, la muestra central en los Giardini venecianos, la fachada y puerta de ingreso son una obra del artista norteamericano John Baldessari y adentro los mundos empiezan a surgir. Como los mundos imposibles creados por el argentino Tomás Saraceno, atravesados por hilos elásticos que tensionan, difíciles pero habitables, espacios que vale la pena atravesar, como si fueran nuevos mundos donde se tejen complicadas telarañas, a través de las cuales podemos observar y ser observados. O la naturaleza amenazante de la sueca Nathalie Djurberg que parece estar a punto de devorarnos con plantas casi ¿caníbales? Enormes e inquietantes. Como las sombras del alemán Hans-Peter Feldmann, donde elementos cotidianos se proyectan generando monstruos. Una posmoderna cita a la alegoría de la caverna de Platón, un mundo de apariencias donde todo es lo que no es. Reflejos de realidad distorsionada en los espejos rotos de Michelangelo Pistoletto y luces materializadas en la instalación de Lygia Pape. Todo puesto al servicio de crear mundos, nunca un arte tan narrativo que sea capaz de poner como guionista al propio espectador. O al menos esa parece haber sido la propuesta del Pabellón de Dinamarca junto a los países nórdicos: Finlandia, Noruega y Suecia, quienes armaron un colectivo de artistas The Collectors, compuesto por más de 20 artistas entre los que se encuentra por ejemplo, Maurizio Cattelan. Todos ellos, convirtieron el Pabellón Danés, en una casa amueblada con verdaderas obras de arte, pertenecientes a artistas del colectivo. La casa con sus paredes de cristal y sus puertas abiertas nos invitaban a entrar y recorrerla. Había cierta inquietud, porque estaba vacía y uno podía sentirse ingresando sin invitación, en una propiedad privada. Un sector iluminado nos da un indicio, una pista. En un pequeño escritorio de un rincón del rico y oscuro caserón, una máquina de escribir nos cuenta que allí vive un escritor de cuentos eróticos y que está actualmente trabajando en eso, en pleno proceso de escritura, pero que por alguna razón se encuentra momentáneamente suspendida o tal vez definitivamente abandonada. Seguimos recorriendo la casa y llegamos al amplio ventanal que da al jardín y en la piscina iluminada un cuerpo flotando nos dispara miles de respuestas y de incógnitas al mismo tiempo. Una obra de arte, dentro de otra obra de arte que contiene muchas obras de arte, una victima y un crimen. Ironía y ganas de una experiencia estética se conjugan en la propuesta de estos artistas que nos dejan con un muerto y sin respuestas, pero jamás indiferentes. Y ese puede ser justamente algo que distinga en conjunto a toda la Bienal: No nos deja sin tarea para pensar, ni indiferentes, ni vacíos, ni sosos. Los Pabellones de Rusia y Estados Unidos, merecen todo un capitulo aparte. Rusia, re-contextualizando una obra consagrada como la Victoria de Samotracia, y con ello al mito y al héroe. Bruce Nauman con sus Topological Gardens habitan el Pabellón de los Estados Unidos como una especie de Templo griego: ?Stati Uniti d?America? mientras que a su lado y en luces de neón titilan intermitentemente las virtudes griegas, alternadas con los pecados capitales. Podríamos seguir creando mundos con Yoko Ono, Gutai, Cildo Meireles?

Sin duda, una propuesta tan abierta como la de construir mundos a través del arte, haya dado lugar a tantas posibilidades; lástima que solo queden un año y medio para pensarlos y para que Venecia nos ataque otra vez con sus altas aguas creativas.

Haciendo mundos // Fare Mondi // Making Worlds // Bantin Duniyan // 制造世界 // Weltenmachen // Construire des Mondes // Fazer Mundos?

*Gabriela Felitto Müller enviada especial de Leedor Internacional.