Batir de alas

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Una poética sobre la carencia con un texto soberbio y
actuaciones excelentes.
En el rancho vacío, la María y la Elba esperan el regreso de la Marita. Ella se ha ido. Pero Orellana, el dueño del almacén de ramos generales dice que Marita ?batió alas?, eso que la Elba llama ?tomó buque?. Pero María no puede creer el abandono, ella dice que no batió alas y va llegar. No importa que don Orellana tenga la vista gorda (por sus anteojos) Marita ya no irá a buscar comida al almacén de ramos generales quién sabe a cambio de qué.

Marita ha decidido batir alas y partir. En el rancho sólo hay dos estómagos que crujen de hambre, un vestido y unos zapatos de domingo que la Marita dejó cuando batió alas y se fue con el hombre de la moto. Huía del hambre, de la opresión, de la miseria y de esa sujeción que significa entregar algo para conseguir comida, porque Batir de Alas es una poética de la carencia y del hambre.

Planear degollar al Orellana, y sacarle los anteojos que le proveen una vista gorda y su dentadura postiza, no sirve. Ya nada sirve. ¿Cuántas veces se puede robar? Los hambrientos no saben robar.

¿Se puede escribir un texto poético sobre el hambre sin caer en localismos, costumbrismos y literalidades? Si, se puede. El excelente trabajo de escritura de Gilda Bona asedia y alcanza la palabra poética, plagada de imágenes que en la excelente dirección de Paula Etchebehere logra que Raquel Albeniz, como María y María Forni, como Elba, se luzcan tanto en lo oral como en la traducción corporal del hambre.

El trabajo orgánico y la disponibilidad con que las actrices salen a escena, no sólo habla de una técnica precisa y excelsa sino que también muestra lo que una directora puede conseguir cuando sabe, inteligentemente, aprovechar los materiales que su elenco le brinda.

El diseño espacial despojado y vacío como las entrañas de los personajes, nos presenta una casa de chapas rodeada de rectángulos en donde hay tierra yerma, nada crece allí, nada que llevarse a la boca. Esa tierra plana semeja imágenes de la llanura bárbara en la que sobrevivir es una quimera. Es la misma tierra que María hurga buscando algo, una esperanza o una refutación de la privación que ya se muestra perenne.

Pocos elementos extradiegéticos como el sonido de una trompeta dan un sutil marco sonoro a esta puesta. Etchebehere no necesita nada más, sus actrices llenan todos los espacios y no requieren de otros elementos para mostrar que allá, afuera, la única posibilidad es batir las alas y partir.

El hambre es la condición de posibilidad de esta historia, es un hambre cruel por definición, un hambre que duele, que contorsiona de manera eficaz los cuerpos de quienes la padecen. Un hambre que hace estragos infinitos y que obliga al abandono, un hambre tan ingente que obliga a batir alas.

Domingo 29 de noviembre, última función, no dejes de verla.

Publicado en Leedor el 27-11-2009

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