La niña que moría a cada rat

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Sobre los orígenes de un hombre-jaguar en esta díficil pero fascinante obra de José Luis Arce. Ultima funcion de cuatro, este sábado.
El prólogo en la obra literaria de José Luis Arce, propone indagar sobre los orígenes de un hombre-jaguar, aludiendo a la leyenda y resaltando lo que se considera como el nacimiento de la barbarie en América.

En la puesta de Joaquín Gómez, este prólogo está representado por dos actrices que bajo una luz azul, expresan en un ambiente ritual las connotaciones mitológicas de este hombre jaguar, abriendo el juego para presentar a esta mujer que muere a cada rato. Uniendo las dos presentaciones se abre la pregunta: esta muerte sobrenatural es ¿barbarie o civilización?

Según Mircea Eliade en “Mito y realidad”: ?(?)En vez de tratar, como sus predecesores, el mito en la acepción usual del término, es decir, en cuanto “fábula”, “invención”, “ficción”, los estudiosos, le han aceptado tal como lo comprendían las sociedades arcaicas, en las que el mito designa, por el contrario, una “historia verdadera”, y lo que es más, una historia de inapreciable valor, porque es sagrada, ejemplar y significativa”.

Esta idea de ?historia verdadera? pisa con fuerza en esta puesta. ¿Que pasa cuando una hecho irracional sucede en una sociedad en donde lo extraño se asemeja o lo sobrenatural y a lo diabólico?.

La iluminación es el actor principal en el principio de la obra. Nos introduce en la historia, nos presenta al personaje en cuestión, nos deja observar bajo la atmósfera de una luz tenue el prólogo inicial y nos introduce en lo que será el conflicto principal de la obra: la muerte repentina y constante de una hija que fallece y despierta inconciente de ello. Queda planteado el dolor de los padres en un juego de iluminaciones puntuales.

El cura del pueblo, figura en donde su palabra es legitimada pone en duda la veracidad de la muerte, perdiéndose entre lo real o lo imaginario. El hecho fenomenal sale a la luz, haciendo eco a nivel social. Hay una atmósfera de opresión social, que logra expresarse con claridad, una vez que esta muerte es conocida en el pueblo. Tan solo dos roles bastan para recrear esta situación en lo que se nos presenta como una aldea antigua y cristiana. En este sector es un acierto la ambientación escenográfica de esta puesta, ya que con escasos elementos nos sumergen en un tiempo antiguo. El vestuario, a cargo de Paola Girimonti es un punto que se destaca ya que junto con la escenografía nos transportan a este otro lugar y recrean hasta en detalle las vestimentas que indican un rango social determinado.

Las pausas que se toman los actores entre los diálogos ayudan a crear una atmósfera de pesadez frente a este fenómeno.

Y para vislumbrarlo con mayor claridad, tomo una idea planteada por Mircea Eliade. ?Nuestra investigación se dirigirá, en primer lugar, hacia las sociedades en las que el mito tiene -o ha tenida hasta estos últimos tiempos- “vida”, en el sentido de proporcionar modelos a la conducta humana y conferir por eso mismo significación y valor a la existencia. Comprender la estructura y la función de los mitos en las sociedades tradicionales en cuestión no estriba sólo en dilucidar una etapa en la historia del pensamiento humano, sino también en comprender mejor una categoría de nuestros contemporáneos?.

La niña que moría a cada rato, plantea esta tensión entre una tradición católica y la llegada de un fenómeno que desarticula los cimientos de una construcción social basada en un mito cristiano.

os interesante cóm el final se plantea como un ciclo en donde las fuerzas inexplicables tienen mayor envergadura que una tradición basada en ?fe?. El asombro y lo incierto vuelven a aparecer en esta familia, en donde lo inexplicable pareciera tener mayor espacio que lo regular. Entonces allí en el centro del escenario el silencio y las preguntas frente a algo que parece escaparse al entendimiento humano: ¿No hay en los mitos una explicación basada en la creencia y en la percepción y no en la razón?

Publicado en Leedor el 26-11-2009