Ecos de un Festival

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Algunas reflexiones sobre la 24ª Edición del Festival de Cine Internacional de Mar del Plata.
Con tan sólo 9 días de duración (un día menos que su edición anterior) finalizó el evento cinematográfico de nuestro país que concitó una importante afluencia de espectadores, cuyo número se incrementó en casi un 88% por ciento más que en 2008.

Es de destacar el buen nivel de las películas proyectadas, entre las que merecen destacarse la ganadora del Astor a la mejor película: Cinco Días sin Nora, ópera prima de la mexicana Mariana Chenillo, una interesante reflexión en clave de comedia negra sobre los vínculos familiares y los legados en ocasión de la próxima celebración de la pascua judía. La directora despliega una atractiva crítica sobre las ortodoxias religiosas y la sinrazón de preceptos empeñados en dividir más que en contener. Este film ha sido adquirido para su exhibición comercial.

En la categoría mejor actor, se destaca el trabajo de Gary Piquer de la coproducción uruguayo española Mal Día para Pescar de Álvaro Brechner, que adapta un cuento de Juan Carlos Onetti, Jacob y el Otro retratando en toda su profanidad a dos seres perdidos en una lejana localidad de Santa María, el deteriorado titán Jacob Van Oppen (Jouko Ahola) y su protector Orsini (el galardonado Piquer) un supuesto y seductor príncipe que vive del embuste, fabricante de sueños ajenos. La excusa: La celebración de un desafío de lucha libre entre el gran campeón y quien salga a desafiarlo.

El premio al mejor Director recayó en el palestino Elia Suleiman (de quien ya habíamos conocido en nuestro país Intervención Divina) por The Time that Remains, una maravillosa observación sobre el conflicto árabe-israelí narrado en cuatro tiempos históricos, arrancando en 1948 para llegar hasta nuestros días. El film está narrado en clave de humor negro, estilo tan afecto a este director, y está basado en las memorias de su padre y en cartas que su madre redactó a parientes exiliados.

Otras películas muy apreciadas fueron la coproducción alemano-colombiana- argentino holandesa Los Viajes del Viento de Ciro Guerra (de inminente estreno en nuestro país) cuya primera película (The Wandering Shadows) fue exhibida en el marco de la 20ª edición de este Festival. Se trata de una road movie sobre un juglar que se adentra en territorios vírgenes del norte colombiano, acompañado de un aprendíz a quien devela conocer los secretos de la música regional. Los actores no profesionales y de admirable interpretación son auténticos exponentes del vallenato, género musical autóctono de la Costa Caribe colombiana, con epicentro en la antigua provincia de Padilla.

También en competencia internacional, la ópera prima iraní A Man Who Ate His Cherries de Payman Haghani, sobre las desventuras de un obrero a quien su mujer abandona y debe realizar denodados esfuerzos para restituirle a ésta el dinero de la dote que le reclama. Película potente sobre la deshumanización de la sociedad iraní que se permite un aceptable cuestionamiento a las premisas que continúan cosificando a la mujer. El trabajo de su protagonista Hassan Pourshirazi es meritorio.

En otras secciones, aparece Yuki y Nina un muy creativo ejercicio de dirección compartida entre el japonés Nobuhiro Suwa (de quien pudimos apreciar Una Pareja perfecta con Valeria Bruni Tedeschi) e Hippolyte Girardot en su debut como guionista y director. La película hace foco en una niña de madre japonesa y padre francés que deciden separarse y la madre acuerda llevar a la niña consigo de vuelta al Japón. Lejos de caer en convencionalismos, el film nos propone una mirada sumamente creativa y lúdica en su segunda mitad centrando la acción en un bosque que nos remite al cine de Naomi Kawase. Afortunadamente, esta cinta también fue adquirida para su distribución comercial.

Por último, en competencia argentina, tres Films que en su diversidad conformaron un atractivo cuadro: Andrés no quiere Dormir la Siesta, ópera prima de Daniel Bustamante, que transcurre en la provincia de Santa fe en el año 1977 durante los años de plomo y la represión vivida focalizándose en Andrés que a raíz de la desaparición de su madre debe ir a vivir a la casa de su abuela, excelente Norma Aelandro.

El documental Chapadmalal de Alejandro Montiel quien se instaló en la citada localidad para seguir de cerca las vacaciones de dos grupos de jubilados del PAMI quienes desgranan parte de sus emotivas historias de vida frente a cámara.

Y el film El Perseguidor de Víctor Cruz que nos embarca en un intenso retrato de climas y tensión narrativa con un montaje que memora a El Asaltante de Pablo Fendrik, en torno a un matrimonio en crisis quien afronta una desgraciada circunstancia durante una corta estadía en el Delta.

Habiendo sido el festival más modesto en cuanto a despliegue (fueron anuladas tanto la gala de apertura como la de clausura, y no hubo figuras internacionales que acompañaran sus films salvo la presencia del director Javier Fesser quien vino a presentar su retrospectiva) el punto más alto de esta edición lo constituyó el material exhibido.

Publicado en Leedor el 22-11-2009